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Arte e Ideas

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Festival Cervantino: Entre la paz de las calles y la añoranza por la "Fiesta del espíritu", el balance extraoficial

A la espera de las cifras oficiales sobre el impacto económico del festival, las calles de Guanajuato debaten su verdadero balance: entre el alivio de quienes celebran la erradicación del desorden nocturno y la protesta de artistas locales que acusan una burocratización que asfixia la esencia callejera del evento.

Concluyó la Fiesta del Espíritu.Foto EE: Cortesía / David Magaña

Guanajuato, Gto.- El telón del Festival Internacional Cervantino (FIC) se cierra una vez más en Guanajuato capital. Mientras los datos oficiales, las cifras de derrama económica y la ocupación hotelera se reservan para la conferencia matutina de este lunes, en las calles se respira un balance distinto: uno que no se mide en millones de pesos ni en porcentaje de boletaje vendido, sino en opiniones encontradas.

¿Cómo se mide el éxito del Cervantino? La respuesta corta es simple: depende totalmente de a quién se le pregunte.

Al recorrer las plazas durante el último fin de semana del festival, la percepción social dibuja un mapa fragmentado de la identidad actual del evento. Por un lado, las juventudes que visitaron las explanadas disfrutan de una fiesta vibrante. Para muchos de ellos, ajenos a las comparaciones del pasado, la oferta actual es asombrosa y cómoda. "Es un espacio donde hemos encontrado propuestas culturales que ni sabíamos que existían", comentaban jóvenes entusiasmados entre foro y foro.

Sin embargo, para quienes han presenciado el festival a lo largo de las décadas, la sensación dominante oscila entre la nostalgia y el duelo. Existe la percepción de un Cervantino en agonía, despojado de la vida comunitaria que lo vio nacer.

El debate de la calle: ¿Arte popular o control urbano?

La grieta más profunda en la opinión pública radica en la presencia —o ausencia— del arte callejero y la vida nocturna en el espacio público.

Músicos y artistas independientes han alzado la voz contra las severas restricciones impuestas por las autoridades de fiscalización. Casos como el de Fran González, músico local que intentó tocar la jarana en el Campanero antes de ser retirado por agentes municipales, ilustran el malestar de un sector artístico que siente que el festival le ha dado la espalda a su origen.

"El Cervantino nació en las calles y plazas públicas con los Entremeses Cervantinos. Lo más bonito de tocar en la calle es la conexión directa con la gente; eso es el festival, no la faramalla burocrática en la que lo han convertido", señala el músico.

Por su parte Juan Carlos, quien interpreta el personaje “La leyenda urbana”, en las calles de Guanajuato comenta: “Nunca en los años que tengo en Guanajuato había visto tanta crisis en un Cervantino, es el fin de semana de cierre, se ve gente, pero como cualquier fin de semana normal, llevo hora y media aquí en las calles y llevo a lo mucho 70 pesos ganados, así las cosas”.

Esta visión es respaldada por voces como la de Ernesto Espinosa y ciudadanos como Francisco Manzano y Griselda Murguía, quienes coinciden en que la esencia del FIC residía en no necesitar un boleto para respirar arte en cada esquina, y que fue precisamente esa diversidad democrática la que le valió a Guanajuato títulos como el de Patrimonio de la Humanidad.

En el extremo opuesto están los locales que celebran la tranquilidad. Para muchos vecinos, el control estricto ha devuelto la habitabilidad a una ciudad que durante años llegó a ser tildada de "la cantina más grande del mundo". El paso de un festival masivo que dejaba las calles convertidas en basureros a uno con mayor orden público es visto por este sector como un triunfo necesario.

Calles de Guanajuato durante el FIC.Foto EE: Cortesía / David Magaña

La postura oficial y la defensa de la "cultura ordenada"

Ante las críticas por la pérdida del dinamismo popular, las autoridades locales defienden firmemente la estrategia de diversificación y ordenamiento.

La presidenta municipal de Guanajuato Capital, Samantha Smith Gutiérrez, sostiene que el festival mantiene intacta su esencia cultural, pero libre del desorden del pasado.

"El Festival nace de una esencia puramente cultural y artística. Ya no se ve gente tomando en la calle, pero eso por muchos años nos llevó a ser nombrados ´la cantina más grande del mundo´. Un festival cultural no busca gente que ande tomando en la vía pública; esto es algo que hemos venido controlando y regulando. Queremos un turismo amante de la cultura, y es lo que se ha logrado en esta edición", afirmó la alcaldesa, celebrando la ausencia de aglomeraciones conflictivas.

La gente le puso color al Cervantino.Foto EE: Cortesía / David Magaña

Un festival en transición

Entre quienes abogan por recuperar la calle a toda costa y quienes aplauden la erradicación del alcoholismo en la vía pública, emergen posturas intermedias como la de Miguel Pacheco, quien reflexiona que "el Cervantino no murió, lo que cambió fue la forma de verlo". Para este sector, la cantidad no es sinónimo de calidad, y aunque reconocen que el festival tiene asignaturas pendientes —como precios más accesibles y mayor apertura a actividades callejeras organizadas para jóvenes—, valoran el retorno de la prioridad a los escenarios culturales.

El lunes, los boletines oficiales anunciarán el éxito del Cervantino en números, porcentajes y gráficas. Pero en el corazón de la capital guanajuatense, la verdadera discusión sigue viva en cada esquina: si el Cervantino debe seguir siendo una "Fiesta del espíritu" que late en las calles libres o un festival de recintos cerrados e impecables. La respuesta, una vez más, seguirá dependiendo de a quién se le pregunte.

nelly.toche@eleconomista.mx

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

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