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Arte e Ideas

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K-pop, reguetón y darkwave: tres tribus tomaron la Magdalena Mixhuca

Crónica urbana: de los “brillosos” a los góticos. Entre fans de BTS desesperadas por conseguir boletos, adolescentes listas para perrear con Cris MJ y seguidores de Lebanon Hanover vestidos de negro, una noche caótica en la Ciudad de México reveló cómo distintas identidades musicales conviven en las mismas calles.

Las ARMY–fans, los “brillosos” y los góticos hicieron sentir su presencia en la ciudad este fin de semana en los conciertos de BTS, Lebanon Hanover y Cris MJ. .foto: especial

El pasado fin de semana fue uno de los más eclécticos y entrópicos pero también de los más serendípicos que han irrumpido en este monstruo inconmensurable llamado Ciudad de México.

Los hechos y las personas de este texto fueron recogidos entre la línea café del Metro de la Ciudad de México y en las inmediaciones de la estación Velódromo, así como sobre una colapsada avenida Añil y también a pie de calle en un Circuito Interior anegado por completo, todo en la Magdalena Mixhuca, en las arterias que circundan un punto clave de esta urbe, destinado para los grandes espectáculos.

Todavía es hilarante la manera en que los mexicanos nos burlamos de nuestro surrealismo. Decimos que “tiene a la IA trabajando a marchas forzadas” frente a este titán del sinsentido donde, con todo el sentido del mundo, “se compran colchones, tambores y refrigeradores”.

Muchas de esas peculiaridades florecieron entre el gentío que el sábado reciente, desde media tarde, comenzó a irrigar esta zona donde, de por sí, las palabras vial y caos son más que complementos. Y es que en cuestión de un par de manzanas urbanas, entre el Estadio GNP y su vecino, el Palacio de los Deportes, ocurrieron a la vez tres eventos de amplísima convocatoria y públicos distintos.

Armadas con “Dynamite

De un lado estaban las fans del fenómeno de masas más importante del mundo en la actualidad, la banda coreana BTS, las ARMY, un ejército de jóvenes ataviadas con photocards coleccionables de su integrante favorito y, por supuesto, el peluche correspondiente, en el entendido de que cada uno de ellos es representado por un personaje tierno: Cooky, de Jungkook, o Tata, creado por V, por ejemplo. Y no pocas llevaron consigo su Army Bomb, un set luminoso que la gran mayoría posee y cuyo fulgor combinado en el público ya instalado sobre las gradas del GNP fue perceptible desde muchos puntos en aquel lado de la otrora región más transparente del aire.

Del otro, adolescentes que caminaban rumbo al concierto del que quizás es el cantante joven chileno más importante del momento, Cris MJ, cuyo tema "Una noche en Medellín", de 2022, superó las 500 millones de reproducciones en Spotify y con eso alcanzó el top 10 global. No es decir poca cosa

En este lado de la Mixhuca abundaban los tenis de plataforma, los vestidos de lentejuelas, pero también las sudaderas de capucha y los tenis Jordan, y una explícita disposición para bailar hasta el suelo a la menor provocación.

De camino a las puertas del Palacio de los Deportes, se escuchaban las bocinas improvisadas de los puestos de mercancía ambulante y se imponía el reguetón del cantante chileno. Muchos de esos puestos mezclaban con singular alegría los artículos de BTS los de Cris MJ, por cierto, creador de temas como “Gata only” y “Si no es contigo”.

Pero más allá, deslizándose tímidamente iban otros grupos entre la multitud, aunque, curiosamente, también modelando zapatos de plataforma, pero éstos más bien de cuero o de vinil, mayoritariamente negros, acompañados por medias rotas o chamarras con estoperoles; muchos de ellos y ellas maquilladas “como muerto”. Se trató de los fans de la banda suiza-británica Lebanon Hanover, una agrupación referencial dentro de la escena gótica contemporánea, del darkwave al post punk, conocida por copiosos himnos al tánatos.

Todos estaban compartiendo el mismo territorio y las mismas estaciones del Metro, aunque para un ojo incauto parecerían habitantes de ciudades distintas.

Boletos de hasta 55 mil pesos

Fernanda y Claudia, madre e hija, cargaban una decepción que no terminó por apagarles el entusiasmo. No pudieron conseguir boletos para BTS. Contaron que, en su momento, por supuesto que intentaron entrar a la fila virtual, desde siete computadoras distintas, y aun así fueron derrotadas por el colapso digital, los bloqueos de Ticketmaster y una reventa que en ese momento les ofrecía entradas de hasta 55 mil pesos.

“Estamos seguras de que iba a haber mucha demanda, pero no que se pusiera así”, dijo la madre mientras esperaban a la salida del metro, frente a más puestos de mercancía improvisada y más grupos de fans que todavía buscaban entradas. “Te sobran boletos, te sobran boletos”, era lo único que se escuchaba alrededor. Abundaban los revendedores, la mayoría preguntaba por más boletos de los que ofertó.

La escena tuvo algo de peregrinación. Madre e hija recorrieron toda Ciudad Deportiva esperando encontrar “gente noble”, alguien que quisiera venderles un boleto de manera segura. La hija, fan desde 2015, recordó haber conocido al grupo cuando todavía no era el fenómeno global que es hoy. Su madre, en cambio, llegó a BTS por otra vía: acompañándola.

Con zapatos de plataforma

Apenas unos metros más adelante, el ambiente mutaba por completo. Danae y Yatziri esperaban el concierto de Cris MJ con esa mezcla de ansiedad y entusiasmo instantáneo que caracteriza a una generación criada entre las pausas de TikTok y playlists algorítmicas. Ambas lo descubrieron en videos cortos, a través de canciones que comenzaron a repetirse en el teléfono hasta quedarse instaladas en la vida cotidiana.

“Las letras y el ritmo”, respondieron casi al mismo tiempo cuando se les preguntaba qué les gustaba del cantante chileno.

Las acompañaba su mamá, quien aceptó entre risas que el reggaetón no era precisamente su género favorito, aunque ya se sabía varias canciones por pura convivencia doméstica. Ahora que ya estando dentro, en el concierto, “igual y ya se perrea hasta abajo”, bromeó.

Mientras el reggaetón encendía la avenida, el público de Lebanon Hanover parecía moverse bajo otra frecuencia emocional.

Luis Gerardo y Andrea hablaron de la famosa banda gótica como quien describe un refugio íntimo. La descubrieron hacia 2015 o 2016, cuando el grupo comenzó a circular masivamente en YouTube y playlists compartidas entre amistades. Lo suyo no era únicamente una estética oscura; había una identificación emocional con las letras, cargadas de desencanto, ansiedad y frustración política.

“Tienen una forma medio grotesca de explicar las cosas”, dijo Andrea, “y eso es con lo que me identifico”.

Paradójicamente, ambos coincidieron en que aquella música no los hundía en la tristeza, sino que funcionaba como alivio, como una manera de saber que alguien más también estaba agotado del mundo.

Y aun así, entre todos, no había hostilidad, apenas curiosidad. Tal vez porque la Ciudad de México lleva décadas perfeccionando esa convivencia improbable. Aquí, las tribus urbanas no se cancelan entre sí: se rozan, se mezclan en el Metro, coinciden en los puestos de comida y terminan atrapadas bajo la misma lluvia.

Aquella noche en la Magdalena Mixhuca no sólo ocurrieron tres conciertos multitudinarios. También se desplegó una postal bastante precisa de la ciudad contemporánea: adolescentes que encuentran refugio emocional en el K-pop, jóvenes que convierten TikTok en la banda sonora de sus vidas y aquellos que hallan belleza en la melancolía compartida. Tres escenas aparentemente irreconciliables coexistiendo en unas cuantas calles.

Y quizá ahí radique una de las formas más honestas de entender esta ciudad: no como un lugar donde todos se parecen, sino como uno donde millones de diferencias aprenden, a veces caóticamente, a avanzar juntas.

Víctimas voluntarias del algoritmo

Christian y Janelli también asistieron al concierto gótico. Apenas y llegaron para el inicio de la presentación. Aquella zona de la ciudad, dijo Christian, estaba de cabeza, y la entrada para el Pabellón era mínimamente perceptible.

Cristian contó que llegó a la banda por amistades, curiosamente, coincidió en que cierto algoritmo se ha encargado de unir nichos cada vez más específicos de públicos, ya sea en TikTok o en Facebook. Lo primero que conoció de la banda europea, comentó, fue “Gallowdance”, una canción de 2013 del disco “Tomb for two” (Tumba para dos). Ese tema fue el que lanzó a esta agrupación a la popularidad, y sucedió a través de YouTube, por ese video tan curioso en el que la integrante Larissa Iceglass, baila, o mejor dicho se balancea con la mirada perdida y una soga atada al cuello. Esa canción fue provocadora, pero impulsada por el algoritmo de hace más de una década.

Da para pensar todo lo que los algoritmos han contribuido a la conformación de tribus, primero digitales y luego urbanas, con códigos propios y una noción o un vínculo, aunque ahora wireless, de su propia membrana identitaria.

La asistencia

  • 65,000 personas, se estima que pudieron entrar al GNP

  • 40,000 personas o más, fuera del estadio, sin boleto

  • 20,000 personas bailaron hasta el suelo con Cris MJ

  • 3,000 personas, aproximadamente, se vistieron de negro

Fuente: Ocesa, Gobierno de la Ciudad de México

“Yo sabía que no eran momentos buenos para mi hija, y esos chicos, con las letras de sus canciones y todo lo que decían, la ayudaron mucho. Primero los escuchaba porque ella me enseñaba las coreografías o las canciones, pero después entendí por qué conectaba tanto con BTS”.

Fernanda, madre de Claudia, fans de BTS

“Está padre que haya tanta gente diferente aquí al mismo tiempo. Vienes en el Metro y ves a las fans de BTS, luego a los del dark y luego a nosotros para el reguetón. Son mundos súper distintos, pero todos vienen emocionados por lo mismo: escuchar música y pasarla bien”. 

Xóchitl, bailó hasta abajo

*** ***

“Hace rato, nos tocó investigar cómo llegar hasta aquí entre tantas personas y tantos eventos. Nos guiamos porque recuerdo que le dije: los brillosos van al de reggaeton y los góticos vienen para acá”.

Andrea, chica gótica

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