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Bistronomie

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El costo oculto de abrir un restaurante en una plaza: hasta 30% más por “guante”

El costo oculto de abrir un local en centros comerciales no está en la cocina ni en la renta, sino en pagos adicionales como el “guante” y la renta variable, que presionan la viabilidad de nuevos negocios.

Abrir un restaurante en México ya no es solo una inversión en cocina, personal y renta. Detrás de la cortina de cualquier plaza comercial o zona comercial famosa existe un costo poco visible que puede definir el éxito o fracaso de un negocio: el llamado “guante” o traspaso, un pago adicional que, en muchos casos, se exige simplemente por ocupar un espacio con flujo de clientes.

“Al final te están cobrando por la gente que ya tiene la plaza. Es un costo que se suma a la renta y que no siempre tiene una justificación clara”, explica Ricardo Alberto Aguilar López, gerente de Burguerón en Patio Revolución.

Este pago, que puede alcanzar cifras equivalentes a varios meses de renta, se convierte en una barrera de entrada, especialmente para pequeños y medianos empresarios. En un contexto donde el sector restaurantero ya opera con márgenes ajustados —con costos de alimentos, nómina y servicios al alza—, este tipo de cobros presiona aún más la rentabilidad desde el primer día.

El costo que no se ve: pagar por vender

El problema no termina en el “guante”. Una vez dentro, muchos contratos incluyen esquemas de renta variable: un porcentaje adicional sobre las ventas que el negocio debe pagar si supera cierto nivel de ingresos.

“Además de la renta fija, si vendes más, tienes que pagar un porcentaje extra. Es decir, la plaza gana contigo cuando te va bien, pero tú asumes el riesgo cuando te va mal”, señala Aguilar.

Comida y restaurantesCortesía

Este modelo implica que el arrendador prácticamente asegura ingresos en cualquier escenario. Si las ventas son bajas, el negocio paga una renta base; si son altas, paga más. Para los operadores, esto se traduce en una estructura donde el crecimiento no necesariamente se convierte en mayor utilidad.

De acuerdo con estimaciones del sector inmobiliario comercial, estos esquemas pueden elevar el costo total de ocupación entre 15% y 30% adicional sobre la renta base, dependiendo de la plaza y el contrato.

Pero el golpe más fuerte está en el punto de entrada. Luis Chaparro, integrante de un grupo restaurantero, advierte que este modelo no solo encarece la operación: directamente frena la expansión. “Sin la capacidad de cubrir estos pagos iniciales, acceder a espacios comerciales se vuelve prácticamente imposible”, afirma.

En su experiencia, el costo puede ser prohibitivo desde el primer contacto. “Nos han llegado a pedir hasta 4 millones de pesos de guante por un local de comida rápida en una plaza al norte de la ciudad con alto flujo de visitantes”, señala. La cifra, por sí sola, rompe cualquier modelo financiero, pero no es el único gasto.

A ese monto se suman la renta mensual, depósitos, fianzas y un periodo de acondicionamiento que puede extenderse hasta 2 meses, tiempo en el que el negocio ya paga sin haber abierto. Es decir, el restaurante comienza a perder dinero antes de vender su primer platillo.

“Simplemente no salen los números”, resume Chaparro. El resultado es un sistema que no solo encarece la operación, sino que limita la competencia y redefine quién puede —y quién no— operar en los puntos más estratégicos de la ciudad, privilegiando a grandes grupos con músculo financiero sobre proyectos independientes.

Ubicación, flujo y desigualdad dentro de la misma plaza

El precio del metro cuadrado dentro de un centro comercial tampoco es homogéneo. La ubicación —planta baja o niveles superiores— puede duplicar o incluso triplicar el costo.

“Planta baja está llena, pero la gente no siempre sube. Por eso arriba es más barato. En nuestro caso, muchos clientes ni siquiera sabían que había comida en ese nivel”, explica Aguilar.

Esta dinámica genera una desigualdad operativa: locales más caros tienen mayor visibilidad, mientras que los accesibles requieren inversión adicional en posicionamiento para atraer clientes.

RestaurantesFreepik

Más allá de la renta: permisos, horarios y operación restringida

A estos costos se suman restricciones operativas. Las adecuaciones de los locales deben realizarse en horarios nocturnos —generalmente de 23:00 a 11:00 horas—, lo que incrementa costos de construcción y logística.

“Todo requiere permiso. No puedes simplemente adaptar tu cocina cuando quieras. Hay reglas estrictas para no afectar al flujo de visitantes”, señala Aguilar.

Una barrera silenciosa para crecer

En un país donde, según datos del INEGI, más del 90% de las unidades económicas son micro y pequeñas empresas, estos costos adicionales se convierten en un filtro silencioso que limita la expansión del sector gastronómico.

La paradoja es clara: mientras los centros comerciales buscan atraer oferta gastronómica para incrementar su tráfico, los modelos de cobro pueden desalentar precisamente a quienes buscan abrir nuevos conceptos.

“Si ya estás pagando renta, personal, insumos, ¿por qué pagar también por un espacio que no te están heredando? Es algo que debería revisarse”, concluye Aguilar.

En la ecuación del negocio restaurantero, el reto ya no solo está en vender, sino en sobrevivir a una estructura de costos donde abrir la cortina implica pagar, desde el inicio, mucho más que una renta.

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