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Arte e Ideas

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¡Si nos dejan!: sí, mejor ahí los dejamos

La puesta en escena usa el cancionero nacional -en este caso, el de música ranchera- para contar una sencilla historia de amor.

Hay gente que siente añoranza de cualquier cosa con tal de que sea pasada. Eso y la cercanía de las fiestas patrias es la única justificación que se puede encontrar a un espectáculo como ¡Si nos dejan!

¡Si nos dejan! Es la segunda apuesta del productor Morris Gilbert y de Ocesa Teatro para crear un gran musical mexicano, después del moderado éxito de Bésame mucho.

Como aquella, ¡Si nos dejan! usa el cancionero nacional (en este caso, el de música ranchera) para contar una sencilla historia de amor. Demasiado sencilla, debo decir, apenas un esbozo de trama en el que con calzador va entrando el hit parade charro: desde "El pastor" a "Me he de comer esa tuna", pasando, por qué no, por la canciones de Juan Gabriel, las de "Chente" Fernández, y por supuesto las de José Alfredo Jiménez.

Como el ingenio no se aprecia mucho, para qué quebrarse la cabeza: el protagonista se llama José Alfredo, es pobre, parrandero, jugador y enamorado. La mujer que "le puede", que "lo trae de un ala", se llama Paloma, a la que por supuesto, en algún momento se le cantará "Paloma negra" y "Cucurrucucú, paloma" y cualquier otro lugar común ranchero que se le ocurra con ese nombre.

Y siguen los clichés: José Alfredo es pobre, Paloma es rica. Paloma es hija de un hacendado (al que le dicen "El rey", y ya se imaginará cuál canta), José Alfredo es un pastorcito. Casi no hace falta que cuente lo demás: lo hemos visto en incontables cintas de charros que, ya se sabe, tampoco son dechados de ingenio narrativo. Solo hay que agregar que por ahí sale la Catrina y que uno de los personajes de apoyo es un charro evidentemente gay.

Los intérpretes son, con el diseño de la producción, lo más rescatable de la puesta. Tanto Mariano Palacios (José Alfredo) como Leticia López (Paloma) son grandes cantantes que tienen frente a sí una brillante carrera en el incipiente (y pequeño, muy pequeño) mundillo de la comedia musical en México.

En resumen, ir a ver ¡Si nos dejan! solo valdrá la pena para aquellos que gusten mucho de la música de mariachi y que quieran pagar menos por dos horas y media de música y cursilería patriotera.

cmoreno@eleconomista.com.mx

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