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Segunda vivienda, el sueño vacacional que se desdibuja entre los costos de mantenerla
El encarecimiento de los inmuebles en zonas turísticas y los cambios en los hábitos de viaje presionan el modelo que ha sido utilizado por muchas personas para incrementar su patrimonio
Comprar una segunda vivienda en destinos turísticos se convirtió en una aspiración para muchos mexicanos desde hace algunas décadas, como una propiedad que combinaba uso personal con el fortalecimiento del patrimonio; sin embargo, ese modelo comienza a tensionarse frente a los nuevos hábitos del turismo vacacional y el incremento en los precios de los inmuebles.
De acuerdo con datos de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), el precio promedio de la vivienda en destinos turísticos como Baja California Sur, Yucatán y Quintana Roo alcanzó en el 2025 los 2 millones 588,992; 2 millones 251,258 y 1 millón 867,684 pesos, respectivamente.
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Al incremento en los valores inmobiliarios se suma el costo del mantenimiento, lo que aumenta la carga financiera para las familias. Esto genera un desbalance entre el valor del activo y su uso real.
Ricardo Straffon, fundador y director general de Sofía Fractional Residence Club, explicó que el cambio no radica en el mercado inmobiliario, sino en la manera en que las personas administran su tiempo.
Añadió que muchas de estas viviendas se ocupan sólo algunas semanas al año, mientras mantienen costos constantes durante el resto del tiempo, como mantenimiento, administración y operación, además de períodos prolongados sin uso o sin ingresos.
“El problema no es la segunda propiedad en sí, sino la lógica bajo la cual fue concebida. En un contexto donde el valor está cada vez más ligado a la flexibilidad, la movilidad y la optimización del tiempo, empieza a surgir la duda sobre si tiene sentido poseer un activo de uso limitado cuando el patrón de consumo ya no es permanente”, apuntó Straffon.
Viajar más, pero distinto
En los últimos años, viajar dejó de ser un evento aislado para convertirse en un hábito recurrente. Las escapadas de fin de semana, las estancias más cortas y una mayor disposición a moverse entre destinos redefinieron la forma en que las personas distribuyen su tiempo y su dinero.
Según datos de la Secretaría de Turismo (Sectur), entre enero y octubre del 2025, el turismo nacional alcanzó 92.8 millones de viajeros, lo que representó un incremento de 3.3% en su comparación anual.
Straffon remarcó que los patrones de consumo en los viajeros mexicanos han cambiado, ya que ahora las estancias en destinos se fragmentan a lo largo del año y responden más a la flexibilidad que a la permanencia prolongada.
Bajo este contexto, comienzan a ganar relevancia modelos alternativos que buscan mayor eficiencia entre inversión y uso. Uno de ellos es la propiedad fraccionada, con la cual varios compradores comparten un inmueble al dividir la inversión y los costos de operación.
Así, tienen acceso a casas vacacionales de alto valor, que podría ser difícil adquirir y mantener de manera individual.
“Hoy los destinos se consumen de forma más flexible, eso hace que modelos como la propiedad fraccionada cobren sentido. No porque sean una tendencia, sino porque responden mejor a un uso real: invertir en un activo que se utiliza de manera proporcional, en lugar de mantener uno que permanece vacío la mayor parte del año”, afirmó Straffon.