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Por qué la Cuaresma convirtió la cerveza en “comida líquida” y la hizo más fuerte
La Cuaresma le dio una misión a la cerveza sostener al cuerpo cuando el plato era más ligero. En esa tensión nacieron y se popularizaron cervezas más densas.
La Cuaresma no sólo ordenó qué no comer: reorganizó la manera de llegar al final del día. Cuando la carne se retiraba de la mesa y las porciones se vigilaban con ojos de calendario, el hambre no desaparecía: cambiaba de forma.
En ese territorio de concesiones, la cerveza dejó de ser compañía y empezó a comportarse como herramienta. No bastaba con beber; había que sostenerse. Por eso, en ciertos rincones de Europa —especialmente en Baviera— la cerveza se volvió más densa, más maltosa, más fuerte: una respuesta líquida a un ayuno que, en la práctica, también era físico.
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“Lo líquido no rompe el ayuno”
El punto de quiebre fue menos teológico de lo que suena. En la tradición cristiana occidental circuló una máxima latina —liquidum non frangit ieiunium— que resume una idea funcional: beber no equivale a comer dentro de ciertas reglas de ayuno.
Esa frase se volvió una especie de llave cultural. Si el ayuno era un marco, lo líquido era un pasadizo. Y la cerveza —hecha de grano, con calorías, con cuerpo— era el tipo de líquido que podía hacer el trabajo de la comida sin llamarse comida.
Lo importante no es la frase en sí, sino su consecuencia: permitió que, en contextos monásticos y urbanos, la cerveza se defendiera como “permitida”.
Cerveza bock
Para convertirse en “comida líquida”, la cerveza tenía que cambiar de perfil. No alcanzaba con lo ligero. La Cuaresma empujó una preferencia por cervezas que abrazaran: más malta, más densidad, más sensación de alimento. En Alemania existe incluso el nombre para ese uso: Lentbier o Fastenbier, literalmente cerveza de Cuaresma o de ayuno, vinculada a la idea de atravesar la restricción con un líquido sustancioso.
Más malta significa más materia prima fermentable, más cuerpo, más intensidad. Es una bebida que pesa. La cerveza dejó de ser un vaso al lado del pan.
Baviera y el linaje “bock”
En esa evolución, el universo bock es clave. Su historia se remonta a Einbeck (norte de Alemania) y luego se adopta en Baviera, donde el estilo gana identidad propia y se asocia a celebraciones y temporadas. Con el tiempo, aparece una relación explícita con momentos del calendario religioso: ahí entra el llamado “Lentenbock” (bock de Cuaresma), una forma de nombrar el vínculo entre cerveza fuerte y ayuno.
Stout
Lo que empezó como lógica de supervivencia terminó como calendario festivo. En Múnich, marzo es Starkbierzeit: temporada de cerveza fuerte, a la que se le llama la “quinta estación” de la ciudad. La tradición se atribuye a monjes que elaboraban cerveza fuerte y nutritiva para “pasar” la Cuaresma.
La Cuaresma, incluso para quien no la practica, dejó un efecto colateral: un tipo de cerveza que apareció para quedarse.