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Opinión

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Donde dije digo, digo Diego

A pesar del frío y la contagiosa hueva decembrina que inunda el ambiente, el lunes me levanté temprano para afrontar la tarea de cumplir con la entrega que usted amable lector lee. Desde el día anterior domingo había yo vislumbrado la posibilidad de continuar con la costumbre que inauguré el año pasado de hacer una pastorela de sátira política. Inclusive ya había yo escrito algunos versitos de la misma que no resisto la tentación de transcribir para que el lector constate que no le miento.

Se trata de dos momentos, dialogados y acotados teatralmente, de la susodicha pastorela. El primero es cuando los pastores otean en el horizonte en busca de la estrella que los conducirá donde se encuentra el Niño Dios:

Bartolo: No miro ninguna estrella/ cielo y tierra están oscuros/ tomemos de la botella/ aunque hagamos desfiguros.

Bato: Salud, por la inspiración/ no lo dejemos pa luego./ (Se escucha un mega estallido) ¿Escucharon la explosión/ ¿y ya vieron aquel fuego?

Entra Gila agitada y asustada.

Gila: ¡A correr como tamemes!/ ¿Saben por qué la boruca?/ Explotó un ducto de Pemex/ en San Martín Texmelucan.

Bato: Fue culpa de los ladrones/ a los que hago esta seña/ (Hace caracolitos) Pinches, ojetes, cabrones/ al país no se le ordeña/.

La otra situación es cuando los pastores que marchan inseguros y con miedo no sea que se les atraviese un retén para adorar al Niño Jesús, se encuentran con uno de los diablos que dizque los gobiernan quien les da un consejo:

Diablake Mora: Sacúdanse ya la apatía/ y el miedo tan acendrado/ denuncien sin anarquía/ al crimen organizado/.

Bartolo: Por denunciar esta muerta/ la seño doña Marisela/ allá usted y su reyerta/ salga de esta pastorela/.

En esas estaba, elucubrando mi irrepresentable sátira política, cuando mi mujer me entera que en la televisión Joaquín López-Dóriga daba la noticia, largamente esperada, del regreso a la libertad del licenciado Diego Fernández de Cevallos. Prendí mi aparato receptor y alcancé a oír a Joaquín: El ex senador se encuentra bien de salud, aunque débil, y ya está en su casa . Por controvertido que sea El Jefe Diego, a nadie, que tenga un mínimo de amor al prójimo, le debe ser ajena esta buena noticia.

Por mi parte, confieso que sentí alegría por su liberación. Más aún, quedé admirado de su presencia de ánimo al escuchar sus primeras declaraciones. El hecho será ampliamente comentado y difundido en los periódicos de hoy. Yo prefiero, el resto del día, dedicarlo a escuchar las noticias al respecto y me voy a permitir reproducir aquí algo de lo que publiqué el pasado 18 de mayo cuando todavía no se sabía con seguridad si don Diego había sido víctima de un secuestro y las informaciones sobre el caso eran especulativas y confusas. Esto escribí: El único deseo de quien pergeña estas líneas es, antes que nada, que el abogado esté vivo y que muy pronto regrese al lado de sus familiares y amigos. Con este ánimo y en vista de lo revuelto que está el río de declaraciones, deducciones y teorías sobre su desaparición, con todo respeto y un poco de humor me atreveré a escribir algunas interpretaciones de los motivos de su ausencia.

Salió a comprar cigarros

Sólo que en su caso no son cigarrillos, sino puros de los llamados habanos. Es de suponer dada su alcurnia y buena posición económica que el licenciado Fernández no fuma cualquier marca de puros. Asumo que es diletante de los famosos vegueros Robaina, puros hechos de una sola hoja de finísimo tabaco, retorcidos a mano por su creador Alejandro Robaina. Me imagino que mensualmente le debe de llegar un cargamento de tales joyas artesanales de Cuba o mejor dicho le llegaban porque tal vez el lector no lo sabe, pero yo se lo informo: el famoso Alejandro Robaina falleció el pasado 17 de abril en Pinar del Río. Es probable que por este motivo a nuestro personaje no le haya llegado la última preciada carga. Acostumbrado a traer consigo siempre su dotación no reparo en su carencia hasta que llegó a su rancho el viernes por la noche. Como todo adicto a cualquier sustancia, en este caso la nicotina, sabe, el hábito y la necesidad de satisfacerlo son tan fuertes que uno es capaz de dejarlo todo para buscar el elemento de su vicio. Al percatarse de la carencia de la sustancia de su adicción, el eminente penalista abandonó su camioneta, caminó hasta sus terrenos cercanos al aeropuerto y ahí fletó un avión para ir en busca de sus apreciados puros. Tip para los que lo buscan: Dénse una vueltecita por San Luis, Pinar del Río, Cuba, tal vez ahí encuentren a don Diego tratando de conseguir aunque sea una bacha de un Robaina.

Se le pasó la afeitada

Es tal el congestionamiento de tránsito que se forma los viernes al anochecer en la salida de la ciudad de México hacia Querétaro que aburrido en su camioneta a vuelta de rueda, El Jefe se vio al espejo y se dijo a sí mismo: Eso de que barbas tienes y con ellas te entretienes, no deja de ser una frase engaña bobos. A mí ya no me entretienen las extensiones capilares que luzco en la cara. Además ya ni siquiera usar barba es algo original. Hasta Fernández Noroña trae barba. De tal suerte que me las voy a afeitar . Y aprovechando lo lento de la circulación y las tijeras que traía consigo comenzó a trasquilarse la pelambrera. Como los automóviles no avanzaban dejó su vehículo por un momento para comprar un rastrillo y crema de rasurar en una tienda de conveniencia. El desplazamiento vehicular era tan lento que antes de llegar a la autopista le alcanzó el tiempo para terminar su propósito. Al llegar al rancho y abrir la puerta de su camioneta se encendió la luz interior de ésta, nuestro hombre se vio al espejo y pensó: He cometido un error más grande que el cometido por Zedillo en diciembre del 94. Sin barbas no soy yo. Soy un espectro de mí mismo . Sin cerrar la camioneta huyó. Mi tesis es que debe estar escondido en cualquiera de los seis ranchos que tiene en aquella región en espera de que le crezca la barba.

Abducción extraterrestre

Ésta es la más chafa de mis teorías, pero insistiré en ella mientras alguien no me demuestre lo contrario o don Diego aparezca (lo que ocurra primero). La madrugada del sábado pasado habitantes de la región que comprende Pedro Escobedo, Querétaro, tuvieron un avistamiento de una nave procedente de Oropéndola, planeta del Sistema Solar Vulcano, donde hubo elecciones hace una semana luz. Las elecciones fueron impugnadas por dos de los tres partidos contendientes. A las autoridades electorales se les cayó el sistema. El candidato ganador Carlear Salt Mines tomó posesión a pesar de las protestas de la oposición. En busca de alguien que pudiera solucionar el problema los asesores del Mandatario oropendolez le recomendaron a don Diego, el único ser del universo, le dijeron, capaz de salvarlo, mediante sus artes y oficios, de tal situación.

Así fue como la nave enviada por Carlear Salt Mines abdujo al Jefe Diego y lo llevó a dicho planeta. Será cuestión de meses luz lo que se tarde el hoy desaparecido en parar

las broncas mediante algunas concertacesiones.

Su labor terminará cuando convenza a los legisladores de la oposición de quemar las boletas electorales. La columna la rematé con una pregunta que venía al caso por el entonces reciente triste suceso de la niña Paulette: ¿ya lo buscaron debajo del colchón?

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