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La economía cultural de Carlos Slim
Los activos y las inversiones del empresario en el sector cultural pueden llegar a ser tan importantes como las que opera en telecomunicaciones y la construcción.
Los activos y las inversiones del empresario en el sector cultural pueden llegar a ser tan importantes como las que opera en telecomunicaciones y la construcción
Va junto con pegado. La noticia no es la apertura de la nueva sede del Museo Soumaya.
El acontecimiento radica en el despliegue de un modelo de economía cultural con el que Carlos Slim se hace visible con todo su potencial.
Sabemos que mediante fondos de inversión, la compra de acciones, a través de ciertos negocios y del mecenazgo, el acucioso coleccionista interviene, media, controla y opera con tal relevancia, que ya la Comisión Federal de Competencia, el Centro Mexicano para la Filantropía, la Cuenta Satélite de Cultura o bien los empeños de algunos estudiosos, habrán de transparentar el flujo de sus capitales y el peso que tienen en el sector cultural y otros transversales.
Veamos sólo atisbos en los que subyacen prácticas endogámicas. Los Soumaya se convierten en un cluster. De entrada, lo que les es intrínseco: el subsector de las artes plásticas.
Por ejemplo, la sede de Plaza Loreto habrá de intensificar los contenidos temporales que significan oportunidades para los creadores, con el enorme potencial de los miles de estudiantes de la UNAM y otros centros de educativos de la zona que de suyo copan dicho mall. La cadena de producción de una muestra es generadora de numerosos bienes y servicios, como detonante del mercado de obra.
El nuevo inmueble de Plaza Carso impone un mantenimiento cuyos insumos serán negocio, tanto como lo que se gastará en las pólizas de seguros en virtud de que se cotiza de manera distinta a como cuando se conservan en otro tipo de espacios.
Aunque no se cobre por entrar al museo, decisión alentada más por una coyuntura política que por generosidad (finalmente las miles de piezas que compró y seguirá adquiriendo es gracias al dinero de los clientes), el gasto corriente pega a distintos rubros cuyos precios terminarán por poner tope a la cuenta sin límites de la que se hace alarde. Y qué decir de la nómina de empleados, de curadores y especialistas en conservación con todo su paquete de implementos para el trabajo.
Experto cual es en detonar consumos por aglomeración, Carlos Slim coloca en la plaza un recinto multiusos para disputar o ampliar, según se le quiera mirar, el mercado de entretenimiento. Añade el impulso innovador de los Jumex y agrega otros servicios que consolidan el círculo virtuoso del todo en paquete. Semejante paradigma lo levanta en una de las zonas de mayor densidad de equipamiento cultural público y privado y a la vez, de concentración de riqueza, de caos vial e inmobiliario. Como si no fuera suficiente, reúne a una buena cantidad de sus empleados que por largo tiempo, al lado de sus familias, serán sus públicos y clientes.
Entre los haberes culturales del Grupo Carso destaca la más grande red de librerías del país, sembradas en la cadena Sanborns; las tiendas Mixup, enclave de otros tantos intereses del esparcimiento; la operación de teatros en alianza con CIE, el auditorio de la Universidad de Guadalajara y de salas de cine. Tiene sendas fundaciones, una de las cuales apoya diversos eventos y festivales en tanto la otra da cabida a los institutos de Educación (con el notable invento de la Casa Telmex), y de Salud (investigación para el asistencialismo y el negocio). Es dueño, salvaguarda y facilitador de numerosos inmuebles patrimoniales del Centro Histórico de la capital y al hacerse de Condumex, mantiene la labor del Centro de Estudios de Historia de México.
Tal imbricación no se puede abordar por separado al rol en las telecomunicaciones. Los componentes culturales se imponen de tal manera en la telefonía móvil, la Internet, los equipos de cómputo, en otros dispositivos y bienes dispuestos a través de numerosas tiendas, que por eso brindar televisión se torna crucial: más allá de lo aconsejado por Larry King, al medio le dará vida no sólo MVS, también el vasto catálogo de productores que no tienen cabida en Televisa, TV Azteca, Canal 28, en TV UNAM, Canal 22 u Once Tv. Y eso que no traemos a cuentas su red de intereses en Latinoamérica.
Al inaugurar el Museo Soumaya, Carlos Slim pone sobre la mesa una visión integral de la economía cultural que le sostiene; articula de manera más clara su propio andamiaje de políticas culturales, acentúa su rol dentro en dicho sector y perfila a mediano plazo su suerte de Conaculta: el Instituto Carso de Cultura, un poderoso aparato que determine aún más la vida cultural que quiere para México. Más que el duopolio y otros mandantes en la cultura de masas. Al tiempo.