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¿Arrestar a Trump lo ayuda o lo perjudica?
Estados Unidos nunca ha juzgado a ningún presidente ni a ningún expresidente. Ni siquiera a Richard Nixon después de su renuncia que fue indultado por varios delitos. Pero ahora Donald Trump enfrenta más investigaciones que cualquier expresidente en la historia. Está bajo el escrutinio de la fiscal de distrito del condado de Fulton, Fani Willis, por tratar de anular la victoria de Biden en 2020 en Georgia, y el Consejo Especial del Departamento de Justicia, Jack Smith, está investigando el manejo de material clasificado por parte de Trump y sus esfuerzos para revertir su derrota electoral.
Pero el de mayor riesgo es el caso que gira en torno al encubrimiento ilegal de un pago de 130 mil dólares realizado por su ex abogado, Michael Cohen, a Stormy Daniels, una estrella de cine para adultos, para silenciar una supuesta relación pasada antes de las elecciones de 2016. Según informes, el fiscal de Manhattan Alvin Bragg, está considerando argumentar que los pagos equivalen a donaciones ilegales de campaña que podrían haber dañado la campaña de Trump.
Si bien Trump ha sobrevivido a décadas de juicios e investigadores pisándole los talones, en medio de años de investigaciones de alto perfil sobre si él o sus asociados se coludieron con Rusia, o su papel en el motín mortal contra el Capitolio, la idea de que Trump sea acusado por los supuestos esfuerzos para encubrir un romance puede parecer, incluso, anticlimática.
Pero más allá de los detalles legales sobre una eventual detención, el debate político gira en torno a la afectación o beneficio que podrían sufrir las intenciones de Trump para buscar un segundo mandato en 2024.
De entrada, la Constitución de los Estados Unidos no enumera la ausencia de antecedentes penales como requisito para la presidencia. Solo dice que los ciudadanos naturales que tienen al menos 35 años y han sido residentes de Estados Unidos durante 14 años pueden postularse para presidente. Los fallos anteriores de la Suprema Corte sostienen que el Congreso no puede agregar calificaciones para buscar la presidencia de los que ya existen. En pocas palabras: un convicto no puede votar desde la cárcel, pero sí puede ser votado, según las leyes estadounidenses. Si es acusado formalmente, Trump seguirá disfrutando de las protecciones constitucionales y la presunción de inocencia antes de cualquier juicio.
Falta casi un año para las primeras contiendas de nominación republicana y es imposible predecir cómo los votantes de las primarias republicanas y el electorado nacional podrían reaccionar ante cualquier acusación contra el expresidente. Lo que es cierto es que una acusación podría perjudicar a su campaña, pero definitivamente no terminaría con las intenciones de buscar la reelección. No hay razón para suponer que una acusación penal cambiará la opinión entre los trumpistas. Trump claramente se benefició de sus dos juicios políticos en el Congreso entre los republicanos y su base ha sido instruida durante años de que el Deep State está decidido a sacarlo de la escena político electoral.
La posible detención de Trump es el tipo de momento que condenaría muchas carreras políticas. Pero Trump siendo Trump es probable que encuentre todo lo contrario: el hecho de ser objeto de una acción legal tan histórica podría proporcionar un impulso de energía, y potencialmente donaciones, a su candidatura presidencial. Ya había sucedido antes.
Cuando fue acusado por primera vez a fines de 2019, su campaña de reelección recaudó millones de dólares. Cuando el FBI ejecutó una orden de allanamiento en su casa de Mar-a-Lago Club en busca de documentos clasificados que guardaba, sus índices de aprobación entre los republicanos aumentaron y un grupo político asociado con él vio un aumento en las donaciones.
Su base y los republicanos pueden permanecer absolutamente fieles a Trump y su campaña puede mantenerse, sin embargo, las distracción de enfrentar una acusación en un juicio podrían representar distractores suficientes como para impedir el funcionamiento normal y necesario de su plataforma. Una vez que comenzara el juicio, presumiblemente tendría que asistir. Podría ser llamado como testigo. El juicio mismo podría interferir con su capacidad para recorrer todo el país. Sin suponer que el expresidente terminaría en la cárcel antes de un juicio, sin duda estaría distraído y muy ocupado con el mismo.
Si, como parece probable, la contienda por la nominación presidencial republicana de 2024 se convierte en una competencia dura y polarizada entre Trump y el gobernador de Florida, Ron DeSantis, la tendencia de los votantes de las primarias republicanas a recompensar a los candidatos que se enfrentan al establishment se intensificará.
Pero una vez pasada la elección primaria, las acusaciones contra Trump, pueden no caer tan bien entre los votantes indecisos de las elecciones generales como sucedió en las pasadas elecciones intermedias. Y si las élites republicanas están preocupadas por la elegibilidad de su candidato de 2024, la trampa de Trump en múltiples investigaciones criminales podría convertirse en una fuente de fortaleza para DeSantis.
Existe una sensación entre algunos votantes de que es hora de dejar atrás el drama y el caos que genera constantemente Trump. Una acusación se sumaría al debate sobre si la personalidad y el atractivo político de Trump están tan dañados que no podría ganar una elección general. Al final del día, Estados Unidos está dividido en dos: los que ven las acusaciones como algo que están dispuestos a hacer para eliminarlo, y los que creen que las acusaciones solo demuestran lo peligroso que es.