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El costo de aflojar demasiado pronto la política monetaria

Raúl Martínez Solares | Economía conductual

“Quizás solo exista un pecado capital: la impaciencia. Por la impaciencia fuimos expulsados del Paraíso, por la impaciencia no podemos regresar." Franz Kafka.

A diferencia de la teoría monetaria moderna, la aplicación de la política monetaria no es una ciencia exacta y los errores en su conducción por parte de los bancos centrales siempre acarrean un precio. 

Uno de los debates más relevantes respecto de la banca central contemporánea gira en torno a una pregunta puntual: ¿cuándo es el momento adecuado para relajar las condiciones monetarias una vez que la inflación ha sido, por lo menos, contenida? La evidencia de las últimas décadas apunta a que hacerlo antes de tiempo no solo arriesga la reactivación de las presiones inflacionarias de corto plazo, sino que, más importante aún, contribuye a erosionar el activo más relevante de cualquier banco central: su credibilidad.

Décadas de desarrollo teórico se reflejan en el marco de referencia moderno de la banca central. Lars Svensson formalizó el concepto de “inflation targeting” flexible, que se refiere a la idea de que un banco central no persigue la contención inmediata de la inflación de manera mecánica, sino que busca un horizonte en el que converja hacia el objetivo de inflación, frente al costo de reducir o incluso contraer la actividad económica. Taylor relacionó puntualmente la tasa de interés con las desviaciones de la inflación y del producto respecto de sus niveles objetivo. Woodford demostró que, en los modelos monetarios modernos, las expectativas sobre la trayectoria futura de la tasa importan tanto o más que su nivel actual, lo que convierte a la comunicación del banco central en un instrumento de política tan relevante como la tasa misma. Y quien fuera presidente del Banco de la Reserva Federal y Premio Nobel, Ben Bernanke, documentó cómo la contracción del crédito, amplificada por la inacción de la Reserva Federal, convirtió una recesión ordinaria en la Gran Depresión; lección que él mismo pudo aplicar en la crisis financiera de 2008.

Todos estos desarrollos tienen en común reconocer que la credibilidad del banco central es la variable que determina si la política monetaria funciona o no. Un instituto emisor creíble puede estabilizar la economía mediante movimientos de tasa relativamente moderados, porque los agentes económicos anticipan su comportamiento y ajustan sus decisiones en consecuencia. Mientras que uno que ha perdido credibilidad debe aplicar ajustes mucho más profundos y costosos para lograr el mismo resultado en el crecimiento económico.

En términos generales, hay tres mecanismos mediante los cuales una flexibilización anticipada de la política monetaria puede desestabilizar la trayectoria de los precios.

El primero tiene que ver con las expectativas de inflación y su ancla nominal. La estabilidad de precios no depende únicamente de la tasa de referencia, sino también de la percepción que los agentes económicos tienen sobre la determinación que muestre el banco central para cumplir su mandato de contener la inflación. Cuando esa percepción se debilita, ya sea porque la autoridad monetaria relaja las tasas antes de que la inflación haya convergido de manera sostenida a su objetivo, o bien porque sus decisiones se perciben influidas por presiones de índole política, las expectativas se desanclan y el proceso de formación de precios se vuelve más inestable, más complejo y más costoso de corregir.

El segundo mecanismo se refiere a las salidas de políticas expansivas. Cuando un banco central ha sostenido condiciones monetarias muy laxas durante periodos prolongados, tal como ocurrió globalmente entre 2009 y 2021, la reabsorción de liquidez en la economía entraña riesgos, como la pérdida del control sobre la base monetaria que, a su vez, puede generar presiones inflacionarias adicionales. El tercero, el más relevante desde la perspectiva conductual, es el de la credibilidad institucional. Brasil, bajo el gobierno de Dilma Rousseff, ilustra cómo la percepción de interferencia política en las decisiones del banco central se tradujo en una pérdida de anclaje de expectativas y, en consecuencia, en mayor volatilidad e inflación. La credibilidad se acumula durante años, pero puede perderse en meses.

No basta con que la inflación esté bajando, se requiere que esa reducción y la convergencia con el objetivo de inflación sea sostenida y creíble antes de iniciar un ciclo de relajación. Y la comunicación del Banco Central es un instrumento fundamental de la política monetaria.

En el caso de México, a lo largo de 2025, la Junta de Gobierno de Banxico transitó un proceso de recortes graduales de la tasa de referencia en un entorno de elevada incertidumbre, llevándola a 7.00% al cierre del año. Ese proceso no estuvo exento de tensiones. La Junta consideró explícitamente el comportamiento del tipo de cambio, la debilidad de la actividad económica y los posibles impactos de cambios en las políticas comerciales a nivel global.

En mayo de 2026, Banxico aplicó lo que se había anunciado como el último recorte del ciclo, dejando la tasa en 6.50%, tras una reducción total de 450 puntos base desde marzo de 2024.

La Junta de Banxico señaló que, hacia adelante, consideraría apropiado mantener la tasa en su nivel actual, tomando en cuenta los retos derivados del conflicto en Medio Oriente y su impacto en los precios del petróleo. La decisión, sin embargo, volvió a dividir a la Junta: los subgobernadores Jonathan Heath y Galia Borja votaron por mantener la tasa en 6.75%, lo que refleja una fractura técnica genuina sobre si el proceso desinflacionario estaba lo suficientemente consolidado como para dar ese paso.

Esta discusión puede parecer teórica, pero de la correcta o incorrecta aplicación de la política monetaria depende la mejora o el deterioro del bienestar económico de las familias.

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

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