Lectura4:00 min
Día Internacional del Café: México se afirma como potencia cafetalera
El país se mantiene entre los grandes productores mundiales, con una cosecha prevista de 4.1 millones de sacos para el ciclo 2026/27. Mientras el soluble domina el consumo, crecen el tostado, los microlotes y las bebidas de especialidad.
Cada 1 de octubre se conmemora el Día Internacional del Café, una fecha que en 2026 adquiere mayor relevancia: la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció oficialmente esta celebración para destacar el valor económico, social, ambiental y cultural de la bebida, así como el trabajo de quienes participan en su cadena productiva.
México llega a la celebración como uno de los grandes países cafetaleros. El informe Coffee Annual 2026, elaborado por el Servicio Agrícola Exterior del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), proyecta una producción nacional de 4.1 millones de sacos de 60 kilogramos para el ciclo 2026/27, alrededor de 1% más que en el periodo anterior.
Te puede interesar
La cafeticultura nacional tiene su núcleo en Chiapas, Veracruz y Puebla, estados que concentran más de 80% de la producción, de acuerdo con el USDA. El organismo calcula que 85% del café producido en México corresponde a la especie arábica y 15% a robusta, esta última con una presencia creciente por su resistencia y por la demanda de la industria del café soluble.
El Día Internacional del Café
Detrás de esas cifras existe una cadena con fuerte impacto rural. La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural estima que alrededor de 500,000 personas productoras trabajan el café en el país. La actividad se extiende también por Oaxaca, Guerrero y otras entidades, con cosechas que dependen de la altitud, el clima, el suelo, la variedad y los procesos realizados después del corte.
Del soluble al café de especialidad
México no solamente produce café: también transforma su manera de beberlo. Para el ciclo 2026/27, el USDA prevé un consumo interno de 3.17 millones de sacos de 60 kilogramos, 1% más que un año antes. De ese total, 1.82 millones corresponderían al soluble y 1.35 millones al tostado y molido; es decir, el instantáneo conservaría cerca de 57% del mercado.
La fotografía de los hogares confirma esa convivencia. Un análisis publicado en 2025 por Worldpanel by Numerator señala que el café está presente en 97% de los hogares mexicanos, aunque el promedio es de cinco tazas por persona a la semana y el consumo anual alcanza 2.1 kilogramos por hogar. El mismo estudio indica que solamente tres de cada diez hogares compran café tostado y molido.
El soluble sigue ganando por precio, rapidez y facilidad de preparación, pero la oferta se ha ampliado. El espresso, el filtrado, las cápsulas, el cold brew, las bebidas listas para tomar y los cafés de origen único acercan al consumidor a distintas intensidades, aromas, acidez y cuerpo.
A la par, el café de olla, preparado tradicionalmente con canela y piloncillo, conserva una expresión propia de la cocina mexicana. Su presencia en fondas, mercados, restaurantes y puestos callejeros demuestra que el café también forma parte de la memoria gastronómica del país.
Café de olla
El origen también se bebe
La relevancia del café mexicano no depende únicamente de su volumen. El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial reconoce las denominaciones de origen Café Veracruz y Café Chiapas, figuras que vinculan al producto con un territorio, condiciones naturales, saberes agrícolas y métodos de transformación específicos.
En cafeterías y barras especializadas, el origen comienza a comunicarse como sucede con el vino: se habla de finca, altitud, variedad, beneficio, tipo de fermentación, tueste y método de extracción. El USDA identifica un mayor interés urbano por microlotes, cafés de origen único, suscripciones y productos de especialidad.
El Día Internacional del Café permite mirar más allá de la taza. México tiene escala productiva, diversidad regional y dos denominaciones de origen; el reto es convertir esos atributos en mayor valor para quienes cultivan el grano y en consumidores capaces de reconocer su procedencia. Del soluble cotidiano al microlote servido en una barra, cada presentación forma parte de una cultura cafetera que continúa creciendo.