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Arte e Ideas

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El Hombre ?del Corbatón

José Menéndez, también llamado El Hombre de la ?Legítima Defensa, abogado sin título, fue uno de ?los personajes más pintorescos de principios del siglo XX mexicano.

Nació en 1876 en un pueblo de Asturias, España. Su padre era marinero y quería que su vástago también fuera toreador de turbulencias y mares.

La madre, en cambio, deseaba para su hijo un futuro en el mundo del comercio. La decisión de la segunda prevaleció sobre las intenciones paternas y José Menéndez, siendo apenas un crío, viajó a La Habana, Cuba, en busca de hacer la América , como se decía entonces a los inmigrantes españoles que venían al nuevo continente con la idea de enriquecerse para, años después, regresar al terruño como hombres exitosos.

José Menéndez, sin embargo, no estaba hecho para el trabajo duro que significaba ser empleado de una tienda de ultramarinos y, luego de años de partirse el lomo, reunir el capital suficiente para montar una abarrotería propia y, en caso necesario, darle empleo a algún paisano que le recordara su juventud de buscador de tesoros. Así que, tras barrer los sueños de su madre en un establecimiento de La Habana, volvió a España sólo para, poco tiempo después, embarcarse de nuevo rumbo a América, ahora al México del Porfiriato.

Aún sin cumplir lo que hoy se considera la mayoría de edad, José Menéndez llegó al puerto de Veracruz y, en Villahermosa, Tabasco, probó suerte en una compañía teatral ambulante y, más tarde, con tres centavos en el bolsillo, viajó a la ciudad de México, en donde logró sobrevivir de limosnero mientras que, por las noches, dormía en una de las bancas de la Plaza de la Constitución.

Su vida de vagabundo terminó cuando la policía detuvo, por un pleito en la calle de Dolores, a un torerillo amigo suyo. Ese día José Menéndez cayó en cuenta que su mera simpatía y labia (la de él, no la del torerillo) eran suficientes para litigar en este país, de manera que, sin licencia de abogado, empezó a liberar a delincuentes menores, prostitutas, prostitutos, escandalosos en la vía pública y gente del pueblo en desgracia.

La fama de José Menéndez se hizo patente, sin embargo, cuando entre 1908 y 1909 sacó de la cárcel al banderillero español José Traverso Marinerito, asesino del matador de toros gaditano y, a la postre, picador a las órdenes de Rodolfo Gaona, Sebastián Chávez Chano, alegando la legtítima defensa del inculpado, lo que se convirtió en palabras del propio Menéndez, en el ábrete sésamo de su vida.

A partir de entonces, cuenta la leyenda, José Menéndez comenzó a ganar muchísimo dinero litigando no sólo en favor de los pobres, por lo que decidió hacer de sí mismo un personaje: empezó a utilizar un sombrero como de burgomaestro salido de un cuadro de Rembrandt, capa negra y, por corbata, una chalina que le valió el mote de El Hombre del Corbatón.

Durante la Presidencia de Álvaro Obregón, un abogado allegado al General quiso que se le aplicara al asturiano el Artículo 33 constitucional por ejercer la abogacía sin título profesional, pero cuando El Hombre del Corbatón estaba a punto de ser deportado, la gente del pueblo armó tal escándalo que el Presidente comentó:

¿Quién es este Menéndez por el que me suplica todo el mundo? Cuando expulsé al Delegado Apostólico no vinieron más que los de la Mitra a impetrar por él… .

La deportación no se llevó a cabo y El Hombre del Corbatón siguió litigando en favor de pobres y de ricos, derrochando el dinero ganaba y, para el final de su vida, cuando su cabello era blanco, se dejó el bigote y una piocha de chivo que reafirmaron su personalidad como una de las más pintorescas del siglo XX mexicano. En 1945 escribió un libro autobiográfico y en 1959 falleció, dicen, en la pobreza.

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