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Riesgo para los consumidores de productos financieros
Raúl Martínez Solares | Economía conductual
“Las personas que no se arriesgan suelen cometer dos grandes errores al año. Las personas que sí se arriesgan suelen cometer dos grandes errores al año". Peter Drucker, consultor y profesor de negocios y administración austríaco.
Durante años, la estabilidad financiera se centró en la solidez bancaria y en la regulación del sistema. Hoy, los principales riesgos provienen de la vulnerabilidad de los consumidores ante un entorno financiero más complejo.
La OCDE publicó recientemente el estudio “Consumer Finance Risk Monitor 2026”, un diagnóstico global de los principales riesgos que enfrentan los usuarios de servicios financieros. El informe reúne información recabada en sesenta jurisdicciones y en más de cien autoridades regulatorias de diversos países, con el propósito de identificar tendencias, riesgos (antiguos y nuevos) y posibles acciones de política pública en materia de protección al consumidor financiero.
El estudio parte del reconocimiento de que los consumidores interactúan hoy con un sistema financiero radicalmente distinto al de hace una década. La digitalización de los servicios financieros, la expansión de nuevos productos y un entorno macroeconómico todavía marcado por la inflación, la volatilidad, tasas de interés relativamente elevadas y la presión sobre los ingresos reales de los hogares han transformado la forma en que las personas toman decisiones sobre ahorro, crédito e inversión.
Este nuevo entorno genera oportunidades importantes, pero también introduce riesgos adicionales.
El informe señala que los fraudes financieros son hoy el principal riesgo para los consumidores a nivel global. El 85 % de las jurisdicciones encuestadas identifica las estafas financieras como el riesgo más relevante. La mayoría prevé que estos fraudes seguirán aumentando en los próximos años. El estudio advierte que el problema crecerá antes de disminuir.
La naturaleza de estos fraudes también está cambiando. Entre los mecanismos más comunes se encuentran los ataques de phishing (mediante mensajes diseñados para obtener información personal), los esquemas en los que delincuentes se hacen pasar por instituciones financieras y las ofertas fraudulentas de inversión que prometen rendimientos extraordinarios.
La digitalización amplía el alcance de estos fraudes y la inteligencia artificial impulsa esquemas más sofisticados, como la suplantación de identidad mediante voz o video. Así, incluso los consumidores informados pueden caer en engaños bien diseñados.
El segundo gran riesgo identificado en el estudio es el crecimiento del endeudamiento de los hogares. El estudio señala que en muchas economías la expansión rápida del crédito al consumo a través de plataformas digitales facilita el acceso casi inmediato al financiamiento. Esto, aunque puede favorecer la inclusión financiera, implica que algunos consumidores contratan créditos sin comprender plenamente el costo total ni evaluar rigurosamente su capacidad de pago. Además, la competencia entre nuevas empresas financieras por aumentar su base de clientes ha reducido los estándares de análisis del riesgo crediticio, lo que probablemente origine un aumento de la cartera vencida de las instituciones y una mayor carga de deuda para las personas.
El informe también resalta problemas relacionados con la conducta de algunas instituciones financieras, identificando como riesgos frecuentes la falta de información clara sobre productos financieros, la asesoría inadecuada y las prácticas comerciales engañosas. En mercados con productos financieros cada vez más complejos, estas fallas contribuyen a decisiones que deterioran la situación financiera de los consumidores.
El número de reclamaciones aumentó. El reporte indica que las quejas contra las instituciones financieras crecieron cerca del 70% entre 2024 y 2025.
El informe propone varias líneas de acción. La primera consiste en fortalecer los marcos regulatorios de protección al consumidor financiero, en línea con los principios internacionales promovidos por el G20 y la OCDE, que enfatizan la transparencia, el trato justo y la supervisión efectiva de los proveedores financieros.
El segundo es mejorar la supervisión mediante tecnología, análisis de datos y monitoreo continuo. En un sistema cada vez más digital, la supervisión tradicional no basta.
La tercera, y probablemente la más importante, es fortalecer la educación financiera de los consumidores. Desde la perspectiva de la economía conductual, este punto es crucial. Los consumidores no siempre toman decisiones financieras plenamente racionales, especialmente cuando se enfrentan a productos complejos o a información difícil de interpretar. En estos contextos, pequeños sesgos en la forma en que se presentan las opciones pueden influir significativamente en las decisiones de ahorro, inversión o endeudamiento.
Las conclusiones del estudio tienen implicaciones claras para México. Nuestro país comparte varias de las características que el informe identifica como factores de vulnerabilidad: niveles relativamente bajos de educación financiera, una expansión acelerada de plataformas digitales de crédito y una creciente digitalización de pagos y servicios financieros.
Varias autoridades han documentado el aumento de los fraudes financieros digitales en los últimos años, lo que demuestra que no es un fenómeno exclusivo de economías desarrolladas.
La lección central del informe es que la estabilidad del sistema financiero depende también de la capacidad de los consumidores para interactuar con él de manera informada y segura. Un sistema financiero que genera sistemáticamente pérdidas, confusión o desconfianza entre sus usuarios termina erosionando su propia legitimidad.
Por ello, es fundamental que actores del sector financiero, autoridades y consumidores trabajemos juntos para fortalecer la confianza, la educación y la protección de quienes participan en el sistema. Es momento de asumir un rol activo en la prevención de riesgos y exigir mayor transparencia y responsabilidad de todos los involucrados.