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Opinión

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El Gas del Bienestar

La semana pasada, el presidente Andrés Manuel López Obrador, insistió en la creación de una empresa para distribuir gas, en la Ciudad de México primeramente y luego en el resto del país. Como cualquier cosa se le hace fácil al presidente, dijo que con ello se podría bajar el precio que controlan 9 empresas gaseras del país y que abusan en el cobro del gas distribuido en cilindros por todas las ciudades y pueblos de la nación.

Si el presidente conociera el sector se hubiera refrenado de proponer dicha idea, pero en esta como en otras materias el presidente sabe poco. Para empezar el presidente no sabe que distribuir gas requiere de inversiones millonarias. No son los camiones y los cilindros, sino la capacitación a repartidores y choferes, los gastos administrativos, pues llevar gas hasta el último rincón de un pueblo requiere gasolina y conocimiento del lugar en donde se va a repartir (como decimos, aunque en realidad se vende). Requiere de rutas, cálculos estacionales, para poder tocar otros lugares de una zona, seguridad para el manejo de efectivo y espacios físicos para hacer la recarga de cilindros y ya sea cilindros industriales o una conexión a un gasoducto para estar llenando los depósitos en los que se guardará el gas antes de rellenar los cilindros.

Luego siguió insistiendo en que también distribuiría gas para tanques estacionarios y gas natural. Lo mismo que para los cilindros, aplica para los tanques estacionarios y peor porque hay que revisar instalaciones y mantener un contrato vigente con la persona a la que se le surte. Lo que si es imposible y ahí vuelve a mostrar su desconocimiento es que el gas natural es muy difícil de envasar, por no decir que casi imposible y requiere del uso de una enorme infraestructura de tubos que deben pasar por todas las casas en donde el gas natural habrá de surtirse. Es todo un reto tecnológico, físico y de inversión.

Todo esto insistió durante la semana pasada, con el objetivo de vender a través de Pemex un gas más barato. Y comienza en la Ciudad de México porque es donde ha perdido una gran cantidad de clientela electoral y considera esta una buena manera de rehacerla.

Las opiniones de expertos no se han hecho esperar. Han advertido lo que yo menciono párrafos arriba, pero han dicho algunas cosas más. Primero que el costo financiero para Pemex de vender a precio controlado el gas puede empeorar aun más sus finanzas y darle un golpe enorme a la paraestatal. Seguidamente, se ha advertido sobre costos y dificultades. Pero lo peor es que bastaría con dos o tres medidas alternativas para bajar el precio. Una es que se abrieran licitaciones para incorporar más empresas a la competencia, como ha sugerido la Cofece en dos estudios realizados en el sexenio pasado y en este. Otra opción sería abrir miles de puntos de venta de cilindros, como las tiendas de conveniencia y los supermercados y por último que las personas recurrieran a la empresa que tenga el mejor precio y no esté atada a su distribuidor habitual qué pasa por su calle.

La idea del gas del bienestar, no necesita de una empresa creada por el gobierno, requiere de imaginación, utilización de los mecanismos de mercado y de la ley, nada menos, pero nada más también.

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Ensayista e interesado en temas legales y de justicia. actualmente profesor de la facultad de derecho de la UNAM.

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