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Arte e Ideas

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El arte en la calle: La disputa por el alma libre y pública del Festival Cervantino

Mientras la compañía francesa Gratte Ciel presenta RoZéO y defiende el espacio público como un territorio político de libertad y sensibilidad, artistas independientes de Guanajuato se movilizan afuera del Teatro Juárez para exigir la apertura de las plazas y recuperar el espíritu libre que dio origen al Cervantino.

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La compañía francesa Gratte Ciel presentando su aclamada obra de circo vertical RoZéO.Foto EE: Cortesía / David Magaña

Nelly Toche

Guanajuato, Gto. — “La realidad de la sociedad no está dentro de las paredes cerradas de un teatro; está en la calle, en la mezcla social donde interactúan jóvenes, viejos, ricos y personas de todos los orígenes. Es el lugar donde reside la libertad”. Las palabras de Stéphane Girard, codirector de la prestigiada compañía francesa Gratte Ciel, no solo sintetizan la filosofía detrás de su aclamada obra de circo vertical RoZéO, sino que resuenan con fuerza en medio del clima festivo y a la vez combativo que se vive en el Festival Internacional Cervantino (FIC).

En esta edición del encuentro cultural, el debate sobre el papel de la vía pública como escenario vivo ha cobrado una vigencia urgente. Mientras agrupaciones internacionales de gran formato reivindican el arte al aire libre como una herramienta de resistencia contra la apatía y el consumo digital, en los portales y escalinatas de la capital guanajuatense los artistas locales alzan la voz para exigir la devolución de los espacios de los que —recuerdan— nació el propio Cervantino.

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La compañía francesa Gratte Ciel presentando su aclamada obra de circo vertical RoZéO.Foto EE: Cortesía / David Magaña

"No queremos la fuerza del poder; la calle es un combate de sensibilidad"

Fundada en Arles, Francia, en 2013, Gratte Ciel presentó en el cierre del Cervantino RoZéO, una de las puestas en escena más esperadas del programa. Elevar a sus acróbatas a seis metros de altura sobre delgadas varillas metálicas no es únicamente un despliegue de estética y danza aérea; es una decisión política y ética sobre cómo habitamos el entorno urbano y la naturaleza.

Durante la conferencia de prensa previa a sus presentaciones, tanto Stéphane Girard como la codirectora Camille Beaumier enfatizaron que el espacio público es el único territorio donde el arte conserva su gratuidad y su capacidad de conmocionar al transeúnte que no esperaba encontrarse con la belleza.

"En medio de un mundo de locura total, nuestro combate actual es presentar obras de sensibilidad para recordar que la emoción existe. No queremos la fuerza del poder; la única fuerza real debe ser la del amor", expuso Girard a El Economista. "Si no habitamos la calle de manera viva y luminosa, nos encerramos en casa a merced de las pantallas y los algoritmos. El arte en la calle le devuelve la emoción y la humanidad a la comunidad".

Por su parte, Camille Beaumier recordó que su formación artística se dio de manera instintiva en la vía pública, un lugar donde no existen barreras ni accesos restringidos: "Para mí nunca ha sido una opción encerrarme en un teatro. La relación directa con el público en la calle es una evidencia y un acto democrático".

La resistencia local

A unos metros de los escenarios oficiales, la postura del colectivo internacional contrasta y al mismo tiempo respalda la protesta que artistas locales han mantenido afuera del histórico Teatro Juárez. Músicos, actores, poetas, bailarines, artesanos, pintores y cineastas de la región se han dado cita con un reclamo unánime: la paulatina privatización y burocratización de los espacios públicos en Guanajuato.

Portando hojas con la leyenda "El arte en Guanajuato" y con consignas como "Teatro Libre en espacio Libre", la comunidad artística local denunció que durante años se les ha restringido el permiso para presentarse en las plazas, desplazando el espíritu callejero con el que la sociedad civil se apropió del festival en sus orígenes.

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La compañía francesa Gratte Ciel presentando su aclamada obra de circo vertical RoZéO.Foto EE: Cortesía / David Magaña

"Se quitó la esencia del arte en Guanajuato. Queremos espacios; hay muchísimo talento que incluso ha estado en escenarios internacionales, pero que siempre busca regresa a la calle, recordando donde está el público", señaló la creadora local Nayelli. "Tiene años que los permisos son condicionados y nos tratan como si fuéramos vendedores ambulantes. Eso nos restringe y nos impide estar presentes en las calles... Guanajuato tiene una escuela de artes y exigimos lugares para trabajar".

Entre el sonido de cornos, violines, jaranas y actos circenses improvisados, la artista Luisa remató la postura de la comunidad independiente: "Seguiremos alzando la voz en las plazas y en los espacios que hoy se nos han cerrado".

Un respiro colectivo para devolverle la voz a la comunidad

La coincidencia entre el discurso conceptual de RoZéO y la exigencia de los creadores locales deja en claro que el arte callejero no es un mero adorno o un entretenimiento secundario, sino el corazón palpitante de la vida cultural.

Tanto en las alturas con las bailarinas de Gratte Ciel oscilando al ritmo del viento como en el suelo firme con los músicos y actores que protestan en el Teatro Juárez, la lección de este Cervantino es la misma: Además de los grandes escenarios, la calle sigue siendo el foro donde toda la sociedad se encuentra, reconoce su vulnerabilidad y recupera su derecho a emocionarse colectivamente.

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Nelly Toche

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

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