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El Empresario

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El Mundial de futbol no te hace un mal líder, solo expone los errores

Durante el mundial los jefes puede sentir que pierde el control; sin embargo, solo se evidencia la falta de liderazgo.  

Shutterstock.

Hay momentos que todos esperan… menos los que están a cargo de un equipo. El Mundial es uno de esos. Y es que lo que para muchos es emoción, pausa y convivencia, para un líder puede sentirse como perder el control sin aviso. De repente, los equipos están distraídos, las conversaciones giran alrededor de partidos, los horarios rompen la rutina, las juntas compiten contra un partido clave y, aunque nadie lo diga abiertamente, sabes de más que una computadora se está usando como televisión.

La quiniela ya está corriendo y la productividad deja de sentirse estable: si la selección gana, hay euforia; si pierde, hay desánimo. Y en medio de todo eso, el líder empieza a sentir que el equipo se le está yendo de las manos. Entonces aparece la tentación: apretar, controlar, prohibir, llenar la agenda, medir más, exigir más… Y aquí está la parte incómoda que muchos no quieren aceptar: el Mundial no te hace mal líder, solo expone cómo lideras cuando el entorno deja de ser perfecto.

Hace poco revisaba un análisis de Deloitte sobre el impacto del Mundial, y hay algo que como líder no puedes ignorar: el consumo y el comportamiento de las personas durante este periodo no es racional, es emocional, y además no es lineal. Eso significa que la energía, la atención y el desempeño tampoco lo son. No suben y bajan de forma ordenada. Se mueven por picos, por momentos, por estímulos externos. Y si tú sigues liderando como si todo fuera estable, el que queda fuera de ritmo eres tú.

A mí me pasó hace años, en el Mundial de Brasil. No fue en Qatar, curiosamente, porque ahí los horarios no nos pegaron igual. Pero en Brasil sí. Los partidos caían en plena jornada laboral, el equipo estaba emocionalmente en otro lado y nosotros traíamos presión comercial fuerte.

Recuerdo perfecto esa sensación de ver al equipo sentado en la junta… pero no presente. Miradas dispersas, energía baja, foco intermitente. Y mi primer impulso fue el clásico: esto no es momento para distraerse, hay que enfocarnos. Lo que no estaba viendo en ese momento es que el problema no era el Mundial. Era que yo estaba intentando liderar como si nada estuviera pasando.

Con el tiempo entendí que estos momentos no crean el problema. Lo revelan. Y casi siempre dejan al descubierto tres errores que ya venías cargando, pero que en la rutina normal no se notaban tanto.

El primero es creer que la productividad es constante, como si las personas fueran máquinas que operan igual todos los días sin importar el contexto. El Mundial rompe esa fantasía porque introduce emoción colectiva, y la emoción no se controla, pero sí se ignora. Y cuando la ignoras, te desconectas del equipo. Empiezas a pedir resultados como si nada pasara, y eso no genera disciplina, genera distancia.

El segundo error es confundir presencia con compromiso. Cuando el equipo se dispersa, muchos líderes intentan compensarlo con más control: más horas conectados, más seguimiento, más visibilidad. Pero estar no es lo mismo que estar presente. Puedes tener a todos en línea y aun así tenerlos completamente desconectados. El Mundial no baja el compromiso; solo deja en evidencia quién ya venía trabajando en automático.

Y el tercero, que es el más delicado, es liderar desde el miedo a perder el control. Cuando el entorno se vuelve impredecible, el líder que no sabe adaptarse se endurece. Se vuelve más rígido, más demandante, más controlador. Cree que así protege los resultados, pero lo que realmente hace es romper la confianza. Y sin confianza, ningún equipo sostiene resultados, con o sin Mundial.

La pregunta no es cómo evitar que el Mundial afecte a tu equipo, sino cómo liderar cuando sabes que lo va a hacer. Y aquí es donde la mayoría se equivoca, porque intenta pelear contra el momento en lugar de diseñar alrededor de él, así que aquí van mis recomendaciones.

1. Si hay partidos importantes, no finjas que no existen. Ajusta. Define ventanas claras de trabajo real. Dale estructura a los días en lugar de imponer una normalidad que ya no está. Cuando reconoces la realidad, el equipo deja de esconderse y empieza a responder.

2. Si sabes que la energía emocional va a subir y bajar, no la ignores. Úsala. Hay momentos donde puedes apalancarla para generar conexión, conversación e incluso identidad de equipo. Hay momentos donde necesitas bajar el volumen de exigencia operativa y subir la claridad.

3. Si estás consciente de que el desempeño puede ser irregular por unos días, deja de medir todo igual. No se trata de soltar resultados, se trata de entender qué sí mueve el negocio en ese momento y enfocarte en eso.

Liderar en estos periodos no es demostrar que puedes controlar todo, sino demostrar que sabes leer el juego cuando cambia. El Mundial se acaba. La operación vuelve. Pero lo que tu equipo no olvida es cómo lideraste cuando las cosas dejaron de ser cómoda. Porque cualquiera lidera cuando todo está en orden, pero no cualquiera sabe liderar cuando el mundo (aunque sea por un mes) está viendo otro partido.

Conferencista internacional y mentor de líderes. También es CEO de Business Game Changers, escuela de formación de liderazgo

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