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PND y cultura: el peso de las palabras (I)
Desde la narrativa, elaborar políticas y programas de gobierno no es asunto de cualquier escribano; quien es responsable de la redacción, sabe qué valor y significado se revelan.
¿Quién tuvo la extraordinaria tarea de redactar el Plan Nacional de Desarrollo? ¿El Presidente Peña Nieto se encerró con él a leerlo? De los numerosos manuscritos que llegaron para la confección del mismo, ¿cuántas de las propuestas originales se conservaron? ¿Habrá más de un funcionario sorprendido al leer de lo que le responsabilizan? ¿Listos para cumplir?
Un puñado de gentes conoce las respuestas. Y otros tantos ven en este documento algo creíble, digno de ponderación, de representación simbólica y de valor de la cultura política del país que requiere juzgarse en sus virtudes y defectos. La percepción indica que una mayoría considera el Plan como un producto de escasa socialización. No convoca como elemento de cohesión social, no se descarga masivamente, no es para entregarlo en los hogares, no impone dinámicas académicas. Vaya, ni siquiera tiene que cumplir a carta cabal con lo que la Ley de Planeación le manda y, por lo mismo, no es memorable, prefiere olvidar los planes predecesores, los resultados de quienes le antecedieron. El ciclo sexenal otorga el milagro del renacimiento nacional.
En tal perspectiva, ¿quiénes concibieron y redactaron lo relativo a cultura? Respondo sin agotar lo que al ámbito de estudio me corresponde, la economía cultural. Para bien, es la primera vez que en este tipo de instrumentos de planeación el componente económico de la cultura adquiere tal reconocimiento, aun cuando lo haga sin el menor soporte conceptual, estadístico y pasando de lado la inclusión de la factibilidad cultural que señala la referida ley. Es por ello que los enunciados (metas, diagnóstico, objetivos, estrategias, líneas de acción) fueron redactados, si no por un conocedor del sector, sí al menos por quien lo advierte y que es cercano a las esferas hacendarias y de economía. Le dieron línea para mencionar esos compromisos. Si me equivoco y han sido escritos por un especialista de la esfera de la SEP y/o el Conaculta, y puestos sin alteración, lo celebro (habría de conocerse quién fue).
Abordemos algunos enunciados. Por ejemplo: Las actividades culturales aún no han logrado madurar suficientemente para que sean autosustentables . La dimensión del juicio es descomunal: yace la visión descarnada, a la vez que subjetiva, del trabajo cultural. Será de gran responsabilidad sostener la afirmación y cómo resolverla.
Otra sentencia de calado: Para ampliar el acceso a la cultura (...) es imprescindible situar a la cultura entre los servicios básicos brindados a la población . Para esto, se habrá ponderado una gama de productos y los subsidios que implicarán.
Sigamos: Dotar a la infraestructura cultural, creada en años recientes, de mecanismos ágiles de operación y gestión . Si esos años son los sexenios de la llamada transición, sólo puede ser la desregulación lo que permita crear unidades de economía social, lejos del fuero o disputa que los marcos legales determinan. Es indicar un nuevo modelo desde el propio Estado.
Así el Plan, vamos más lejos: Incentivar la creación de industrias culturales y apoyar las ya creadas a través de los programas mipymes . Ya de suyo el PND es ambiguo con la denominación de sector cultural. Aquí el Conaculta es sujeto al Instituto Nacional del Emprendedor, aunque éste no considere a la cultura dentro de los sectores estratégicos. ¿O se determinará un fondo mipyme cultural? Sólo Ildefonso Guajardo y Enrique Jacobs lo saben. Y Jacques Rogozinski y Enrique de la Madrid cuando se asienta: Se debe vincular la inversión en el sector con otras actividades productivas . Más acento economicista no se puede pedir de un jalón. ¿Lo harán a través de créditos, garantías e incentivos fiscales? ¿Al fin Luis Videgaray permitirá crecer el artículo 226 de la Ley del ISR? ¿Es la ampliación de la recaudación el detonante de este poderoso influjo de la economía cultural en el crecimiento del país?
Instalado casi en el paraíso, el PND promete educación financiera desde el nivel básico y medio (la artística quedó fuera): Crear vocaciones emprendedoras desde temprana edad para aumentar la masa crítica de emprendedores .
Los cómos vienen con plazo más que flexibles: el Programa Especial de Cultura y Arte, con su gigantesca batería conceptual y econométrica, tiene para presentarse, como otros, hasta abril del 2014.
eduardo.cruz@eleconomista.mx