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¿Qué tan pobre de tiempo eres?
La pobreza de tiempo es una realidad que va más allá de las largas jornadas laborales. Las brechas de género, los traslados y diversos rezagos sociales también determinan cuánto tiempo libre queda disponible al final del día.
Las brechas de género, los traslados y diversos rezagos sociales también determinan cuánto tiempo libre queda disponible al final del día.
¿Cuántas veces has pensado en las últimas semanas que no te alcanza el tiempo? Para descansar, hacer ejercicio, convivir con la familia, ver a los amigos o simplemente para hacer algo que disfrutas.
Puede parecer una consecuencia normal de la vida cotidiana, pero cuando el trabajo, los traslados, las tareas del hogar y las responsabilidades de cuidado consumen prácticamente todas las horas disponibles del día, estamos frente a una realidad que tiene nombre, se le denomina pobreza de tiempo.
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El tema se asomó en el Congreso de la Unión en medio de las discusiones en torno a la reforma de la jornada de las 40 horas hace unos meses, pero ahora tendrá que ser analizado formalmente tras la presentación de un proyecto de ley para atender este fenómeno.
Habrá que ver hasta dónde avanza la propuesta de Ley General para la Prevención y Erradicación de la Pobreza de Tiempo del diputado José Braña Mojica, o si termina, como muchos otros proyectos, en la congeladora legislativa. Pero su presentación abre la oportunidad para hablar sobre el tema.
A continuación, algunos datos para poner el tema en perspectiva.
De acuerdo con la última Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT), en promedio en México las personas dedican 59.6 horas a la semana al trabajo remunerado y no remunerado. En el caso de las mujeres, esta cifra asciende a 61.1 horas, en el de los hombres, a 58 horas.
No se puede obviar el componente de género, pues en el caso del trabajo doméstico y de cuidados, las mujeres le dedican 21.5 horas más a la semana que los hombres.
Esto da, en promedio, jornadas de trabajo de 8.5 horas diarias durante toda la semana.
Y hablando de trabajo, México es uno de los países en los que más horas se labora, al menos dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). A nivel nacional el promedio es de 2,205 horas al año, bastante alejado de la media de 1,736 horas de la agrupación, o de las 1,332 horas de Alemania, el último lugar del comparativo.
A esto hay que sumar los tiempos de traslado al trabajo. La Cepal estima que, en promedio, en México se usan 71 minutos en transporte público y 52 minutos en automóvil por trayecto. Es decir, 2 horas con 22 minutos y 1 hora con 44 minutos, respectivamente, por cada día sólo para ir y regresar del trabajo. Aunque en las grandes zonas metropolitanas del país esto puede representar hasta 4 horas diarias.
Todos estos datos forman parte de una realidad que ha llevado incluso a México a estar al final de la tabla en las mediciones de Balance Vida-Trabajo de la OCDE.
Como se puede ver, la pobreza de tiempo es mucho más compleja de lo que parece. No se trata solamente de cuánto dura la jornada laboral, de cuánto tiempo nos consume el tráfico o de cuántas horas libres quedan al final del día.
En esta realidad intervienen las condiciones de trabajo, las brechas de género en las tareas domésticas y de cuidados, los ingresos, el acceso a servicios y hasta la manera en la que están diseñadas las ciudades y sus sistemas de transporte. En otras palabras, también es un reflejo de varios de los rezagos sociales que existen en el país.
Por eso, difícilmente una nueva ley podrá erradicar por sí sola la pobreza de tiempo. Pues mientras los factores antes mencionados no cambien, para millones de personas la falta de tiempo seguirá siendo parte de su realidad cotidiana, no por mala organización, sino por las condiciones laborales, económicas y sociales que determinan cómo utilizan buena parte de sus días.
Ahora sí, ¿qué tan pobre de tiempo eres?