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Festival de Bayreuth, parecido a un desastre
Una serie de pésimas decisiones por parte de los organizadores, pleitos entre directivos y, por qué no, incluso la mala suerte, terminaron por convertir el orgullo de Wagner, la catedral de su arte, en algo parecido a un desastre.
Ahora sí que se juntó la pena con el dolor , como dijera una vieja sentencia, aunque parece que una maldición peor que la de Monterone sobre Rigoletto ha caído sobre el Festival de Bayreuth, que debía celebrar en grande los 200 años de Richard Wagner y que lamentablemente ha fallado: una serie de pésimas decisiones por parte de los organizadores, pleitos entre directivos y, por qué no, incluso la mala suerte, terminaron por convertir el orgullo de Wagner, la catedral de su arte, en algo parecido a un desastre.
La última mala noticia (ojalá sea la última) es que el director de orquesta, el maestro Andris Nelson, que debía dirigir la ópera Lohengrin el 2 de agosto, se golpeó tan fuerte en la cabeza que le provocó conmoción cerebral. Esto sucedió durante los ensayos de la mencionada ópera, cuando Nelson chocó con una puerta y se abrió la cabeza. Cierto que esto suele suceder en el teatro y en la ópera, no es raro, pero lo que no es normal ni lógico es que a estas alturas no se tenga sustituto para la dirección de Lohengrin.
Pero éste es el más reciente eslabón de una cadena de tropiezos. Tal vez en ello tienen que ver quienes dirigen el mencionado festival: las biznietas de Richard Wagner, Eva y Katharina, quienes están tan enfrentadas, que ni siquiera se dirigen la palabra.
Esta vez, Katharina y Eva contra el protocolo de otros años no se apersonaron en la inauguración del festival, para recibir a la crema y nata de los wagnerianos del mundo (entre ellos, la canciller Angela Merkel), ni estuvieron presentes en el estreno de El Oro del Rin . La única explicación que dieron es que tenían muchos compromisos. Parece que Karl Marx tenía razón al describir como tan peculiar al clan Wagner, mismo que, según él, funcionaba a la manera de los Nibelungos.
Naturalmente que esta forma tan irregular de dirigir el Festival de Bayreuth, por no decir caótica, tiene su reflejo en las puestas en escena, en primerísimo lugar en El anillo del Nibelungo, pieza emblemática del festival, desde que fuera inaugurado por el mismo Wagner, en 1876.
Si bien es cierto que en Bayreuth las representaciones de ópera siempre han estado expuestas a las críticas del culto ciudadano alemán recordemos el abucheo en 2007 a la puesta en escena de Katharina Wagner, quien debutó aquí como directora con Los maestros cantores , las críticas no habían sido tan inclementes: no sólo abucheos y risotadas de burla, sino decenas de opiniones y notas negativas en la prensa europea. Hoy, para variar, las reseñas de la ópera Sigfrido (tercera parte de El Anillo del Nibelungo) dan cuenta de un personaje entre ridículo y obsceno, que porta un AK-47 y que por supuesto, dispara (los espectadores fueron advertidos de que en la representación se usarían armas de fuego auténticas). Respecto de este caos, el periodista Juan Ángel Juristo, de la página ARN digital (análisis y reflexión de la noticia) de Madrid, expone una información por demás significativa:
Este año se presenta especialmente crudo. Para empezar, el festival ha comenzado con una programación off: las óperas de juventud [de Wagner], Los Rienzi, Las hadas, La prohibición de amar, en vez de ser representadas en el Festspielhaus, como viene siendo habitual, lo harán en el Oberfrankenhalle, una sala donde se ofrecen conciertos de rock y partidos de baloncesto y que no reúne las condiciones acústicas adecuadas, para una ópera wagneriana .
Así o más claro Aunque algunos piensan que tanto ruido solamente es parte del folclore de Bayreuth.
Rígida etiqueta
El Festival de Bayreuth, donde los espectadores deben esperar a veces 10 años o más para conseguir una entrada, tiene reglas de etiqueta sumamente rígidas. Por ejemplo, se asume que quien asiste conoce la ópera que va a escuchar y no necesita que el argumento esté reseñado en el programa o, válganos, subtítulos. Pero es de buen tono ser visto en las conferencias de Stefan Mickisch, un pianista de concierto que explora las estructuras musicales y las armonías de cada ópera.
Vea en el eleconomista.mx una lista de normas y consejos para evitar pasar un mal rato en su visita al teatro Festspielhaus en la Colina Verde de Bayreuth. Si tiene que esperar 10 años para ponerla en práctica, no se apure, no cambiarán mucho.