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El liderazgo de Obama
Levedad, en el vórtice del caos .
D. Bonhoff, Die Wahrheit.
El liderazgo, no el de mera fachada, implica fuerza de convocatoria. Convocar es mejor expresión que tener liderazgo . Se convoca a emprender una obra, a realizar una tarea, a superar un riesgo. Se convoca desde el suelo que sostienen los dos pies para adelantar un paso, se convoca en medio de la tempestad para que cada quien haga en su puesto destinal lo que tiene que hacer. A veces ni siquiera se oye la voz, sólo se ve y se siente que alguien adelanta mirada y cuerpo.
Nadie puede negar que Barack Obama llegó a la Presidencia de Estados Unidos por su fuerza de convocatoria. Un acontecimiento cada vez más inusual en la mundialización. ¿Se puede mencionar a algún otro? Arrojado desde orillas desconocidas, bracea a mar abierto. Demócrata, progresista, de origen étnico y padre musulmán, aunque él mismo sea cristiano.
Ahora, frente a la crisis de la deuda estadounidense, estas vertientes se fusionan, estallan y retoman energía. Sus críticos más feroces lo acusan de todo y de cualquier cosa: si conduce a Estados Unidos al socialismo, si es musulmán, si no tiene experiencia de gobierno... sin embargo, el hecho incuestionable está ahí: su convocatoria.
Como lo dijo algún comentarista cuyo nombre olvido: Esté en donde esté, Obama agrega seriedad y peso a la situación . Esto remite a la política. Por eso, uno no puede sino estar de acuerdo con el Editorial de The New York Times del 6 de agosto pasado: La crisis económica de Estados Unidos tiene claras raíces políticas . Y se puede agregar: se trata de la política en la globalización, de la política mundializada. Y, todavía, si eso se puede decir: lo que está en juego es la creación de otros mundos.
Otros mundos: el del empleo que no se reduce a la cuestión del déficit; el de la creatividad para las nuevas generaciones, cuando en Estados Unidos se habla ya de la década de los niños perdidos ; el del tener lugar o no tener lugar frente a la migración mundial; los desplazados por los conflictos regionales; los niños somalíes que mueren de hambre o la violencia que atraviesa fronteras y también pasa por las calles de las principales ciudades de la Gran Bretaña. Se quiera o no, se admita o no, la realidad está ahí: Estados Unidos, inquietado por esos torbellinos. ¿Se alzará la nueva convocatoria?