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Opinión

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El pollo en México

De la carne que consumimos -65 kg anuales por habitante- casi la mitad es de pollo. Éste se ha convertido en parte destacada de la dieta mexicana por varias razones: es más barato, goza de percepción muy favorable como alimento sano y seguro, es versátil en su preparación y hace un gran aporte al menú familiar.

En México, las importaciones constituyen aproximadamente 18% del consumo nacional aparente. La mitad de estas importaciones la componen piernas y muslos, piezas con poco valor en Estados Unidos y que aquí se destinan a consumo popular a bajo precio; otra parte importante de las importaciones es la pasta de pollo, que se usa en la industria de embutidos.

El pollo se importa casi exclusivamente de Estados Unidos y Chile, países con los que se tienen acuerdos de libre comercio (Canadá excluyó la parte avícola de su participación en el TLCAN).

Al respecto, es posible citar dos características por las que la producción nacional de pollo sigue dominando el mercado local:

1. Más de la mitad del mercado es de pollo fresco, sin refrigerar, por lo que depende de una distribución muy ágil, imposible para las importaciones.

2. Algunas empresas en México han desarrollado productos procesados competitivos, para segmentos de alto nivel adquisitivo, restaurantes y el mercado institucional.

Sin embargo, el dominio de las empresas nacionales en nuestro mercado no está exento de amenazas, como la posibilidad de brotes epidémicos o alguna decisión de política alimentaria de algún país importador que genere una acumulación imprevista de excedentes.

Para consolidar el futuro de la avicultura de carne mexicana, se propone mejorar en algunos aspectos fundamentales:

• Nivel sanitario y bioseguridad. Si bien ha mejorado bastante, la productividad en México es aún inferior a los estándares mundiales reconocidos, en parte debido a enfermedades infecciosas que no tienen o están mejor controladas en países líderes. La resistencia contra enfermedades emergentes es también esencial.

• Costo de producción. Pueden recortarse costos mejorando instalaciones, calidad de los insumos y de la mano de obra, aunque existen condiciones estructurales que aumentan el costo en las que poco se puede hacer.

Así, si se logra mejorar en estos aspectos, es posible que en el mediano plazo no sólo se alcance 100% de la provisión del mercado interno, sino que incluso se podría llegar a participar de manera importante en el mercado mundial.

*Luis Fernando Iruegas Evaristo es Especialista de la Dirección de Análisis Económico y Consultoría en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. lfiruegas@fira.gob.mx

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