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Desigualdad, el lado oscuro del milagro en AL
Pese a que en los últimos años se han registrado avances hasta de 7 puntos en la reducción de la pobreza, lo cierto es que persisten las profundas diferencias.
América Latina vive un momento rutilante: un crecimiento económico más sólido que en los países desarrollados, un gasto social que va en aumento y un escenario donde los pobres son menos pobres.
Pero la región aún no logra reducir la abismal desigualdad y las cosas prometen seguir por ese camino.
El peligro de que los que menos tienen recojan pocos frutos de la bonanza es que en el largo plazo puede sembrar la semilla de malestar social y poner en guardia a los inversores.
A pesar de todo, la región todavía sigue siendo un buen lugar para poner dinero porque se espera que las tasas de interés y el consumo continúen creciendo en estos países.
Todas las naciones latinoamericanas, excepto Venezuela con su gobierno socialista, superan el umbral del 0,4 del coeficiente Gini -el parámetro que se usa para medir la desigualdad- que los especialistas consideran como muy alto. Desde hace rato rebasaron a regiones como Africa Subsahariana.
"Ningún país ha encontrado una receta para acabar con la desigualdad", dijo Marco Antonio Paz, subsecretario de la Secretaría de Desarrollo Social de México. "Se han logrado avances, pero no a la altura de lo que se requiere", agregó.
La desigualdad surge de puestos de trabajo poco productivos, carencias en educación, vivienda y salubridad que se traducen en menos oportunidades para los pobres.
El gasto educativo en la región ronda el 6% del Producto Interno Bruto (PIB), según la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y es similar al de países de la OCDE.
Sin embargo, en salud no rebasa el 5%, frente al 7% de los miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).
Y aunque las cosas han mejorado, distan de ser buenas.
El Banco Mundial calcula que en Latinoamérica y el Caribe el Gini bajó desde 1995 hasta el 2009 un modesto 7%, en gran parte porque la región creció a un promedio del 4% anual en los últimos 5 años.
Hace más de una década los economistas creían que el crecimiento bastaría para reducir la pobreza y traer igualdad. La realidad no resultó tan simple.
"El crecimiento por sí mismo no es suficiente. Sigue habiendo una profunda desigualdad en la región", dijo Dominique Strauss-Kahn, director gerente del FMI en una nota publicada a fines de febrero en el portal del organismo.
El problema es que el mismo auge económico opaca la necesidad de postergadas reformas de fondo, como las fiscales y laborales, para reducir la brecha en los ingresos.
RETRATO EN BLANCO Y NEGRO
María con sus 12 años es un rostro de esa desigualdad. En su rebozo lleva a su hermano menor dormido mientras pide limosna a los autos detenidos en un semáforo de la capital mexicana frente a las tiendas de Cartier y Louis Vuitton.
A unas quince cuadras, el hombre con la mayor fortuna del mundo, el mexicano Carlos Slim, dirige su imperio desde una oficina vestida con pinturas de Van Gogh y Renoir.
Los contrastes son rotundos en Latinoamérica, a pesar de que hay menos pobreza -en 1999 sofocaba a un 44% de los latinoamericanos y hoy acosa a un tercio de la población.
TABLA-Región dividida entre ricos y pobres (1/8)ID:nN25568362(3/8)
GRAFICO-Desigualdad en América Latina:
http://link.reuters.com/gef78r
REUTERS INSIDER: http://link.reuters.com/zef78r
Pero la brecha en la distribución de la riqueza es inmensa: Slim con sus activos por 74.000 millones de dólares y otros 50 latinoamericanos integran la lista de millonarios de la revista estadounidense Forbes del 2011.
Entre todos suman una fortuna de 334.300 millones de dólares, un monto mayor al PIB de Venezuela. Sólo en el 2010, la riqueza de Slim aumentó en 20.000 millones de dólares.
"Con más crecimiento el ingreso se distribuye más o menos de la misma manera, sólo que hay niveles de ingresos mayores tanto de los más ricos como de los más pobres", dijo Ernesto Espíndola, experto de desarrollo social de la Cepal.
Hace diez años, el 36% del ingreso iba a parar a manos del 10% de la población más rica, y el 15% se destinaba al 40% más pobre, según promedios calculados por Reuters en base a cifras de la Cepal.
Hoy las cosas no cambiaron mucho: los más pudientes se llevan el 34% del ingreso y el 40% más humilde se queda con el 16 por ciento.
La situación aún es peor en Brasil, el destino favorito en Latinoamérica para los inversores y donde viven 30 de los magnates de la región encabezados por el empresario Eike Batista con sus 30.000 millones de dólares.
En los últimos siete años, unos 20 millones de brasileños escaparon de la pobreza y ahora integran la clase media, pero todavía el 10 por ciento de la población más afortunada se lleva el 41 por ciento de los ingresos, según la Cepal.
BUSCANDO LA FORMULA
Lo que ha ayudado a mitigar la desigualdad son los programas de transferencias condicionadas, que llevaron a más habitantes a engrosar las filas de la clase media.
Estos programas otorgan dinero a las madres a cambio de que los niños vayan a la escuela y acudan al centro de salud para chequeos o vacunaciones. Además, obligan a los padres a someterse a controles prenatales y a charlas con doctores.
Hoy esos planes se aplican en 14 naciones latinoamericanas desde Argentina hasta México, que fue el pionero con el programa Progresa de 1997 -ahora llamado Oportunidades- e inspiró al exitoso Bolsa Familia de Brasil.
Pero tienen que ser afinados. Estudios recientes revelaron que aunque sus familias son menos pobres, los niños no necesariamente están más sanos, mejor educados o alimentados.
"Están jugando (las transferencias) un rol en la disminución de la desigualdad", dijo Louise Cord, jefa de Reducción de la Pobreza y del Grupo de Género para Latinoamérica y el Caribe del Banco Mundial. "Ahora, ¿puede haber más mejoras? Sí puede haber", agregó.
Cord cree que los niños siguen siendo desproporcionalmente pobres frente al sector de más edad de la población y que los Gobiernos deben trabajar más duro para dar a la infancia mejor calidad de educación, salud, vivienda y servicios públicos.
En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff, después de anunciar un recorte en el gasto público de 30.000 millones de dólares, aumentó en un 20 por ciento la ayuda para el plan Bolsa Familia.
Su colega chileno, Sebastián Piñera -uno de los millonarios de Forbes-, prometió acabar con la pobreza extrema.
"La economía de mercado y el crecimiento son grandes generadores de riquezas y de oportunidades, pero no son mecanismos que permitan distribuir esa riqueza y esas oportunidades de forma justa", reconoció en una reciente entrevista con el diario español El País.
México, la segunda mayor economía latinoamericana, gasta unos 6.670 millones de dólares anuales en programas sociales que benefician a un tercio de su población.
"Podría parecer mucho, pero si nosotros sacáramos una cuenta de cuántos requeriríamos para acabar al 100 por ciento con la pobreza (...) necesitaríamos por lo menos alrededor de 20 veces más esa cifra", dijo el subsecretario mexicano Paz.
La cuestión es de dónde sacar más dinero para destinar al gasto social. Algunos creen que la respuesta son reformas para reducir la evasión y establecer esquemas que carguen más la mano a los ricos, combinadas con planes laborales que faciliten las contrataciones y hagan más flexible todo el sistema.
"La evasión de impuestos creo que es un fenómeno enorme en Latinoamérica y se hace a través de gente de mayores recursos, que siempre recurre a lo que es vuelo de capital o esconder activos en paraísos fiscales, igualmente en el nivel corporativo", dijo Enrique Alvarez, economista de IDEAGlobal.
"Creo que por ahí podría haber cierta dinámica de mejoría en ese sentido de captar mayores recursos con una expansión de la base tributaria y emplear eso para contrarrestar este fenómeno de desigualdad", agregó.
Pero los especialistas no esperan que las cosas vayan a cambiar pronto.
"En mi opinión va a seguir igual. Los gobiernos pueden darse cuenta de que es negocio tener menos desigualdad pero también es un riesgo bastante grande implementar medidas contra la desigualdad", dijo Espíndola de la Cepal.
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