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Ocho segundos salvan vidas
Un nuevo algoritmo podrá alertar a la ciudadanía sobre los movimientos telúricos que se generan dentro del territorio nacional.
A un año del temblor de magnitud 7.1 que sacudió parte del territorio mexicano, los esfuerzos por generar herramientas que permitan salvaguardar la vida de las personas continúan. Tal es el caso del nuevo algoritmo desarrollado por el doctorante del Instituto de Geofísica (IGf) de la UNAM, Armando Cuéllar, el cual permite a los habitantes del centro del país específicamente saber con unos ocho segundos de anticipación si se aproxima un sismo como el del 19 de septiembre.
Hoy sabemos que cualquier esfuerzo por alertar a la población ante la llegada de un sismo es de vital importancia, “quizá ocho segundos de ventaja pudieran parecer pocos en comparación con los dos minutos que se tienen cuando el origen del temblor está en las costas, pero son clave para que centros educativos, hospitales, sistemas de seguridad y la población en general tomen previsiones”, explicó Gerardo Suárez Reynoso investigador del IGf quien dirigió la tesis de Cuéllar.
Este algoritmo (conjunto de instrucciones detalladas paso a paso para resolver un problema o completar una tarea) corre a través de un software, que capta el movimiento telúrico tres segundos después de que se generó y determina, con menos información, si se requiere activar la alerta.
El algoritmo fue desarrollado principalmente por Cuéllar, y está basado en la información de 76 acelerogramas provenientes de 25 estaciones de monitoreo, para sismos ubicados a profundidades mayores de 40 kilómetros.
El software ya fue implementado por el Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires). Esta asociación civil es la que está encargada de operar la alerta sísmica con la que actualmente cuenta la CDMX.
Será de especial beneficio para las personas que viven en zonas más cercanas al epicentro y que usualmente no cuentan con un alertamiento temprano.
¿Por qué no sonó la alerta el pasado 19 de septiembre?
La actual alerta sísmica trabaja con algoritmos diseñados para utilizar dos tipos de ondas, por lo que para activarse depende de la llegada de ambas al dispositivo.
Suárez explica que durante un sismo se generan dos tipos de ondas similares a las producidas cuando cae una gota de agua en un vaso: la primaria, relacionada con la sacudida inicial que se propaga en todas direcciones y viaja muy rápido, usualmente percibida como un sonido grave y profundo, y la secundaria, que viaja a menor velocidad mientras se propaga deformando el material, y suele sentirse como un vaivén del suelo.
Cuando un sismo se origina en una costa, por ejemplo en Guerrero, hay 350 kilómetros de distancia y las ondas sísmicas viajan a una velocidad menor que las electromagnéticas, en las que se basan las comunicaciones; de ahí que la detección permita tener hasta 120 segundos de ventaja, como ocurrió en la ciudad con el sismo del 7 de septiembre del 2017.
En el ocurrido el 19 de septiembre del 2017, que se originó en el centro de nuestro territorio (Puebla) y a mayor profundidad, la segunda onda tardó mucho en llegar al sensor y por lo tanto no se activó la alerta de manera temprana. La alerta sonó casi al mismo tiempo, o poco después de que empezó el temblor debido a que el epicentro se registró muy cerca de la Ciudad de México.
Este nuevo algoritmo lo que hace es determinar con una sola de las ondas sísmicas si se debe activar la alerta o no, y así ofrece segundos de alerta temprana en territorios del centro, señaló Suárez Reynoso.
Considerando un movimiento en Puebla o Morelos, por ejemplo, a 89 kilómetros de distancia, es vital decidir sólo con la onda primaria la intensidad del movimiento y si se debe activar la alerta o no. “Nuestro algoritmo está calibrado para tomar una decisión dentro de los primeros tres segundos a partir del registro”.