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Bistronomie

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Los panes de la resistencia: La historia detrás de las facturas argentinas

A finales del siglo XIX, los panaderos de Buenos Aires se organizaron para exigir mejores condiciones laborales. A esa protesta se atribuyen nombres como vigilantes, sacramentos y bolas de fraile, que ahora forman parte de los desayunos argentinos.

En Buenos Aires se puede desayunar un vigilante, "comerse las bolas de un fraile" y pedir un sacramento para acompañar el café. También hay cañoncitos y bombas, aunque ninguno representa una amenaza. Son algunas de las facturas argentinas, una variedad de panes dulces y piezas de pastelería cuyos nombres tienen una historia que se remonta a las primeras luchas obreras del país.

Detrás de estas preparaciones hay una tradición de resistencia vinculada con los panaderos anarquistas de finales del siglo XIX, inmigrantes europeos que llevaron a Argentina sus oficios, recetas e ideas políticas, asegura el Ignacio Heredia, guía turístico en Buenos Aires. En una época de largas jornadas de trabajo y escasos derechos laborales, aquellos trabajadores se organizaron para enfrentar a sus patrones y cuestionar a las instituciones del poder.

La explicación más difundida sostiene que también encontraron una forma de protesta en los alimentos que elaboraban: bautizaron algunas piezas con nombres que ridiculizaban a la Iglesia, la Policía y el Ejército.

Facturas argentinasConfitería la Ideal

Una revolución entre harina y hornos

Para encontrar los antecedentes de esta historia hay que regresar a la Buenos Aires de 1887. Argentina recibía inmigrantes europeos que transformaban la vida económica y cultural de la ciudad. Entre ellos llegaron panaderos italianos y españoles, junto con militantes socialistas y anarquistas que comenzaron a organizar a los trabajadores.

Uno de los protagonistas fue Ettore Mattei, un inmigrante italiano que participó en la creación de la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos. Su organización se constituyó formalmente el 18 de julio de 1887 y tuvo su primer acto público el 4 de agosto, fecha que más tarde se convertiría en el Día del Panadero en Argentina.

En aquel proceso también participó Errico Malatesta, una de las figuras más influyentes del anarquismo europeo, quien redactó los estatutos de la sociedad. 

La asociación proponía algo que entonces representaba un desafío: reunir a los trabajadores para negociar colectivamente sus condiciones laborales y recurrir a la huelga cuando fuera necesario.

La primera gran prueba llegó en enero de 1888. Los panaderos exigieron un aumento salarial del 30%, pagos semanales, mejores condiciones de alimentación y la eliminación del trabajo nocturno. Los propietarios se resistieron y el conflicto terminó en una huelga que consiguió importantes concesiones.

Confitería La Ideal, Buenos Aires ArgentinaConfitería La Ideal

La protesta trascendió el gremio. Su capacidad de organización se convirtió en una referencia para otros trabajadores y contribuyó al desarrollo del sindicalismo argentino.

La Iglesia, la Policía y el Ejército, en el mostrador

Las bolas de fraile son probablemente el ejemplo más provocador. Se trata de masas redondas, fritas, espolvoreadas con azúcar y frecuentemente rellenas de dulce de leche o crema pastelera. Su preparación está emparentada con las berlinesas europeas, pero el nombre argentino adquiere otra lectura: una burla contra el clero.

En esa misma línea aparecen los sacramentos, piezas de masa con distintas variantes y rellenos, y los llamados suspiros de monja. Sus denominaciones se interpretan como expresiones del anticlericalismo de los trabajadores anarquistas.

La Policía tampoco escapó. Los vigilantes, facturas alargadas que pueden llevar membrillo o crema pastelera, habrían recibido su nombre en alusión a los agentes del orden. Una interpretación relaciona su forma con los bastones policiales utilizados para reprimir manifestaciones.

Para el Ejército quedaron los cañoncitos, tubos de masa hojaldrada rellenos habitualmente de dulce de leche, y las bombas, piezas redondas que suelen contener crema pastelera.

El repertorio incluye referencias menos combativas. Los libritos, pequeños panes elaborados mediante pliegues de masa, suelen asociarse con la importancia que los anarquistas concedían a la lectura y la educación. 

Confitería La IdealConfitería La Ideal

La intención atribuida a aquellos panaderos era sencilla: convertir alimentos cotidianos en pequeñas provocaciones contra las instituciones que cuestionaban. Una forma de irreverencia que podía llegar hasta la mesa de quienes nunca habían participado en una protesta.

Por qué en Argentina se llaman facturas

La propia palabra factura encierra otra particularidad del vocabulario gastronómico argentino. Mientras en México hablar de una factura remite generalmente a un comprobante fiscal, en Argentina también identifica a una familia de productos de panadería dulce que incluye medialunas, vigilantes, sacramentos y otras preparaciones.

La palabra está relacionada etimológicamente con el latín factura, derivado de facere, hacer. Algunas narraciones populares atribuyen a los trabajadores anarquistas su utilización para reivindicar el trabajo manual.

El dulce de leche terminó por convertirse en uno de sus rellenos más reconocibles, junto con la crema pastelera y el membrillo. Las medialunas, por ejemplo, se consolidaron en versiones de manteca y de grasa, que todavía forman parte de los desayunos y meriendas del país.

Confitería La IdealConfitería La Ideal

En las panaderías porteñas, estas piezas se venden individualmente o por media docena y docena. Acompañan el café con leche, pero también el mate, bebida que ocupa un lugar central en los encuentros cotidianos de los argentinos.

Hoy, quienes compran una docena de facturas en Buenos Aires probablemente no piensan en huelgas, anarquismo ni confrontaciones religiosas. Eligen entre masas fritas, hojaldres y rellenos de dulce de leche. Los nombres permanecen, aunque su sentido político se haya desdibujado.

Periodista gastronómica. Ha colaborado en medios como Reforma, Uno Tv, Revista Fortuna, Contralínea, El Universal, Food and Travel y El Heraldo de México, en donde fundó en 2017 Gastrolab, ganador de Mejor Medio de Comunicación gastronómica en 2023 por Vatel Club México. Ganadora de la beca Women Deliver 2019.

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