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Ciudadanos y corrupción
La participación ciudadana en el Sistema Nacional Anticorrupción es necesaria.
El preponderante papel de los ciudadanos en el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) podría ser una bomba de tiempo.
El diseño, implementación y evaluación del Sistema será realizado por un cuerpo colegiado de siete personas (Comité Coordinador) presidido por un ciudadano.
Un ciudadano acompañado por representantes de la Auditoría Superior de la Federación, Secretaria de la Función Pública, Fiscalía Anticorrupción (PGR), Tribunal de Justicia Administrativa, INAI, y del Consejo de la Judicatura Federal, será el encargado de coordinar los esfuerzos del gobierno mexicano en el combate a la corrupción. Nótese que el Poder Legislativo no tiene representantes, será por desinterés o porque para ese poder el tema de la corrupción está superado.
Naturalmente en un cuerpo colegiado existe una lógica perversa y dilatada en la toma de decisiones, sume a ello que en este comité no existe una relación de jerarquía, que los participantes trabajan en diferentes instituciones públicas y que no existe supeditación alguna entre dichas instituciones.
El hilo conductor entre dichas instituciones es la atención al grave problema de la corrupción, siendo herramientas fundamentales los informes permanentes del comité, sus facultades de evaluación, el poder de la información del SNA, las recomendaciones no vinculantes y sobre todo el arte de coordinar, para que el ciudadano presidente realice un papel decoroso en el SNA.
El diseño del sistema y el comité parten de un comportamiento acotado por la sana lógica y razón; la institucionalidad y el trabajo en equipo, empero, ¿qué pasará cuando un funcionario federal promueva una investigación o emita informes para un gobierno estatal de un partido diferente? ¿Será posible ponerse de acuerdo bajo este esquema?
Imagine el tamaño del ciudadano que se necesitaría hoy para coordinar con éxito a Arely Gómez, Juan Manuel Portal, Manuel Hallivis Pelayo, Luis María Aguilar y Ximena Puente de la Mora, en cualquiera de sus dos cachuchas, como fiscal o representante del INAI.
Sin lugar a dudas, la participación ciudadana en el SNA es necesaria, atribuirle este tamaño de responsabilidad podría ser un placebo para que nada cambie o una estrategia para justificar desde ahora los traspiés de la lucha anticorrupción.
También es un mecanismo para forjar consensos para vencer al cáncer corruptivo, y es que los mexicanos ya nos dimos cuenta que no podemos ver los efectos de la corrupción desde la ventana de nuestro auto, porque la corrupción y los corruptos están destruyendo México.