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Opinión

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El Banco Central Europeo, manos a la obra

La semana pasada, el Banco Central Europeo (BCE) recortó la tasa de referencia en un cuarto de punto para llevarla a 0.75 por ciento. La decisión fue relativamente sorprendente, ya que la mayoría de los analistas no anticipaba el recorte hasta diciembre, si acaso.

Adicionalmente, el lenguaje utilizado por el BCE fue interpretado por varios observadores, como una señal de que este recorte podría ser seguido por reducciones adicionales en la tasa de referencia y que la tasa se mantendría en niveles bajos por un período prolongado.

Como hemos mencionado varias ocasiones en este espacio, existe una percepción generalizada de que las autoridades europeas no han hecho lo suficiente para estimular el crecimiento económico e impulsar la recuperación de empleo.

A diferencia de Estados Unidos, donde la Reserva Federal (Fed) está usando el arsenal completo de herramientas de política monetaria tradicional y no tradicional para impulsar el crecimiento, el BCE ha jugado un papel más ortodoxo -tímido, dirían algunos.

Sin embargo, debemos recordar que, a diferencia de la Fed -que tiene un mandato dual para procurar la estabilidad de precios y el pleno empleo-, el BCE tiene como mandato único la estabilidad de precios. No obstante, una postura más agresiva del BCE se había vuelto casi obligada, dado el contexto actual de la dinámica de precios y las expectativas de inflación en Europa.

Aunque la región ha salido de la recesión desde el punto de vista técnico, el riesgo de deflación se ha hecho más pronunciado en los últimos meses. La inflación se encuentra en 0.7%, muy por debajo del objetivo de 2%; mientras la inflación esperada para el 2014 y 2015 se ubica en 0.9 y 1.2%, respectivamente. El mismo Mario Draghi, director del BCE, admitió que la inflación se mantendrá en niveles bajos durante un período prolongado.

La reciente decisión de bajar tasas y dejar la puerta abierta a nuevas reducciones parece indicar que el BCE ha reconocido que no puede darse el lujo de cometer los mismos errores de política monetaria que sufrió Japón, los cuales llevaron a ese país a una década perdida de crecimiento.

Debemos recordar que en el 2011 el BCE decidió subir las tasas de interés, tal como lo hizo el Banco de Japón en 1989, lo cual ahora se ve claramente como un error de política monetaria provocado por el incremento temporal en los precios de varios commodities en ese momento; lo que al final resultó ser una recuperación falsa en la actividad económica.

La ruta europea hacia la recuperación apenas comienza y las autoridades europeas -incluyendo al BCE- jugarán un papel determinante. Si la entidad juega un papel más agresivo y contribuye a un entorno de mayor debilidad en el euro -lo cual mejorará la competitividad de las exportaciones de la eurozona y servirá para combatir la deflación-, Europa podría evitar una década perdida.

A pesar de la aversión natural de los alemanes a la inflación -por moderada que ésta sea-, las autoridades europeas deben saber que es más fácil recorrer el camino conocido de reducir los déficit fiscales con la ayuda de la inflación, que virar por el camino incierto de la deflación.

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