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Arte e Ideas

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Androides bailarines, vaqueritos aterciopelados y Elton John

Otoño es musical. El mes de septiembre, que ya se despidió, ?fue de lanzamientos musicales a lo grande.

Otoño es musical. El mes de septiembre, que ya se despidió, fue de lanzamientos musicales a lo grande.

Aunque estamos en un momento en que los DJ acaparan el gran éxito pop (refiérase a las hordas fanáticas que celebran lo nuevo del DJ sueco Avicii), el rock y el R&B siguen teniendo pesos pesados.

Elvis Costello se junta con The Roots para hacer un jolgorio espectacular y Elton John regresa a sus raíces de la mano de T-Bone Burnett. Los Kings of Leon mejoran con respecto a su álbum anterior y Janelle Monáe confirma que es lo mejor que le ha pasado al pop desde los 80, mientras que Neko Case lanza su disco más pop.

Óscar Wilde, Blind Tom y Elton John ?baila gospel

Elton John, The Diving Board

T-Bone Burnett es un genio. De su mano, el country ha tenido una nueva era desde que en el 2000 produjera el fenomenal soundtrack de O Brother, Where Art Thou? de los hermanos Cohen. Cualquier cosa que toca la convierte en joya, lo pule, le da valor agregado. Cuando en el 2010 se juntó con Elton John, le sacó su disco más poderoso en décadas: The Union, a dueto con Leon Russell. Desde entonces Sir Elton se siente en plena forma, lo bastante rejuvenecido para hacerse amigo de Queens of the Stone Age y producir el disco que ahora nos ocupa.

T-Bone y Elton se vuelven a juntar para The Diving Board, un disco minimalista si se le compara con las producciones pasadas del cantante. Piano, batería y bajo, algún otro instrumento de percusión y las letras de Bernie Taupin (lo de Elton y Bernie es el matrimonio artístico más discreto y mejor avenido del rock). Regresar a las raíces es fácil; lo difícil es hacerlo siendo igual de fresco que aquella primera vez. Elton, Bernie y T-Bone lograron una obra memorable.

Atención a Oscar Wilde Gets Out , donde el maestro del ingenio recibe un homenaje de profundis; Elton John canta en primera persona la caída de Wilde: una belleza. Es extraño pensar que los extrañaré a todos , dice en la canción Wilde de sus maldicientes.

Un par de tracks después, John se entrega a la alegremente dramática The Ballad of Blind Tom , en honor a Blind Tom Wiggins.

Pianista legendario, fue un hombre nacido esclavo no sólo del hombre blanco sino de la naturaleza: ciego y con autismo, su música era su libertad. I may be an idiot/ I may be a savant/I didn’t choose this life for me/But it’s something that I want . Igual que con la fabulita sobre Wilde, imposible no sentir que Elton canta sobre sí mismo.

Otras canciones para escuchar con detenimiento: Mexican Vacations , Home Again y A Town Called Jubilee .

¿La mascota del rey o el rey?

Neko Case, The Worse Things Get, The Harder I Fight, The Harder I Fight, The More I Love You.

En Wild Creatures , la primera canción de su nuevo disco de kilométrico título, Neko Case pregunta: Hey, little girl, would you like to be the king’s pet or the king? . Es una decisión con la que la propia Case tuvo que lidiar: ¿ser la mascota del indie o la reina del country alternativo? Definitivamente lo segundo. Hoy en día no hay representante del género más famoso que ella. Aunque este disco es su disco menos provocativo y más pop, hay maravillas como Nearly Midnight, Honolulu y Afraid , deliciosamente perturbadoras.

La vibra positiva y divertida del disco (la producción juega con el gospel en la segunda canción y luego pasa a un movido rock en la tercera) no debe engañar a nadie: Neko sigue siendo Neko y sus letras son tan atormentadas e introspectivas como cabría esperarse.

Como muestra, escuche City Swans con las cortinas corridas; como abordar el camión rumbo a una nueva vida en Nebraska, con un nuevo nombre y otro color de cabello. El de Neko Case es rock-country para la carretera: liberador y dramático a partes iguales.

Sofisticados vaqueros de terciopelo

Kings of Leon, Mechanical Bull

No es casualidad que, 10 años después de su primer disco, los Kings of Leon ofrezcan su producción más mansa. No se oiga como una descalificación, no: los Followill (son de Tennesse y todos son familia, más sureño no se puede) ya encontraron su querencia.

Supersoaker , el primer track, es tan fácilmente reconocible como una obra de los Kings of Leon que parecerían llevar no una década, sino dos o tres sonando en todo el mundo. Por fin se dieron cuenta de que lo suyo es un sonido menos silvestre que el muy imitable (aunque también muy satisfactorio) de Lynyrd Skynyrd o los Credence y, sin vergüenza, abrazan un sonido muy refinado y producido de banda de britpop que quiere sonar vaquera. La voz de Caleb Followill suena como una navaja que corta terciopelo.

Eso, que parecía insulto en su primer disco Youth and Young Manhood (2003), los ha convertido en la banda más interesante de entre las sobrevivientes de la década pasada.

Todo lo que Prince?siempre quiso ser

Janelle Monáe, The Electric Lady

Janelle Monáe tiene el tupé más increíble desde que Chuck Berry pisara un escenario. Además, tiene el mojo de James Brown y toda la onda narrativa del mejor hip hop. Es una bestia musical de diseño genético.

Se podría decir que Prince está celoso pues Monáe ha logrado, en tiempo record, ser todo lo que el Duendecillo Púrpura ha querido ser. Pero Prince aparece en éste, el segundo disco de largo aliento de Monáe. Prince sale a matar en Givin’ Them What They Love .

Lo mejor es que no le roba el escenario a Monáe. Es decir: ella no lo permite. Ni Erykah Badu en el multipublicitado sencillo Q.U.E.E.N. logar robar el protagonismo a la cyborg Monáe.

El título completo del disco es Metropolis: Suite IV & V- The Electric Lady y es que Monáe, fanática de la ciencia ficción y los cómics, ha creado toda una historia a lo largo de sus canciones. Es una robot fugitiva de un futuro distópico donde la música está prohibida.

Monáe usa la música como revolución. Más niñas mal portadas, por favor.

Elvis se vuelve rapero

Elvis Costello, Wise Up Ghost

Elvis Costello es, además de un gran cantante y un buen compositor, un artista súper prolífico. El problema es que sus discos son demasiado similares unos a otros. Costello debe tener algún grado de trastorno obsesivo compulsivo.

Como Elton John, fresco a fuerza de regresar al origen, Elvis da un giro pero en dirección contraria. Se junta con The Roots, uno de los mejores crews de hip hop de la historia del género y entrega un disco que emociona en principio (¡Costello suena a nuevo!) pero que, a medida que avanza, va perdiendo emoción.

Es uno de esos discos que hay que escuchar varias veces para darles el golpe y disfrutarlos finalmente. Walk Us Uptown , primera canción y sencillo del disco, es una gozada: barriobajera, bailable, sexy. Después, Wise Up Ghost va de bajada. Como sea, es un disco que vale la pena.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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