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Arte e Ideas

Lectura 4:00 min

Un auténtico príncipe chiapaneco

Marco Aurelio Carballo: medio siglo de? vivir del periodismo y la literatura.

Hará cosa de tres meses un par de amigos me pidieron que los contactara con Marco Aurelio Carballo (MAC). Uno quería entrevistarlo y el otro que fuera jurado de un premio. Les di el teléfono de su estudio con la advertencia de que no contestaba llamadas de números que no reconociera. Les dije que dejaran grabado quién hablaba, para qué, sus datos, que yo los recomendaba y colgaran. Y que dos horas más tarde volvieran a marcar y, con seguridad, él les daría una respuesta.

A ninguno de los dos le contestó. Yo cogí entonces el teléfono y tampoco me respondió. Pensé que estaba de viaje y que se comunicaría una vez que estuviera de regreso.

Al mes recibí un correo electrónico en el que sólo mencionaba que un grupo de amigos, en un hotel de la zona Rosa, le harían un homenaje por sus 50 años de periodista y escritor. En la mesa se anunciaba a René Avilés Fabila, Rafael Cardona, David Martín del Campo y Patricia Zama, esposa de MAC y madre de los dos hijos de ambos.

Llegado el día, asistí a la reunión y me encontré al poeta Dionicio Morales que, luego de ponernos al tanto de nuestras vidas, le pregunté por MAC. No viene, dijo. ¿Por? ¿No sabes? ¿Qué cosa? Hace dos años le dio cáncer y no le gusta que lo vean enfermo, pero verá y oirá el homenaje vía Internet.

El golpe me afectó. Me quedé en silencio y mientras iniciaba la ceremonia, me gustó recordar a un Marco Aurelio grande, fuerte, con el cabello cano, las cejas y los ojos negros, el semblante duro, en apariencia serio y, en la intimidad, bromista, con la picardía de los periodistas de la vieja guardia, esos que renunciaron de Excélsior en el sexenio de Echeverría para comenzar, desde distintos impresos, el nuevo periodismo mexicano, del cual gran parte de mi generación es heredera.

David Martín del Campo moderó el homenaje y el primero en hablar fue Rafael Cardona, quien recordó, entre otras anécdotas, un conflicto de toda la vida de MAC. Éste le dijo: ya lo decidí, compadrito ; a lo que Rafael, filoso como siempre, le preguntó: ¿qué decidiste? . Voy a ser escritor aunque me muera de hambre. Compadre . Respondió entonces Cardona: ¿por qué si eres un gran reportero, te empeñas en ser un escritor mediocre? Pierde el periodismo y nada gana la literatura . Y Carballo, por supuesto, lo mandó al carajo esa vez y muchas más.

En este punto espero que Rafael esté equivocado, pues yo le publiqué a MAC en el 2010 su novela Últimas noticias, en la que combina las mejores técnicas periodísticas, esas que sólo se aprenden en el lugar de los hechos, en las redacciones de los periódicos y que no se enseñan en las escuelas, y los mejores recursos literarios para crear, a la postre, una novela hecha de muchas novelas y, a la vez, mostrar sin rubor los andamiajes de cómo se escribe una historia.

El segundo en hablar fue René Avilés Fabila. Carballo, comentó, es un hombre discreto, aunque a él le agrada verse como selvático, hosco, poco afecto a los círculos intelectuales. Ha preferido a su familia y a sus amigos, de hecho, casi todos colegas periodistas. Por ahora está enfermo, pero como varios dijeron, deseamos que se defienda con la misma rudeza con que vivió y siga escribiendo reportajes memorables, sus ingeniosas turbocrónicas y, en fin, sus relatos a veces descarnados, realistas y siempre tomados del entorno que ha vivido y nutrido de los muchos libros leídos.

Al respecto puedo decir que, en el 2011, le publiqué otro libro: Biblia del narrador, en la que MAC señala: son puntos de vista de mis autores favoritos o de autores con gran capacidad para dar lecciones de narrativa. Ser autodidacto significa la independencia llevada al extremo, y su peor desventaja radica en el atraso con que halla, leyendo aquí y allá, lo que busca para evitar los errores comunes.

También en el homenaje hablaron escritores y periodistas que se encontraban entre el público, como la novelista Mónica Lavín y muchos compañeros de vida de MAC. Patricia y sus dos hijos aguantaron los embates de tanto cariño con verdadero temple, y estoy seguro que Marco lo disfrutó. Hace una semana me enteré de su muerte y, ahora, sólo quiero hacer eco de lo que le escribió Arturo Trejo Villafuerte: un gran amigo, generoso y siempre noble, un auténtico príncipe chiapaneco.

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