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¿Y Dios, qué opina?
No puedo empezar mi colaboración de hoy sin antes hacer una fe de erratas de la entrega del jueves pasado. Para ejemplificar el plan piloto creado por esta columna: Pobre por un día elegimos un funcionario de primer nivel, un secretario de Estado poco conocido, la designación recayó sobre el de Economía al que llamamos Gilberto Ruiz Mateos, imperdonable error, su nombre es Gerardo. Un mordaz lector nos escribió: Es tan poco conocido que algunos escriben Gilberto en lugar de Gerardo . Una disculpa a los lectores y también al señor Secretario. Cometimos otro error en el mismo tema. La estación del Metro de donde parte el personaje a su aventura de ser pobre por un día, en la que lo recogerán sus empleados chofer y escoltas- 14 horas después, fue la estación El Rosario , sin embargo, cuando el funcionario ya venía de regreso escribimos que su destino era Indios Verdes, con lo que le ahorramos un trasbordo y varias estaciones.
Este error es comprensible. Hay un fenómeno en el escritor llamado empatía, debido a él, el creador de un personaje sufre en carne propia las peripecias que le ocurren a éste. Sin duda, ya te urgía depositar de don Gilberto, es decir a don Gerardo, en su zona de confort para dejarlo de sufrir la pesadilla de ser pobre.
Mensaje al cardenal Rivera Carrera
Eminentísimo y Excelentísimo Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México.
Monseñor:
Permítame expresarle que su servidor es fanático del antifanatismo. Con este oxímoron pretendo decir que con firmeza lucho contra aquellos que defienden con tenacidad desmedida una creencia o una opinión política o religiosa. No tolero la intolerancia. Respeto las ideas o creencias de los demás aunque éstas sean distintas a las mías y pido reciprocidad para mi pensamiento.
Entiendo que nadie puede declararse dueño de la verdad absoluta. Existe una frase que es una regla de oro para convivir en paz con los demás: No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo .
La frase se le atribuye a Francois-Marie Arouet a quienes sus cuates pocos- llamaron Voltaire, lo más probable es que no sea creación suya ya que el pensador francés demostró ser intolerante con los judíos, además de ser una fiera en cuestiones monetarias. Esto último nos hace pensar que de ser suya la frase todavía estuviera cobrando derechos de autor. Haiga sido de quien haiga sido, la frase vale la pena: No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo .
Del derecho al desacato
La frase anterior la cité para contextualizar el siguiente razonamiento: mientras se discutían las reformas al Código Civil del Distrito Federal para permitir a personas del mismo sexo contraer matrimonio, usted estaba en su derecho de manifestar su inconformidad con la propuesta. A pesar que desde el púlpito y en actos de culto religioso -al filo de la navaja de violar la Constitución- usted condenó a las llamas eternas y a la excomunión a aquellos católicos que estuvieran de acuerdo con esta nefanda -en su concepto- ley en gestación, estaba usted, reitero, defendiendo su derecho a pensar diferente. Esto no obstante que entre su rebaño hay algunas ovejas que tienen las preferencias sexuales que usted abomina y también, uno que otro de sus pastores que no hayan como salirse del clóset, la sacristía o el confesionario.
Sin embargo, don Norberto, el Código Civil ya fue reformado y la ley que permitirá la unión matrimonial entre personas del mismo género ya es un hecho que regirá en la capital a partir del mes de marzo y usted -ahora sí violando la Constitución que en su Artículo 130 establece los ministros religiosos no podrán en reunión pública, en actos de culto o de propaganda religiosa, ni en publicaciones de carácter religioso, oponerse a las leyes del país - en su homilía del domingo pasado llamó al no acatamiento de esta ley.
Según usted la Iglesia católica es víctima de persecución ideológica, lo cual es una falacia. Dígame usted, ¿a qué católico se le prohíbe practicar sus creencias y su religión con esta ley? Dice usted que toda ley humana que se le contraponga (a Dios) será inmoral y perversa, pues al ir contra su voluntad termina por llevar a la sociedad a la degradación moral y su ruina . Aquí, pido su anuencia para interrogarlo. Le haré tres preguntas, marqué usted la respuesta correcta:
1.- Dios es un ser todopoderoso (Sí) (No).
2.- Todo lo que existe en el mundo, existe por la voluntad de Dios. (Sí) (No).
3. Las minorías sexuales -homosexuales, lesbianas, transexuales- son también hijos de Dios. (Sí) (No).
Si usted marcó las tres respuestas como Sí, ¿en dónde está el problema señor Cardenal? Si Dios es todopoderoso no es posible que haya una sola ley humana que se le contraponga.
Si todo existe por la voluntad de Dios, nada ni nadie está fuera de su control. Si las minorías sexuales son hijos de Dios, con esta ley, en su bondad infinita, les está permitiendo tener acceso a la unión en pareja -que hasta ahora sólo era privativo de las mayorías-. Ahora bien, si sus respuestas fueron No. Dios no es omnipotente; nada se hace por la voluntad de Él; las minorías sexuales no son sus hijos.
¿Qué espera para renunciar al sacerdocio? Porque está usted predicando todo lo contrario de lo que piensa. Existe una tercera posibilidad, contestar las dos primeras preguntas afirmativamente y la tercera de manera negativa. Siendo así, usted, además de negar lo que nos enseñaron en el Catecismo, es un discriminador que no concibe que todos seamos hijos de Dios.
Los motivos del lobo
Ya encarrerado el ratón -de sacristán- concédame la gracia de comentarle que México, desde hace siglo y medio es un país laico y que el laicismo no ha sido óbice para que el pueblo mexicano sea católico y guadalupano.
Enfrentamientos y polarizaciones como la que usted pretende con el pretexto de la reforma al Código Civil no ayudan en nada a la paz y la armonía con la que los mexicanos pretendemos y merecemos vivir.
Hacer llamados desde la fe para influir en los gobiernos y en la sociedad con el objetivo de dar marchas atrás a medidas progresistas y a visiones de vida renovadoras, es querer parar el tiempo y regresar la historia a los oscuros ámbitos de los siglos XVII y XVIII para seguir lucrando con un dogma católico incongruente, fundamentalista, excluyente y opositor a los derechos humanos.
AMÉN
A ver qué domingo de estos dedica usted una homilía a hablar de los curas pederastas, y lo nocivos que son para el sagrado núcleo familiar, como su protegido Nicolás Aguilar.
Sé que en su opinión -lo dijo a finales del 2007- los que ejercemos el periodismo somos prostitutos y prostitutas de la comunicación que nos dedicamos a juzgar. A mí su sentencia no me corresponde porque soy, apenas, un aprendiz de este noble oficio. Lo que sí reconozco y acepto, es que la irreverencia de este artículo me condena, ipso facto, al fuego del infierno.
Sólo le pido un favor: quiero quedar término medio.