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Arte e Ideas

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¿Quién dijo que en el arte del collage todo estaba dicho?

La creadora catalana Marta de los Pájaros se sincera: se necesita mucha resiliencia para subsistir haciendo lo que uno más ama en una época donde se ha precarizado tanto la práctica artística.

El arte de Marta de los Pájaros está cargado de una belleza sin igual y a su vez de un discurso cuidadosamente pensado, curado y presentado; su obra es una fiesta para el pensamiento cultivado y un deleite para la contemplación.

Considerada en Europa como una de las mejores en su estilo, Marta es una artista barcelonesa que utiliza el high end collage como medio para construir —y deconstruir—  ideas. La creadora reinventó y ha hecho suyo este arte.

Sus obras quieren salir de cuadro, botarse de la composición y ponerse a jugar con la vida real. Hay detrás un sistema creativo y un ojo bien desarrollados, capaces de salir a cazar imágenes.

Comparte que uno de sus hobbies es viajar y muchas veces visita librerías en donde encuentra enciclopedias o libros temáticos de plantas, aves, etcétera, mismos que adquiere porque sus imágenes, además de ser muy hermosas, formarán parte de su obra artesanal. Dicho de otra forma, es muy común observar sus piezas y no percatarse de que el collage contiene recortes de distintas editoriales y años. Muchas veces requiere de un bisturí para lograr cortes casi perfectos, aunque para ella nada es imperfectible.

¿Por qué creas arte?

El collage es la práctica que me permite confluir la vertiente teórica que define mi perfil artístico con la creatividad de la que soy portadora prácticamente desde que nací. El collage para mí es ese espacio, ese lugar en el que mi yo florece en toda su esencia.

¿Cómo empezaste a crear?

Desde siempre he sido una persona bastante creativa. De más joven me gustaba leer y luego plasmar las imágenes que me sugería el texto a través de collages y acuarelas. Más tarde me inicié en el interesante mundo de la cerámica, pero fue en un taller de collage en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona que supe que este era el medio plástico ideal para explorar a fondo. Practico exclusivamente esa técnica y de  forma constructivista. Elijo las imágenes de aquí y de allá, de tal forma que cuando se interrelacionan, a simple vista no parecen ser fragmentos dispares sino que todos los elementos de la obra parecen haberse creado para tocarse. Diría que mi estilo es un tanto particular, aparentemente es figurativo, pero en la mayoría de casos se incorporan elementos que sacan a flote la carga altamente conceptual.

¿De quién o qué te inspiras?

Mi fuente principal de inspiración radica en los recovecos que se encuentran en los textos en los que baso el discurso de mis obras. Las imágenes mentales, fruto del tejido creativo que se genera entre texto y pensamiento, son luego materializadas en la obra. Hay algunos artistas plásticos que sin duda me inspiran, en particular aquellos que generan espacios de asfixia conceptual, obras cargadas de mensaje a través de la propia saturación del aire ambiental. Ejemplo de ello son Giorgio de Chirico, Hammershøi, Magritte, Renny Tait, Isabella Cuccato.

¿Consideras que tu trabajo aporta algo al arte?

Yo no sé si mi trabajo aporta o no algo al arte, quiero pensar que de alguna forma u otra sí lo hace. Por encima de todo, mi arte es en esencia honesto. Escapa de toda superficialidad meramente estética para hacer eclosionar un mundo de pensamiento crítico que espera hacer reflexionar al espectador. Ser artista en los tiempos que corren implica vivir en permanente reto, para poder subsistir haciendo lo que uno más ama en un sistema en el que el sector del arte es, desafortunadamente, precario e inestable.

¿Qué enriquece tu trayectoria?

Los campos disciplinares de los que se ha llegado a nutrir. Creo que el mundo de hoy en día debería tender hacia la interdisciplinariedad más que a la especialización. Para generar contenido significativo es fundamental enriquecerse del mayor número de disciplinas posibles para acabar generando una obra poliédrica. Se necesita mucha resiliencia para conseguir una meta, pero uno no debería enfocarse únicamente hacia el objetivo, hay que apreciar también el proceso. Es en el camino, y no en el fin, donde uno encuentra el verdadero aprendizaje.

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