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Arte e Ideas

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La paloma y el lobo, tratamiento sutil de la violencia

En este filme nominado en cuatro categorías del Ariel, el realizador propone una historia de amor permeada por la hostilidad que enfrentamos a diario en México.

“Anoche soñé que estaba muerta” es uno de los primeros diálogos de la película La paloma y el lobo, del director mexicano Carlos Lenin. Emitida con una indiferencia notable, la cinta preserva ese tono durante los casi 100 minutos que dura; un tono que representa una precariedad natural, asumida como determinante de la rutina. Sin embargo, pese a que la violencia permea todas las conductas de Paloma y Lobo —una pareja que intenta sobrevivir en medio de las consecuencias del narcotráfico en un pueblo en el norte de México— el tratamiento de la misma es sutil, casi invisible. 

La paloma y el lobo trasciende la representación explícita de la violencia y elige la creación de una atmósfera donde el sonido, la fotografía y el montaje contribuyen a señalar el encierro y la angustia que provoca en sus protagonistas el habitar en un lugar apropiado por el crimen, donde los traumas del pasado se manifiestan de maneras impredecibles y donde las más pequeñas acciones evidencian el hartazgo frente a lo que parece ser una forma de vida inamovible. 

La película de 2019 está nominada al Ariel en cuatro categorías: Mejor Ópera Prima, Mejor Actor, Mejor Fotografía y Mejor Sonido. Para profundizar en los elementos que la vuelven uno de los contendientes favoritos de este año, entrevistamos a su director. 

¿Cuál es tu relación con la historia que narra La paloma y el lobo?

Cada vez que regresaba de la Ciudad de México a Linares, Nuevo León, escuchaba historias de amor en las que persistían intentos por construir felicidad, pero que siempre se confrontaban con las balas y la sangre en el contexto de la violencia sistémica que enfrentaba el pueblo. Me parecía importante dirigir la mirada hacia estos espacios donde las caricias son necesarias. 

En ese sentido, ¿qué representa el amor en tu película?

En La paloma y el lobo el amor es una manifestación de resistencia. No me interesaba idealizar ni romantizar al amor como concepto, sino explorar al amor como una posibilidad de horizonte, de anhelo; incluyendo los silencios cansados de los personajes al recorrer el camino para experimentarlo. En la violencia a la que nos enfrentamos cada día (no solo la que dimensionamos con balas, sino también la falta de oportunidades, por ejemplo), debemos poner en el centro de nuestros cuestionamientos sobre la sociedad que queremos ser al agotamiento, a la importancia de mirar a alguien en silencio y a cómo aprender a amarnos con nuevos conceptos. 

¿Por qué optaste por un tratamiento formal tan sutil de la violencia?

Fue un acto de honestidad porque es resultado de cómo me siento yo afectado por la misma. Hace tiempo viví una mala experiencia en Linares: me levantaron cuando volví para visitar a los amigos. Tuve la suerte de que alguien me reconociera y por eso me dejaron ir, pero para mí no era tan evidente la forma en que la vida se había trastocado en el lugar hasta ese momento. Después, quedé con una desolación muy amplia y no recuerdo las imágenes específicas de las agresiones que viví, pero sí recuerdo el vacío cuando supe que iba a sobrevivir, aunque con miedo. Quería compartir mis horrores más elementales en relación a este tipo de acontecimientos y transformarlos en imágenes que estuvieran permeadas siempre de un carácter no solo anecdótico, sino plagado de todas las consecuencias que implica caminar una carretera de regreso a casa cuando sabes que nada en esa oscuridad te pertenece, y quizá alguna vez pensaste que te pertenecía porque viviste ahí. Esto empata con los espacios que filmé —tanto interiores como exteriores— porque me sugerían un discurso sostenido entre estos y la manera en que yo me sentía en relación a ellos. Por eso, plantear cierta distancia en la forma en que el relato se narra me pareció consecuente. 

Sobre todo tiene que ver con mi anhelo por comunicar y por reflexionar sobre lo que sucede en el país. Cuando contaba lo que viví sentía un extrañamiento en la gente, pero no una empatía que nos hiciera reflexionar. Por eso, las decisiones formales en la película buscan construir una atmósfera violenta que lo abarque todo, pero que no se convierta en espectáculo, sino que nos permita respirar y analizar lo que pasa en México a través de nuestras propias experiencias. 

¿Qué elementos del lenguaje cinematográfico aprovechas para esta finalidad? 

Me interesa jugar con las posibilidades del lenguaje cinematográfico desde mi identidad. Es decir, dejar que lo que hemos aprendido de los grandes cineastas se transforme al entrar en contacto con los espacios reales donde filmé, para no terminar parafraseando a otros autores, sino realmente construir una cinematografía auténtica. Es importante que como autores nos cuestionemos las posibilidades que emergen del lenguaje cinematográfico para definir de qué manera esas formas expresivas logran existir por determinado tiempo en ciertas regiones del mundo, sin imponer el lenguaje por encima de lo que los espacios proponen. 

Más allá de tu relación personal con la historia que relata La paloma y el lobo, ¿consideras que el cine mexicano deba mantener un compromiso con la violencia? ¿Debe replantearse su manera de retratarla?

Como cineastas debemos cuestionar las formas que decidimos emplear para narrar la violencia porque estamos aportando a la construcción de un imaginario. Sugiero que la violencia no sea un mero recurso dramático, sino una serie de posibilidades y de mecanismos formales que permitan la reflexión. Pienso que los realizadores saben cuándo la violencia que retratan en verdad los afecta y cuándo lo hacen como espectáculo, pero esa representación ya existe en otras plataformas, en el cine es recomendable identificar qué hacemos como autores con esa realidad. Por eso, defiendo la idea de mostrar menos para sentir más. La paloma y el lobo busca alejarse de una construcción dramática tradicional para hacer un ejercicio crítico sobre otro tipo de violencia que tiene que ver con complejidades que no son abstracciones, sino el día a día de muchas personas, y así volverlo algo más cercano. 

Reconocimientos y festivales

  • Selección Oficial de la 72° edición del Festival de Cine Locarno
  • Premio Swatch Art Peace Hotel en la 72° edición del Festival de Cine Locarno.
  • Exhibición en FICUNAM 2020, en la sección Ahora México
  • Premio Puma de Plata a Mejor Película de Ahora México, FICUNAM 2020.
  • Exhibición en el Festival Internacional de Cine de Los Cabos 2019
  • Premio Cinemex México Primero, Festival Internacional de Cine de Los Cabos 2019.
  • Exhibición en el Festival Internacional de Cine Tulum
  • Festival Internacional de Cine de Morelia
  • Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana

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