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Tacos de ojo: El ingrediente que muchos temen y 3 lugares en CDMX donde vale la pena probarlo
Su valor nutricional, sus mitos y su permanencia en las taquerías revelan una historia mucho más compleja que la simple curiosidad gastronómica.
En el universo de los tacos mexicanos existen ingredientes que despiertan consenso inmediato, como el pastor o el suadero. Sin embargo, también hay otros que generan sorpresa, curiosidad e incluso rechazo. Uno de ellos es el ojo de res, una pieza que durante décadas ha formado parte de los tacos de cabeza y que sigue siendo considerada una especialidad para conocedores.
Su presencia en mercados, fondas y taquerías tradicionales responde a una práctica profundamente arraigada en la cocina mexicana: aprovechar cada parte del animal. Mucho antes de que conceptos como sustentabilidad o desperdicio cero dominaran las conversaciones gastronómicas, los cocineros populares ya transformaban cortes poco valorados en platillos de enorme identidad cultural.
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El taco de ojo suele prepararse junto con el resto de la cabeza de res mediante largas horas de cocción al vapor o en hornos especiales. El resultado es una textura suave, gelatinosa y rica en sabor, características que lo distinguen de otros tacos y que explican por qué mantiene una clientela fiel pese a su fama de ser un alimento "extraño".
La llegada de millones de visitantes por el Mundial 2026 podría volver a colocar este tipo de preparaciones bajo los reflectores, particularmente entre los turistas que buscan experiencias gastronómicas auténticas más allá de los platillos más conocidos.
¿Es realmente bueno o malo para la salud?
Alrededor del ojo de res también circulan numerosos mitos. Uno de los más populares asegura que consumirlo ayuda a mejorar la vista. La creencia se remonta a antiguas tradiciones populares que asociaban el consumo de un órgano con el fortalecimiento de esa misma parte del cuerpo, una idea para la que actualmente no existe evidencia científica.
Desde el punto de vista nutricional, el ojo de res aporta proteínas, grasas y colágeno derivados de los tejidos conectivos que rodean la cavidad ocular. También contiene minerales presentes en las distintas estructuras que integran esta parte del animal. No obstante, como ocurre con otras piezas de casquería, también puede aportar cantidades importantes de colesterol y grasa animal.
Especialistas en nutrición señalan que su consumo ocasional no representa un problema para personas sanas, siempre que provenga de establecimientos que cumplan con condiciones adecuadas de manejo e higiene. El verdadero riesgo no está en el ingrediente en sí, sino en los excesos o en una preparación deficiente.
Más allá de los prejuicios, el taco de ojo de res continúa siendo uno de los ejemplos más claros de cómo la gastronomía mexicana ha sabido convertir ingredientes poco convencionales en expresiones culinarias con identidad propia. Para algunos seguirá siendo un reto gastronómico; para otros, una de las joyas ocultas del repertorio taquero nacional y por eso aquí te dejamos tres opciones que ya probamos.
Tacos de ojo
Tacos de Tripa y Cabeza de Res
Para muchos conocedores del Centro Histórico, este es uno de los templos obligados para probar tacos de cabeza. Aquí el taco de ojo conserva toda su esencia: suave, untuoso y con una textura que prácticamente se deshace en la boca. La experiencia comienza desde el momento en que el taquero pregunta si se desea "con pestaña y lagaña", una frase que se ha convertido en parte de la leyenda del lugar.
Las salsas son protagonistas absolutas y elevan cualquier taco. El consejo de los habituales es comenzar con el consomé de cortesía que acompaña la orden y después pedir un taco de ojo finamente picado. La combinación del caldo caliente con los sabores concentrados de la cabeza de res convierte cada visita en una experiencia memorable.
Dirección: República de Uruguay 26, Centro Histórico de la Ciudad de México, Centro, Cuauhtémoc, 06010 Ciudad de México, CDMX.
Los Cocuyos
Pocas taquerías mexicanas han alcanzado la fama internacional de Los Cocuyos. Sus apariciones en medios de comunicación y programas gastronómicos han convertido a este pequeño local del Centro Histórico en una parada obligada para viajeros nacionales y extranjeros que buscan probar algunos de los tacos más tradicionales de la ciudad.
Entre todas las opciones de cabeza, el taco de ojo destaca por su textura sedosa y su sabor profundo. Aquí la recomendación es simple: pedirlo picado en cuatro partes, agregar únicamente limón y una pizca de sal para apreciar plenamente sus matices. Es una preparación que demuestra por qué los tacos de cabeza siguen siendo uno de los grandes tesoros de la cocina popular mexicana.
Dirección: Simón Bolívar 59, Centro Histórico de la Ciudad de México, Centro, Cuauhtémoc, 06000 Ciudad de México, CDMX.
Tacos Don Fello
En el corazón de Coyoacán se encuentra una de las taquerías más queridas por generaciones de capitalinos. Don Fello lleva décadas alimentando a vecinos, estudiantes, artistas y visitantes que recorren las calles de uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad.
Su taco de ojo es una muestra de tradición bien ejecutada. Finamente picado para lograr una textura uniforme, encuentra el complemento perfecto en la salsa verde de la casa, una preparación que aporta frescura y un picor equilibrado. Para muchos clientes habituales, se trata de uno de los mejores tacos de cabeza que pueden encontrarse en el sur de la Ciudad de México.
Dirección: Higuera 30, La Concepción, Coyoacán, 04020 Ciudad de México, CDMX.