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Opinión

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El junior de la basura

Esto no pretende ser un perfil psicológico del reprobado y libidinoso (ex) dirigente priísta Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre. El autor de este escrito no tiene los conocimientos suficientes para hacerlo. Sin embargo, basado en una premisa freudiana que a la letra dice: infancia es destino , y con la ayuda de una entrevista en la que el hijo del que fuera llamado Rey de la Basura comentó hechos de su infancia y puso de relieve aspectos de su personalidad, además de testimonios sobre asuntos familiares publicados en distintas épocas y en diferentes medios, trataré de dilucidar algunas de sus posibles motivaciones.

Comenzaré con una entrevista publicada en El Universal el pasado 2 de marzo y realizada por la reportera Nayeli Cortés, quien entrevistó al, entonces, todavía líder del PRI capitalino. Nayeli comenzó su reportaje transcribiendo un letrero que llamó su atención, empotrado en la pared de la entrada de la casa de Cuauhtémoc, donde puede leerse: Bienvenidos a su pobre casa, que ni es pobre ni es su casa . La frase me crea una duda: no sé si denota humor o denota cinismo.

Al hablar de su infancia Gutiérrez de la Torre le revela a la reportera haber sido muy guerroso , motivo por el cual su padre lo castigaba a base de cinturonazos.

Su padre, Rafael Gutiérrez Moreno, llamado El Rey o El Zar de la Basura, construyó su imperio justamente con lo que la sociedad rechaza: sus deshechos.

Cuando Cuauhtémoc nació en 1968 su padre vivía el apogeo de su cacicazgo. Controlaba los depósitos de basura de Santa Cruz Meyehualco, Santa Fe (luego trasladados a Prados de la Montaña), el Cerro de la Estrella, Santa Catarina, Xochiaca y Bordo Poniente. Amo y señor de los tiraderos a cielo abierto, dueño del mundo de la recolección, pepena, venta y reciclamiento de la basura de la Ciudad de México. Fundador y máximo líder de la Unión Nacional de Pepenadores, controlaba a los barrenderos, choferes de los camiones de basura, macheteros y líderes de los demás tiraderos. Amado y odiado, respetado y temido. Anárquico, violento, pero inserto perfectamente como una pieza indispensable del rompecabezas político de la ciudad , escribió Héctor Castillo Berthier, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, quien aportó el dato de que en el año de su muerte (1987) ganaba 78 millones de pesos diarios. Según Samuel Máynez Puente escribió el cacique dejó una fortuna de 11,000 millones de pesos a 27 herederos, entre los cuales se encontraba Cuauhtémoc, hijo de su matrimonio original.

El Zar murió asesinado por una de sus mujeres. José Comas, corresponsal del diario español El País, lo describió así: Ex diputado del Partido Revolucionario Institucional (PRI) e inmensamente rico (...) líder pepenador que sobornaba funcionarios, expulso a los campesinos para edificar una residencia de cuento de hadas en dos kilómetros cuadrados de terreno. Se puso brillantes en los tres dientes del frente, violaba a cuanta mujer encontró a su paso y según Martha, la mujer que lo mandó matar, declaró: ‘Abusó de mi madre, de mis sobrinas, de las mujeres de mi familia y, siempre cínico, contaba los hijos que tenía y ya iba en 56. Con él tuve cinco y quería llegar a 180’. Según la concubina, ‘todos planeamos la muerte de Rafael. Las dificultades eran muchas y constantes con los pepenadores a quienes, bajo amenaza de muerte, de golpearlos y correrlos de los basureros, les exigía que le regalaran a sus hijas. Era un degenerado. Estaba loco y era un enfermo sexual’ .

Invito a los lectores a reflexionar sobre el paradigma paterno que tuvo Cuauhtémoc Gutiérrez. También me pregunto: ¿cómo influyó en su autoestima el maltrato –cinturonazos- por parte de su padre? Probablemente la presencia de éste haya sido eventual y violenta. De ahí surge el machismo exacerbado que matizará toda su vida de adulto. De ahí el agandalle y las formas brutales, porriles de ejercer la política.

A su circunstancia familiar habrá que agregarle el aspecto físico del niño y del joven Gutiérrez de la Torre. Aspecto que se prestaría al bullying si no fuera porque el simpático Cuau, de abdomen prominente, siempre llevaba mucha lana para comprar toda clase de golosinas en los recreos para él y sus amiguitos que, por supuesto, no se atrevían a hacerle burla. Ya en la adolescencia traer dinero le permitía comprar voluntades y puños de los más bravos del grupo.

¿Y qué con las mujeres? Billete mata carita y verbo. Sé que no te gusto y estoy panzón pero traigo dinero, tengo poder. No te seduzco. No te conquisto. Te compro.

Oí por ahí

Un matrimonio va entrando al restaurante del club al que pertenece. Se encuentran a un grupo de amigos. Uno de ellos se dirige al marido: Hola, Pepe, ¿cómo estás? Mal, muy mal –contesta el marido-. El médico me ha dado sólo tres meses de vida. Tengo sida. Los amigos se van entristecidos. Pepe grita para que todos en el lugar se enteren: ¡Tengo sida y me quedan tres meses de vida! Todos guardan silencio. La mujer de Pepe le dice a éste en voz baja: ¿Por qué les dices a todos que tienes sida, tú lo que tienes es cáncer en los pulmones? Mira –razona Pepe-, yo me voy a morir igual, pero a ti ninguno de estos cabrones te va a hacer el amor.

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