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Arte e Ideas

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Marcapasos: Detestarse a sí mismo

Pienso como don Federico García Lorca, quien, palabras más palabras menos, afirmaba que los toros son la fiesta más culta de España

La semana pasada el Parlamento catalán en votación prohibió en Cataluña las corridas de toros a la usanza española -otras formas de tauromaquia, más populares en dicha comunidad, como el correbous (muy parecidas a las huaman­tladas de México) se quedaron fuera de la prohibición.

¿Qué quiere decir esto?

José Montilla, presidente de la Generalitat (en este caso, del gobierno autonómico de Cataluña), según nota publicada en El País catalán, ha pedido que la prohibición de los toros no se convierta en un nuevo conflicto entre Cataluña y España (28/07/10).

Y al día siguiente, Fernando Savater, en la versión digital de la revista El País, con su ironía habitual, escribió: ...no estoy de acuerdo en que (la nueva ley, que entrará en vigencia a partir del 2012) se trate de una toma de postura antiespañola. No señor. Todo lo contrario.

El Parlamento de Cataluña prohíbe los toros, pero de paso reinventa el Santo Oficio, con lo cual se mantiene dentro de la tradición de la España más castiza y ortodoxa .

Yo, que soy devoto del pensamiento y obra de García Lorca, el de los libros, no el de sus recitadores españolistas que suelen poner los pelos de punta a quienes los escuchan, pienso como don Federico que, palabras más palabras menos, afirmaba que los toros son la fiesta más culta de España.

Y agrego: toda prohibición, más si se trata de un hecho civilizatorio (Camilo José Cela, en declaraciones en noviembre de 1991, cuando se inauguró la entonces nueva plaza de toros de la Coruña, Galicia), es aberrante. Pero así son los separatistas de diversa calaña: se detestan tanto a sí mismos que se autoengañan creyéndose distintos -reafirmando con ello su estrechez de pensamiento, negando, también con ello, la libertad y voluntad de elección del otro.

La prohibición de Cataluña, que poco o nada tiene que ver con la supuesta protección a los animales -eso, lo de la protección , sólo lo creen quienes jamás han puesto un pie en una ganadería de bravo o en una plaza de toros, vamos, los que no han visto a un animal de lidia sino en la televisión-, y se enmascara en un fanatismo de identidad regionalista que, lejos de colocar a dicha comunidad más cerca de Europa, la aproxima a la peor España, la autoritaria y la que se niega a sí misma.

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