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Genética, eficiencia y mercado: las claves para la rentabilidad del campo mexicano
Ante el aumento de los costos de producción y la presión de los mercados, especialistas de San Jorbe destacan la importancia de elevar el rendimiento, elegir materiales genéticos adecuados y considerar la calidad de la plántula como una inversión estratégica.
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La agricultura mexicana atraviesa uno de sus periodos más complejos. El incremento en los costos de energía, transporte, mano de obra, fertilizantes y agroquímicos, combinado con precios internacionales bajos y episodios de sobreoferta, ha reducido los márgenes de los productores y obligado al sector a replantear la manera de producir.
Esta es una de las principales conclusiones que la ingeniera Sara Flores y el ingeniero Jorge Flores de San Jorbe señalaron para El Economista: que el reto actual del agricultor mexicano no consiste solo en producir más, sino en producir con mayor eficiencia, calidad y certeza de comercialización.
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De acuerdo con los especialistas, la situación es particularmente complicada en los granos, donde los precios internacionales han reducido la rentabilidad, pero también ha impactado a las hortalizas.
"Hay agricultores que, al ver que los granos no tienen buen precio, deciden sembrar más hortalizas”, compartieron.
Producir más tampoco garantiza mayores ganancias. Antes de establecer un cultivo, explicaron, es necesario conocer la demanda, identificar compradores y evaluar qué porcentaje de la producción podrá venderse realmente y bajo qué condiciones.
Más rendimiento y calidad por hectáreas
Frente a este escenario, una de las principales oportunidades está en elevar la productividad de la superficie disponible.
Para los ingenieros, esto requiere identificar las deficiencias particulares de cada unidad productiva: sistemas de riego poco eficientes, problemas de nutrición, aplicaciones fuera de tiempo, falta de tecnificación o materiales genéticos que no están adaptados a las condiciones del campo.
"Por ejemplo, determinar si carece de riego por goteo, si sus controles o aplicaciones no se realizan a tiempo, o si existen deficiencias en la fertilización. El objetivo es detectar estas áreas de mejora para que pueda incrementar su rendimiento y mejorar sus resultados”.
En el caso de las hortalizas, el objetivo debe ser combinar rendimiento y calidad, procurando que una proporción elevada de la producción sea comercializable. La eficiencia en el manejo del agua, fertilizantes y productos fitosanitarios también se vuelve indispensable para mantener los costos bajo control.
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La genética como herramienta
En este contexto, la selección de la semilla adquiere una importancia estratégica. El ingeniero Jorge Flores considera que una buena genética representa gran parte del éxito de un cultivo, siempre que esté acompañada por un manejo agronómico adecuado.
“Para mí, la elección de la variedad representa el 50% del éxito del cultivo, porque parte de un potencial que depende de contar con una variedad y una semilla bien seleccionadas e identificadas, de acuerdo con las condiciones específicas en las que se va a desarrollar el cultivo”.
La elección debe considerar factores como la región, el clima, el suelo, el sistema de producción, las enfermedades presentes y las características que demanda el mercado.
Para Ahern, la selección genética constituye precisamente uno de los pilares de su propuesta. La compañía cuenta con un portafolio de semillas para distintos cultivos y categorías, incluyendo tomate, pimiento, brócoli, coliflor, lechuga, cebolla y otros productos hortícolas.
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SVTE8444: genética enfocada en rendimiento
Dentro de este escenario destaca el tomate Saladette SVTE8444, una variedad exclusiva de Ahern y desarrollada por Bayer Seminis.
Se trata de una variedad determinada caracterizada por una planta vigorosa y un paquete de resistencias orientado a favorecer su sanidad y productividad bajo diferentes condiciones de cultivo.
El fruto presenta tamaños L, XL y XXL, alta firmeza, maduración uniforme, forma ligeramente alargada y color rojo intenso. Además, está especialmente indicado para sistemas de cultivo estacado y presenta una madurez relativa de aproximadamente 90 días.
La combinación de firmeza, uniformidad, cierre de color, potencial productivo y adaptabilidad responde a uno de los problemas señalados durante la entrevista: no basta con obtener muchas toneladas por hectárea si una parte importante de ellas no reúne las condiciones para ser comercializada.
La firmeza y la vida de anaquel pueden convertirse en atributos relevantes para el productor porque permiten conservar la calidad del fruto durante la comercialización y reducir la presión de vender inmediatamente ante una ventana de precios desfavorable.
La genética, sin embargo, no puede expresar todo su potencial si la planta no llega al campo en condiciones adecuadas. Los ingenieros Sara y Jorge Flores coinciden en que la plántula debe entenderse como una inversión y no simplemente como un insumo o un costo inicial.
Una plántula de calidad debe presentar sanidad, uniformidad, buen sistema radicular, tallo resistente y un tamaño adecuado para facilitar su establecimiento.
Una planta débil o enferma puede obligar al productor a replantar y asumir nuevamente gastos de mano de obra, agua, fertilización y productos fitosanitarios.
San Jorbe ha explorado esta estrategia en sus cultivos de brócoli y coliflor, buscando agregar valor mediante procesos como el recorte y enfriamiento del producto antes de enviarlo al comprador. El objetivo es obtener un diferencial frente a la comercialización tradicional de producto fresco y reducir la dependencia de los movimientos de oferta y demanda.
Producir mejor, no solo producir más
La conversación con Jorge y Sara Flores apunta a una transformación necesaria para el campo mexicano donde la rentabilidad dependerá cada vez más de la capacidad de producir con precisión.
Mayor rendimiento por hectárea, calidad comercial, genética adecuada, plántulas sanas, tecnificación, control de costos y mercados previamente identificados forman parte de una misma estrategia.
En ese escenario, variedades como el Saladette SVTE8444 representan una muestra de cómo la genética puede convertirse en una herramienta para enfrentar los retos productivos, al combinar vigor, uniformidad, firmeza, calidad y un paquete de resistencias.