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Un museo muy mexicano en Chicago
En el 2014 lo visitaron estudiantes de unas 1,200 escuelas locales ?y de otras partes de Estados Unidos.
Chicago, EU. El Museo Nacional de Arte Mexicano es considerado una joya de Chicago, al ofrecer una extensa muestra de 8,000 piezas de las manifestaciones artísticas que se dan en México, tanto de lo que se encuentra al sur de la frontera con Estados Unidos, como de lo que se tiene dentro de este país.
Mostramos el arte de los dos lados porque somos un solo México , explicó Carlos Tortolero, presidente y fundador del museo que fue inaugurado en 1987 en el corazón de Pilsen, uno de los barrios más mexicanos de Chicago.
La misión del local es mostrar la cultura mexicana como una sola, sin fronteras, indicó.
El recinto es único en su tipo al ser una institución privada que no persigue fines de lucro y al permanecer gratuito para sus visitantes y ser financiado exclusivamente a través de donaciones de fundaciones y compañías privadas.
Es también el único de arte latinoamericano en estar acreditado por la Alianza Americana de Museos de Estados Unidos, por lo que se maneja bajo los mismos estándares y prácticas que los grandes recintos culturales de ese país.
Tortolero, un mexicano que llegó a Chicago a los tres años, comentó que la idea le surgió por el deseo de mostrar a la comunidad anglosajona de Chicago y a los inmigrantes residentes la belleza de la cultura mexicana.
El propósito está siendo ampliamente cumplido. Tan sólo el año pasado estudiantes de unas 1,200 escuelas de Chicago y otras partes del Medio Oeste de Estados Unidos lo visitaron.
El edificio cuenta con una colección permanente de obras de artistas destacados y de arte folclórico y popular, incluyendo textiles, cerámica y pinturas, además de figuras de arte precolombino.
La gran mayoría de las piezas que se muestran han sido donadas y algunas de ellas son de artistas cotizados como los pintores Gunther Gerzso y Rafael Coronel.
Sin embargo, una de las piezas que más atrae a los visitantes es una obra que fue adquirida por el propio museo. La institución encargó a una pequeña comunidad indígena huichol la elaboración de un colorido mosaico de 3 metros de largo por 2 de alto, elaborado con más de 1 millón de chaquiras adheridas con cera a una tabla de madera.