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Hacia el 4° año de la NEM

OpiniónEl Economista

El 31 de agosto de 2026 regresaron a las aulas más de 23 millones de niñas, niños y adolescentes. El ciclo escolar 2026-2027 marcará el cuarto año de implementación de la Nueva Escuela Mexicana (NEM). Frente a ello, es precisoreflexionar sobre el grado de apropiación que los docentes han alcanzado con respecto a la reforma de la NEM, pero sobre todo, preguntarnos si los estudiantes están aprendiendo mejor.

Unas primeras preguntas para la autoridad educativa,simples en su enunciación pero complejas en sus posiblesrespuestas, son:  ¿cómo va la NEM con datos duros?, ¿qué mecanismos de revisión o evaluación existen?, ¿cuál es lainformación actual sobre los cambios prometidos?

Las respuestas a estos cuestionamientos tendrían que estar respaldadas por procesos de recogida de información confiables y técnicamente defendibles, y, a su vez, desecharlos posicionamientos discursivos que políticos y autoridades utilizan para legitimar sus proyectos e intereses.

De hecho, una de las finalidades de la educación es formar ciudadanía crítica, más escéptica que crédula frente a las afirmaciones triunfalistas o propagandísticas que con frecuencia se escuchan desde espacios oficiales, por ejemplo, la mañanera.

A estas alturas ya tendríamos que contar con evidencia documentada sobre si la propuesta “humanista, crítica y transformadora”, declarada en los propósitos centrales de la NEM, avanza en las escuelas. Sería deseable también conocer el nivel de implementación de la metodología por proyectos, con especial atención a sus niveles de exigencia cognitiva, así como el uso de los libros de texto gratuitos y la respuesta operativa de los docentes ante la ausencia de libros de matemáticas y de lectura.

Asímismo, lo necesario para este cuarto año de la NEM sería contar con indicadores que permitieran conocer los aprendizajes logrados, una de las tareas sustantivas de la escuela. Tras la desaparición del INEE, el Ejecutivo sostuvo que Mejoredu asumiría la política nacional de evaluación de los aprendizajes; posteriormente, al desaparecer Mejoredu, la propia Secretaría de Educación Pública afirmó que asumiría esa función. De esto último, hasta ahora, no tenemos una política clara de evaluación educativa de los aprendizajes.

Es preciso reconocer que durante estos tres años de la NEM, el discurso de funcionarios y gobernantes ha penetrado en las escuelas, sus principales términos técnicos (codiseño, programa analítico, contextualización, ejes articuladores, aprendizaje basado en proyectos, entre otros) han logrado incorporarse al vocabulario docente. Sin embargo, su presencia en el lenguaje escolar no es evidencia de que se hayan producido los cambios y transformaciones prometidos.

Con la NEM sucede lo que Larry Cuban, profesor de Stanford, advierte como un problema recurrente de las reformas educativas: a fuerza de repetirse, el discurso de la reforma (policy talk) puede instalarse con éxito sin que ello signifique que las prácticas de aula hayan cambiado y, mucho menos, mejorado.

La pregunta que corresponde plantear a la SEP es qué tan amplia es la brecha entre el discurso enunciado y lo que efectivamente ocurre en las escuelas. En términos de aprendizaje, habría que preguntarle cuánto del currículo prescrito por decreto se convierte en currículo vivido en las aulas y, más importante aún, qué parte de ese currículo llega realmente a traducirse en conocimiento adquirido.

Al final, el aprendizaje de los estudiantes tendría que ser la medida decisiva: ahí se juega el éxito o el fracaso de cualquier reforma educativa.

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