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Henry Martín: el talento que vino de la playa
En cinco años, el jugador originarinario de Mérida pasó del futbol llanero a ser titular en el América y convocado con el Tri. Martín tuvo que convencer a su padre de que su sueño era ser futbolista profesional, a cambio de dejar la carrera de Ingeniería Civil.
En la casa de la familia Martín los estudios eran prioridad. Daniel, el jefe de familia, es profesionista, ingeniero, para ser preciso, y quería que sus hijos fueran a la universidad, para que aseguraran su futuro. Pero también tenía una pasión: el futbol.
A Daniel le gustaba tanto el balompié que era el entrenador de su propio equipo: el Soccer Club, un equipo semiamateur que había ganado prestigio en el futbol llanero de su natal Mérida, en buena parte, porque el plantel tenía dos delanteros letales: Henry y Freddy, los hijos de Daniel.
Era la primavera del 2013.
“En ese entonces organicé un torneo en una playa de Mérida para equipos amateurs. Esa fue la primera vez que lo vi”, recuerda Daniel Rosello, el descubridor de ambos hermanos.
“Henry era un jugador muy potente físicamente, que con su cambio de ritmo dejaba atrás a quien lo marcaba y le daba espacio para tirar. Son cualidades que aún tiene. Desde ese día sabía que era un jugador con futuro”.
Rosello, un exfutbolista uruguayo que jugó en varios equipos del Ascenso MX, realizaba visorías para detectar jóvenes talentosos en la ciudad. Fue contratado por los Venados de Mérida, plantel en el que tuvo un paso como entrenador, hasta que se convirtió en director de fuerzas básicas, cargo que posee actualmente.
Cuando tuvo posibilidades de hacer visorías para el equipo pensó en el talento de Henry.
“Le llamé, le dejé mensajes diciéndole que lo invitaba a ser una práctica con el equipo. Nunca me respondió. Pensé que algo andaba mal, que se había molestado conmigo”.
Rosello se cansó y lo buscó en una cancha en la que sabía que jugaba en el equipo de su padre. Los encontró a ambos. Lo esperó y le insistió a que fuera a hacer la práctica. Henry estaba incómodo, tartamudeaba y no sabía que decir. Su padre intervino y le dijo a Rosello que no estaba de acuerdo en que su hijo fuera a hacer la práctica.
Para el mayor de los Martín, el futbol era un hobbie, y quería que Henry se mantuviera en su carrera de Ingeniería Civil, que entonces estudiaba los primeros semestres en la Universidad Autónoma de Yucatán. Hacer la prueba con los Venados podría ser una distracción de sus estudios.
“Traté de convencer a su padre, que le veía condiciones a su hijo. Le dije que la carrera del futbolista y los atletas es corta y que el muchacho tenía las condiciones para, al menos, quedarse con el equipo”.
Rosello se fue con las manos vacías ese día.
A la mañana siguiente, Henry se comunicó con él, le dijo que iba a hacer la práctica. Su padre, al fin, había cedido con su deseo.
Henry deslumbró en la práctica y se quedó en el equipo. Primero en el filial, luego lo integraron en el plantel que encaraba la Copa MX y finalmente se instaló en el primer plantel.
“Poco tiempo después de que Henry se ganó un lugar en el equipo, me pidió que le diera a Freddy una oportunidad. Acepté porque a ambos los conocía. Freddy también se quedó y en algún punto, ambos fueron los atacantes titulares de los Venados, algo inédito en el club”.
Un año y 12 goles más tarde, Henry fue transferido al Tijuana. Rosello cuenta que, para establecerse con el club, hacía doble sesión de entrenamiento casi todos los días: una por la mañana y otra por la tarde.
“La primera era la que hacía con todos sus compañeros, pero la segunda era voluntaria. En ella se enfocaba por pulir su definición frente al arco, siempre con uno o dos toques. También su cabezazo, y había veces en que sólo hacía gimnasio. Eso habla de que lo que tiene, se lo ganó con hambre de triunfo y trabajo”.
Estuvo tres años y medio con los Xolos, marcó 13 veces que fueron suficientes para ganarse su fichaje con el América, en el que ha permanecido el último año y medio. Martín ya le ganó la titularidad al colombiano Roger Martínez.
En el 2015, cuando aún jugaba en Tijuana, se ganó su primera convocatoria a la Selección Mexicana y, a partir de que terminó el Mundial de Rusia, se ha convertido en un convocado constante al representativo.
Con cinco años como profesional, es uno de los atacantes con mayor proyección del futbol mexicano.
“Cuando regresa a Mérida, va al estadio con la playera del equipo. Me di cuenta de que era un chico agradecido, con el que siempre podemos platicar, y pese a su momento, no se le subió la fama. Tiene los pies en la tierra”.
-¿Cómo es ahora la relación con su padre?
“Está muy orgulloso porque su hijo está cumpliendo su sueño”.