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Tu pensión no está escrita:  6 expertos nos explican que hacer si tienes 50 años

La década previa al retiro todavía ofrece margen para corregir el rumbo financiero: ahorrar más, diversificar, reducir deudas y proteger el patrimonio frente a una jubilación más larga

Cumplir 50 años y no saber cuánto dinero habrá disponible para el retiro ya no es un asunto que pueda dejarse para después. A esta edad, cada año que pasa reduce el tiempo para corregir el rumbo, aumentar el ahorro y proteger un patrimonio que deberá financiar posiblemente dos o tres décadas sin un salario.

La primera decisión es poner números al futuro: estimar la pensión, conocer el saldo de la Afore, revisar semanas cotizadas, deudas, inversiones, patrimonio y gastos esperados. No hacerlo significa llegar a la jubilación sin saber si los ingresos alcanzarán para mantener el nivel de vida, enfrentar gastos médicos o absorber imprevistos.

El tiempo también invierte

Los próximos 10 o 15 años todavía pueden cambiar el resultado. Automatizar aportaciones, incrementar el ahorro conforme crecen los ingresos, diversificar inversiones y reducir deudas costosas permite aprovechar una etapa en la que aún existe capacidad para acumular capital. Los especialistas consultados coinciden además en que acercarse al retiro no significa abandonar por completo los activos de crecimiento: el riesgo debe reducirse gradualmente, de acuerdo con las necesidades de liquidez y el horizonte de cada persona.

El mayor peligro es posponer. También pesan suponer que la pensión será suficiente, concentrar el patrimonio, mantener créditos caros, subestimar los gastos de salud o volverse excesivamente conservador demasiado pronto.

Después de los 50, ya no se trata solamente de ahorrar para algún día. Se trata de definir cuánto costará vivir cuando deje de llegar la nómina y comenzar hoy a construir los recursos que deberán sustituirla.

¿Qué dicen los expertos?

 BBVA Asset Management

Luis Ángel Rodríguez, director de BBVA Asset Management México, señala que el cumplir 50 años obliga a mirar el retiro con mayor precisión. Esta etapa es “un muy buen momento para hacer un diagnóstico financiero”: todavía existe tiempo para corregir la trayectoria, pero cada decisión empieza a pesar más. El punto de partida es calcular cuánto patrimonio se ha acumulado y cuánto será necesario para mantener el nivel de vida deseado.

El ejercicio debe incluir Afore, inversiones, inmuebles, deudas, compromisos financieros y una estimación de los gastos futuros.  Con esa información es posible identificar la brecha entre lo que se tiene y lo que hará falta.

Corregir antes del retiro

Si el ahorro es insuficiente, aún existe margen. 10 o 15 años pueden ser relevantes para fortalecer el patrimonio si se combinan aportaciones periódicas, disciplina y una estrategia de inversión diversificada.

Rodríguez Amestoy advierte que mantener todo el dinero en instrumentos de muy corto plazo puede limitar el crecimiento, mientras que la combinación de renta fija, renta variable, fondos de inversión y exposición internacional puede ayudar a equilibrar estabilidad, crecimiento y liquidez. Conforme se acerca la jubilación, el riesgo debe ajustarse de manera gradual. Los recursos que se necesitarán pronto requieren menor volatilidad; el capital destinado a horizontes más largos puede conservar un componente de crecimiento, porque el patrimonio deberá financiar posiblemente 20, 25 o hasta 30 años de retiro.

Evita estos errores

El directivo identifica además tres errores frecuentes entre los 50 y 60 años:

  • Posponer la decisión de ahorrar más: “cada año cuenta”.
  • Concentrar demasiado el patrimonio en un inmueble, una empresa, efectivo o un solo tipo de inversión, lo que aumenta la vulnerabilidad ante una pérdida.
  • Volverse excesivamente conservador demasiado pronto. Proteger el capital es importante, pero también lo es preservar su poder adquisitivo frente a la inflación.

Banorte

Alejandro Aguilar Ceballos, director de administración de activos en Grupo Financiero Banorte, explica que a los 50 años, la jubilación deja de ser una idea distante y se convierte en una cuenta que debe cuadrar.

El primer paso es hacer un diagnóstico financiero realista: cuánto se quiere gastar durante el retiro, cuánto patrimonio se ha acumulado y qué ingresos puede generar.

La revisión debe incluir Afore, inversiones financieras, bienes raíces, otros activos productivos, deudas, seguros y obligaciones familiares. También recomienda estimar cuánto se recibiría mensualmente de pensión y revisar las semanas cotizadas, porque de ellas depende el derecho a pensionarse según el régimen aplicable.

La meta es responder si lo acumulado, junto con aportaciones, permitirá sostener el nivel de vida deseado durante el retiro.

Si una persona llega a los 50 con poco ahorro, todavía tiene margen de maniobra. 10 o 15 años pueden hacer una diferencia relevante, siempre que exista disciplina. Aguilar plantea tres ejes: maximizar las aportaciones voluntarias, privilegiar las que ofrecen beneficios fiscales y elevar el ahorro hacia 15% o 20% del ingreso cuando la capacidad financiera lo permita.

El directivo insiste en no intentar recuperar el tiempo perdido tomando riesgos excesivos. La Afore debe verse como uno de los pilares del retiro, no como el único.

Un portafolio complementario puede combinar fondos de deuda de corto y mediano plazo, una proporción menor de renta variable nacional e internacional, fondos, ETF, Planes Personales de Retiro y seguros con componente de ahorro.

Conforme se acerca la jubilación, la postura debe hacerse más conservadora de manera gradual, no abrupta. La recomendación es construir reservas líquidas para cubrir los primeros años de gasto y evitar vender inversiones de largo plazo durante una caída del mercado.

La longevidad también cambia el cálculo. Retirarse a los 60 o 65 años puede significar financiar hasta 30 años de vida. Por eso, recomienda diversificar las fuentes de ingreso entre pensión, rentas, inversiones e incluso trabajo parcial, además de prever gastos médicos cuya inflación puede superar la general.

Otro frente es la deuda. Llegar al retiro con tarjetas de crédito o préstamos personales reduce la capacidad de ahorro.

La estrategia, resume, es comenzar hoy: fijar una meta, automatizar aportaciones, diversificar el portafolio y liquidar pasivos costosos.

Santander México

Cecilia Jiménez, directora ejecutiva de inversiones en Santander México, explica que vivir más años también cambia la manera de invertir. Una jubilación puede extenderse 20 o 25 años, periodo en el que dejarán de llegar ingresos laborales mientras algunos gastos, especialmente los relacionados con salud, pueden aumentar. “La preparación no debe comenzar cuando llega el retiro, sino antes”.

Su recomendación es empezar por una “radiografía financiera”. “Cuánto gano, cuánto gasto y cuánto puedo ahorrar mensualmente” son las primeras preguntas. Después hay que sumar cuánto se ha acumulado, cuántos años faltan para jubilarse y, sobre todo, con cuánto dinero mensual se quiere vivir una vez que llegue el retiro.

Ahorrar con intención

Para Jiménez, el ahorro voluntario juega un papel fundamental porque complementa lo acumulado obligatoriamente en la Afore. La lógica es sencilla: primero se define el ingreso mensual deseado para el retiro; después se estima cuánto aportará la Afore y la diferencia deberá construirse mediante ahorro e inversión.

Como referencia práctica, plantea destinar al ahorro voluntario un porcentaje equivalente a la mitad de la edad. Así, una persona de 50 años podría considerar alrededor de 25% de su ingreso. No es una regla exacta, aclara, sino una guía para dimensionar el esfuerzo. “El ahorro voluntario no es lo que me sobra de ingreso”, advierte, requiere una decisión consciente y activa.

La estrategia tampoco consiste en abandonar el riesgo. A los 50 años, señala, todavía conviene buscar rendimientos. Una parte del portafolio debe protegerse con renta fija y productos de menor volatilidad, mientras otra puede mantenerse en instrumentos con mayor riesgo para incrementar el patrimonio.

Además de la Afore, menciona fondos de renta fija, renta variable, activos alternativos para perfiles con mayor tolerancia y, cuando la liquidez lo permita, bienes raíces destinados a generar renta.

Jiménez también identifica errores recurrentes: postergar decisiones, creer que se necesita ser experto para invertir, concentrar demasiado el patrimonio y subestimar los gastos de salud. También recomienda revisar la liquidez antes de destinar recursos a inversiones de mayor plazo. Su mensaje es: “hay que tomar decisiones hoy”.

Automatizar el ahorro, diversificar y buscar asesoría antes de jubilarse puede ampliar el margen de maniobra cuando todavía existe capacidad para corregir.

A los 50 años, una parte del portafolio puede protegerse con renta fija y otra mantenerse en activos de mayor riesgo para seguir buscando crecimiento patrimonial.

Vanguard México

Guillermo Vilchis, head of Institutional de Vanguard México, opina que mover todo el patrimonio a instrumentos conservadores al cumplir 50 años puede parecer prudente, pero también puede convertirse en un riesgo.

El retiro puede extenderse 30 o 40 años y que, por ello, el portafolio todavía necesita crecimiento para enfrentar inflación y sostener el poder adquisitivo.

“El retiro no se trata del saldo de la cuenta”. Importa cuánto se retira cada año y cómo está invertido el patrimonio. Por eso, antes de cambiar la cartera, recomienda identificar gastos esenciales y discrecionales, calcular la brecha entre ingresos esperados y necesidades futuras, y eliminar deudas de alto interés que compiten con el ahorro.

Invertir para décadas

Para quienes llegan a los 50 con poco ahorro, Vilchis plantea convertirse en un “súper ahorrador”. La recomendación es aumentar sistemáticamente las aportaciones, idealmente hacia 12% o 15% del ingreso bruto, automatizarlas y aprovechar aumentos salariales, bonos y otros ingresos extraordinarios para fortalecer el patrimonio.

La cercanía del retiro no implica abandonar la renta variable. Vanguard considera que mantener exposición a acciones sigue siendo relevante para generar crecimiento, siempre de acuerdo con la tolerancia al riesgo y con una asignación balanceada. La transición hacia activos más defensivos debe ser gradual, no abrupta.

Los fondos ciclo de vida pueden ayudar en ese proceso: ajustan automáticamente la mezcla entre renta variable y renta fija conforme se acerca la jubilación. También pueden considerarse Planes Personales de Retiro (PPR) y otros vehículos con ventajas fiscales, además de instrumentos orientados a generar ingresos que ayuden a cubrir gastos esenciales.

Vilchis advierte otro error: pasar décadas acumulando patrimonio sin diseñar cómo se utilizará. Antes de jubilarse conviene proyectar un presupuesto, definir cuánto puede retirarse sin comprometer la duración del portafolio y revisar periódicamente la asignación de activos.

Rebalancear periódicamente la cartera ayuda a conservar la mezcla objetivo y evita que los movimientos del mercado modifiquen excesivamente el nivel de riesgo asumido.

La meta no es eliminar el riesgo, sino administrarlo. Un portafolio demasiado conservador puede quedarse corto para financiar décadas de retiro; uno excesivamente agresivo puede exponer el patrimonio a pérdidas difíciles de recuperar.

El equilibrio debe construirse con diversificación, disciplina, liquidez y una estrategia de inversión que acompañe al jubilado durante toda su vida.

Banco Azteca

Gabriela Hernández,directora ejecutiva de afiliación y captación de Banco Azteca, señala que para quienes llegan a los 50 años, la estrategia de retiro ya no puede limitarse a ahorrar más: también debe revisar cómo se construirá la pensión y qué patrimonio adicional sostendrá los años posteriores a la jubilación. Es fundamental poner el foco en una combinación de variables que suelen pasarse por alto: semanas cotizadas, salario registrado ante el IMSS, conservación de derechos, nivel de endeudamiento y proyección real de la pensión.

En el caso de quienes cotizan bajo la Ley 73, Hernández advierte que no cuidar el salario promedio de las últimas 250 semanas, desconocer las semanas cotizadas o pensionarse sin analizar el efecto de la edad puede reducir el monto final. Por eso, recomienda revisar estos elementos con anticipación y evaluar, cuando corresponda, estrategias como Modalidad 40 después de analizar el caso particular.

Pensión y patrimonio

Si el ahorro acumulado es bajo, todavía existe margen. Los próximos 10 o 15 años pueden utilizarse para fortalecer simultáneamente la pensión y construir un patrimonio complementario. La prioridad, explica, es optimizar dentro de lo posible la pensión del IMSS, aumentar semanas y salario de cotización cuando sea viable, eliminar deudas antes del retiro y mantener inversiones adicionales.

En materia de inversión, a los 50 años aún puede tener sentido conservar exposición a activos de crecimiento. Sin embargo, el objetivo deja de ser perseguir el máximo rendimiento. Recomienda encontrar un equilibrio entre crecimiento y protección, considerar las necesidades de liquidez y aumentar gradualmente la proporción de activos conservadores conforme se acerca la jubilación.

La longevidad añade otra presión. Un retiro puede extenderse 20 o 25 años, por lo que depender únicamente de la pensión implica concentración de riesgo.

Para quienes están bajo Ley 73, plantea tres pilares: maximizar la pensión mediante una estrategia adecuada, construir patrimonio que genere ingresos adicionales y administrar prudentemente los recursos para que duren toda la etapa.

También insiste en llegar al retiro sin deudas significativas. Tarjetas, créditos y otros compromisos reducen la capacidad de disponer del ingreso pensionario. Las decisiones tomadas entre los 50 y los 60 años, señala, pueden marcar la diferencia entre una jubilación limitada y una etapa con mayor seguridad financiera y mayor margen para enfrentar gastos imprevistos futuros.

Afore Sura

Gerardo Chavarría, gerente de iniciativas de negocio en Afore Sura

A los 50, esperar también cuesta. Quedarse corto de ahorro no significa que el retiro esté perdido, pero sí obliga a tomar decisiones con método. En esta etapa debe aprovecharse para revisar qué ley pensionaria aplica, cuánto hay en la cuenta individual, qué otros ahorros existen, qué deudas siguen vigentes y qué gastos de salud podrían aparecer. Esa fotografía permite saber qué debe corregirse antes de jubilarse.

Si el patrimonio acumulado es insuficiente, la recomendación es construir un plan exigente pero realista para los próximos 10 o 15 años. Chavarría subraya que mejorar las condiciones de retiro requiere mayor esfuerzo y hábitos constantes. En la práctica, eso implica fijar una meta de pensión, calcular la brecha de ahorro y establecer aportaciones periódicas que puedan sostenerse.

Blindar el portafolio

En inversión, SURA sugiere que el portafolio siga diversificado, pero con una mayor participación de instrumentos de deuda conforme se acerca la edad de retiro. La razón es reducir el impacto de la volatilidad sobre recursos que podrían necesitarse pronto. Para quienes mantienen exposición a renta variable después de los 50, la recomendación es disminuirla gradualmente y evitar cambios bruscos de estrategia.

El ahorro voluntario también debe responder a una meta concreta. Chavarría señala que herramientas como Ruta de la Pensión permiten estimar cuánto aportar mensualmente para acercarse al ingreso deseado en la jubilación. El valor de la proyección está en convertir una aspiración general en una cifra de ahorro accionable.

La planeación tampoco termina al pensionarse. Entre las recomendaciones de SURA están seguir ahorrando o invirtiendo durante el retiro, diversificar fuentes de ingreso cuando sea posible y anticipar gastos de salud y cuidados de largo plazo.

Hay tres errores que conviene corregir desde ahora: asumir que la pensión será suficiente, no haber construido ahorro complementario y dejar la planeación para el final. Hacer una proyección anticipada de pensión permite saber si será necesario aumentar aportaciones, ajustar el nivel de gasto o modificar el portafolio.

La recomendación central es sencilla: no esperar a los 60 o 65 años para conocer el resultado. A los 50 todavía existe margen para ajustar hábitos, disminuir riesgos y fortalecer el ahorro con decisiones medibles y revisar periódicamente si la estrategia sigue funcionando correctamente.

Encuesta

Coordinadora de Operación Editorial de Suplementos y Ediciones Especiales de El Economista. Licenciada en Economía por la Universidad Nacional Autónoma de México. Estudió una especialización en Periodismo Económico en la Universidad de Miami, auspiciada por la Fundación Reuters. Ganadora del premio por la "destacada cobertura en finanzas verdes", entregado por la BMV y el Consejo Consultivo de Finanzas Verdes. Ha sido analista de mercados, editora de finanzas y creadora de ranking de negocios, responsabilidad social y mercados, y ha trabajado en la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas, Reforma, Excélsior, Mundo Ejecutivo, Expansión, Fortuna, Infosel y Economática.

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