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El pendejo que aceptó ser candidato
Buscamos al senador Ernesto Ruffo Appel para hablar de federalismo horas antes de que se realizara el seminario Encuentro por la federación y la Unidad Nacional , efectuado este martes 30 de septiembre en lo que ahora se llama Patio del federalismo del Senado.
Y es que al legislador le tocó ser presidente municipal surgido del PAN en tiempos del duro gobernador de Baja California, Xicoténcatl Leyva Montera y gobernador (el primero surgido de la oposición al PRI) en tiempos del presidente Carlos Salinas de Gortari.
Asegura que fue más difícil ser gobernador en tiempos de un Presidente priista que presidente municipal en tiempos de un gobernador priista.
Nos dijo que 1986 cuando ganó la presidencia municipal de Ensenada, ni los panistas creían que lograría el triunfo.
Cuenta que el día que aceptó ser candidato a alcalde, había varios amigos, empresarios y gente del PAN en su casa. Luego de hacerles saber que sí aceptaría el reto. Le pidieron que de inmediato, se fueran al local del PAN para hacer el papeleo y no perder más tiempo. Dice que la noticia corrió rápido y en el camino tuvo que andar como reina de la primavera saludando a los simpatizantes desde el automóvil. En eso estaba cuando escuchó que atrás del auto, el entonces líder estatal panista, don Ramón Galindo González , como todavía se refiere a él, hablaba por uno de esos celulares que parecían tabiques con alguien a quien le dijo ya aceptó el pendejo .
Lo cierto es que él tampoco pensaba que ganaría. Incluso, cuando en lo que ahora llamarían cuarto de guerra de su campaña se confirmó que había triunfado, él mismo lo primero que dijo es y ahora qué hacemos y fue hasta ese momento cuando se puso a pensar quién serían sus funcionarios en el ayuntamiento.
Además no había pensado ni en el sueldo. Dice que en ese tiempo como director general de pesquería Zapata, en Ensenada ganaba unos 6,500 dólares y como alcalde el sueldo era de como de 900. Incluso para convencerlo dos regidores le ofrecieron que ellos le cederían su dieta con tal de que no fuera a abandonar el barco.
Ya como presidente municipal electo, fue a buscar al gobernador Leyva Montera. Cuando lo recibió en su oficina lo primero que le soltó fue un cómo le va joven Ruffo , al tiempo que sacaba de la cintura la pistola .45 que cargaba y la puso en la mesa, en medio de los dos. El panista sólo atinó a decir que lo único que quería era entregarle la invitación a su toma de protesta y se fue.
Ya en funciones el gobernador le echó a andar a los trabajadores del servicio de limpia y se fueron a huelga. Al ver que las calles estaban llenas de basura lo que hizo fue agarrar un camión y bolsas de basura, de esas negras y juntarla. Dice que varias amas de casa hasta propina le dieron porque lo confundieron con trabajador de limpia.
Lo interesante fue que al ir a descargar los carros descubrió que quienes las recibían pagaban por la basura y a buen precio. Eso motivó a que los huelguistas, al ver que estaba enterándome de demasiadas cosas dijeron mejor regresamos y regrésanos nuestros carros y la chamba .
Cosas como esa permitieron, como se dice ahora, mostrar el músculo político frente al gobernador que nuevamente lo llamó a su oficina. Esta vez ya no le enseñó la pistola y entonces lo recibió con un señor Ruffo .
Además, poco después el presidente Salinas hizo que renunciara Leyva, pues no le perdonó que en tiempos previos al destapé apoyara a Manuel Bartlett de quien, dicen, ya había mandado hacer propaganda antes de conocer quien sería el bueno .
De la relación con Salinas recuerda que el miércoles siguiente a la jornada electoral estaba en un podio esperando pronunciar un discurso cuando una señora que estaba cerca del estrado le jaló el pantalón para decirle que el entonces líder nacional del PRI, Luis Donaldo Colosio había dicho que las tendencias de los resultados no les favorecían.
Nos dijo que el presidente Salinas le habló para felicitarlo y lo invitó a Los Pinos con la condición que lo invitara a su toma de protesta. Así ocurrió. Estaba nervioso por la forma en que los bajacalifornianos tratarían esa vez al presidente, pero como aquel respetó su voluntad hasta le aplaudieron.
Luego llegó fuerte el Pronasol a Baja Califiornia y competía avasallador con el programa estatal Manos a la obra. La fórmula para contener la embestida fue lograr que los comités vecinales fueran electos en asambleas populares y los ruffistas se quedaron con ellos.
El ahora senador le da risa cuando cuenta esos pedazos de su historia pero señala que no todo fue tan fácil como cuando ganó Ensenada con todo y la incredulidad de su propio líder partidista.