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Opinión

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Alimentación y salud mental

El 10 de octubre se conmemoró el Día Mundial de la Salud Mental, una iniciativa de la Federación Mundial de la Salud Mental apoyada por la Organización Mundial de la Salud. Las enfermedades mentales, han sido denominadas como el mal del siglo XXI.

Hasta hace no muchos años, tener depresión era considerado un tabú social y además, estas enfermedades estaban cargadas de mitos, como el hecho de que con fuerza de voluntad y “echándole ganas” se puede salir de ellas. La salud mental es ante todo, el resultado de una complejidad de factores genéticos y ambientales que se superponen, y por lo tanto, también su tratamiento requiere de equipos multidisciplinarios con intervenciones conductuales multidisciplinarias. Históricamente, las enfermedades mentales y el tema de la salud mental han sido relegados a un segundo plano en relación a la importancia que se les da a las enfermedades “físicas”, e incluso, muchas veces eran asociadas a lo paranormal. Tradicionalmente el estudio de cualquier campo disciplinar hace que la realidad sea estudiada en términos parciales, lo que  ha hecho que la división mente / cuerpo sea obsoleta para poder comprender estas enfermedades e intervenir de manera eficaz.

En este tenor, se sabe que la alimentación juega un eje central en el tratamiento de estos males. Un campo emergente dentro del área de investigación es la nutrición psiquiátrica, en la que se ha puesto especial atención en la manera en la que los nutrimentos afectan las actividades neurológicas, por ejemplo, la producción o la inhibición de los neurotransmisores, las sustancias responsables de nuestros diferentes estados de ánimo.

Es un hecho aceptado que una alimentación adecuada, puede resultar la diferencia entre sentirse más bajo de ánimos (que no necesariamente significa depresión), a sentirse más “ligero” anímicamente. Sin embargo, también sabemos que ciertos estados emocionales conducen a ciertas conductas alimentarias que pueden ser perjudiciales, y paradójicamente, abonan más a ese estado de ánimo indeseable. De tal manera por ejemplo, que una desregulación del apetito, ya sea por exceso o carencia, puede ser un síntoma de un tema de salud mental. Se ha estudiado también que en algunas situaciones de estrés, el cuerpo tiene una preferencia por alimentos cargados en azúcares y/o grasas. Estos alimentos, pueden provocar diferentes reacciones en el organismo que no ayudan a la mejora del estado de ánimo, desde picos de insulina, hasta estrés oxidativo. Entonces las personas entran en un ciclo vicioso, del que es muy difícil salir si no se establecen intervenciones conductuales con tratamiento psiquiátrico para poder tener mejor calidad de vida.

Sin embargo, el tema de la salud mental es un tema también de desigualdad. Desde el alto costo de los medicamentos psiquiátricos, pasando por el acceso a alimentos más sanos y la existencia de factores sociales que promueven condiciones adversas. En el mundo los trastornos depresivos y de ansiedad son 50% más comunes en mujeres que en hombres durante el curso de vida, en gran parte porque también a nivel mundial las mujeres están socioeconómicamente en desventaja en relación a los hombres y son más proclives a estar expuestas a violencia sexual. Atrás quedaron las interpretaciones históricas sobre la histeria en mujeres, simplemente, dando mayor enfoque investigativo a las condiciones que hacen la diferencia en estos trastornos. A la par de la profundización en la investigación de la nutrición psiquiátrica, se necesita también desmenuzar las condiciones sociales que perjudican la salud mental.

 

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Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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