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Opinión

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Alzati, el político a quien se le olvidó cómo serlo

Las redes sociales hirvieron con la nota: el director de Televisión Educativa, Fausto Alzati Araiza, en estado de ebriedad, reventó la inauguración de la exposición de la muralista y poetisa, Aurora Reyes, en el vestíbulo de la dependencia a su cargo. El motivo: la lectura del poema Hombre de México -escrito por Aurora Reyes en 1948 a Lázaro Cárdenas- fue considerado por Alzati un ataque en contra del presidente, Enrique Peña Nieto. Se auguraba un trágico viernes 13 para el ahora ex titular de la DGTVE.

Al día siguiente, el sábado 14, Alzati prolongó la vida del incidente. En su cuenta de Twitter tachó Hombre de México como un poema malicioso y perverso que expresa un torpe cuestionamiento a la autoridad vigente .

La despotricada de dos días consecutivos fue un movimiento poco sensato, al grado de elevar en la red a lugar trascendente la mala fama de un personaje que el nuevo PRI resucitó políticamente, luego de un escándalo que le ganara el mote de Falzati, durante el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León.

El control de daños de Alzati se limitó a negar categóricamente las acusaciones proferidas en su contra; el ABC de todo político al verse involucrado en un escándalo. Nada nuevo.

Sin embargo, no deja de ser objeto de suposición si algún otro miembro del gabinete peñista se habría entregado a este tipo de exabruptos institucionalistas y si su reacción habría sido similar a la de Alzati. Es ineludible tener en consideración tal reflexión dada la predominante retórica y acciones de los funcionarios federales -sobre todo aquellos quienes en sus cuentas de Twitter y Facebook han sido objeto de lapidaciones y trolleos justificados y no justificados- la cual ha sido siempre templada, eludiendo el conflicto; al fin y al cabo haciendo política.

Un ejemplo claro y reciente es el tuit del secretario particular de Enrique Peña Nieto, Erwin Lino Zárate, quien publicó una fotografía ofensiva en contra de Honduras. En breve, antes de que se corriera como infección en Internet, Lino Zárate la borró, pidió disculpas y alegó un hackeo. Limitó el alcance de su descuido.

Decir que el historial de funcionarios federales y locales castigados recientemente debido a muestras de prepotencia -¿alguien dijo Humberto Benítez o Lady Panteones?- debieron haberle servido como ejemplo a Alzati resulta fútil considerando su ímpetu protagónico.

No obstante, en todo caso, y ya inmersos en el juego de las suposiciones, quizás habría sido mejor que Alzati jugara al juego de la política; que aludiera su exabrupto a una confusión provocada por un ligero exceso de copas y se disculpara. De haberlo hecho, quizás hoy todavía tendría trabajo.

Aún así, Alzati se las arregló para reaparecer como el tipo de funcionario que no debe existir y revivir la controversia acerca de su falso doctorado.

La lección de todo esto es que si existe la idea dentro de la clase política que los pecados del pasado se quedan en el pasado, es momento de romper el paradigma y entender que la sociedad y los gobiernos pueden olvidar; el Internet no.

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