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Little Boy, hacer negocio y el bien
El cine virtuoso puede ser tan rentable como el violento.
La nueva película producida, escrita y dirigida por el dúo tamaulipeco formado por Eduardo Verástegui y Alejandro Gómez Monteverde, Little Boy, nos llena de esperanza en su tercera semana en salas de cine de todo el país. No sólo por su trama inspiradora y llena de humanidad, sino porque nos muestra que el cine virtuoso , por así llamarlo, puede ser tan rentable como el cine violento .
Además de ser un proyecto mexicano y fondeado por capital de familias mexicanas, la película fue grabada y filmada en México, en los estudios de Rosarito. Sin embargo, es protagonizada por los ingleses Emily Watson y Tom Wilkinson, ambos actores nominados a dos óscares.
Little Boy (El Gran Pequeño) es la historia de un niño de ocho años que vive en un pequeño pueblo en California y que sostiene una tierna y cercana relación con su padre, a quién repentinamente envían al frente de guerra.
Entristecido por la situación, el niño comienza a cuestionarse sobre lo que él puede hacer para propiciar que su papá regrese pronto a casa y movido por el poder de su fe está dispuesto a hacer todo para acabar con la Segunda Guerra Mundial.
Pepper, como se llama el pequeño protagonista de la historia, confía en que el poder de su mente, aunado a una pequeña lista de tareas que el sacerdote del pueblo le pone, podrán hacer que la guerra termine y su padre vuelva a casa sano.
Si bien la trama puede parecer ingenua o infantil, el discurso constante en la película es sobre la tenacidad, la buena voluntad y la fe en uno mismo.
Pero, más que la trama o la película en sí, llama la atención el argumento del productor para realizar la película. En entrevista para Panorama Online el 8 de febrero, Verástegui cuenta que en Estados Unidos los niños solamente destinan entre tres y seis minutos al día para tener una conversación significativa con sus padres, sin embargo pasan entre seis y ocho horas conectados a algún medio de comunicación. Esto significa que los medios pueden ser una gran herramienta para educar a los niños e infundir valores que les sean útiles en sus vidas.
Una tarea ambiciosa y loable, pero también arriesgada cuando consideramos que la producción de la cinta tuvo un costo cercano a los 20 millones de dólares y tomó cinco años para levantar los fondos y producirse.
Sin embargo, según el sitio The-numbers.com, a seis semanas de haber sido lanzada en Estados Unidos la cinta ha recaudado en cines un poco más de 6.3 millones de dólares. Nada mal para ser una película extranjera y producida por unos estudios independientes y jóvenes.
En México, en su tercera semana, la película distribuida por Videocine tiene cifras más alentadoras, pues ya ronda los 120 millones de pesos y una audiencia de 2 millones 700,000 personas. El pasado fin de semana, la película quedó en segundo lugar de recaudación después de la súper producción Terremoto.
La filosofía de Verástegui y Gómez Monteverde me parece admirable e inteligente en un mundo en el que las pantallas están saturadas de violencia, además de la que cotidianamente vivimos en las calles y los hogares. La productora de la cual son socios, Metanoia Films, tiene como propósito hacer películas que no sólo entretengan, sino que además inspiren y promuevan valores como el amor, la verdad y la compasión.
El caso de Little Boy, entre otras películas de este género que han aparecido en años recientes, nos recuerda que hacer negocio y al mismo tiempo hacer el bien es la mejor manera de hacer dinero.