La identidad surge con la necesidad de reconocer a un individuo o a un grupo de individuos. De acuerdo con la Asociación de Identidad Digital de México, los nombres y la ascendencia familiar fueron las primeras formas que los seres humanos usaron para identificarse. Las heráldicas y los escudos permitieron también diferenciar a grupos sociales y en la modernidad, las credenciales son las más usadas para cumplir con este objetivo. Con el surgimiento de la tecnología digital y el mundo interconectado por internet surgió también el concepto de identidad digital, que se resume en el conjunto de atributos característicos relacionados a una persona o entidad, que lo distinguen en un espacio de interacción electrónica.

De acuerdo con Carlos Flores, fundador y presidente de la Asociación de Identidad Digital de México, actualmente las personas requieren de proveedores externos de identidad, que pueden ir desde los gobiernos de los países hasta compañías privadas, como Facebook y Google, por lo que se requiere que sea el individuo el que posea su propia información y quien autorice su uso por parte de estas organizaciones.  

“La clave es que el encargado, el rector, de la identidad digital sea la persona. En este momento en la mayoría de los casos requerimos de terceros que sirvan como proveedores de identidad, ya sea el gobierno o la iniciativa privada, y obviamente eso depende de ceder parte de nuestra privacidad a estas organizaciones”, dijo.

Existen iniciativas, muchas de las cuales están basadas en la tecnología blockchain, que buscan que el individuo sea el único portador de sus datos y, por tanto, de su identidad y las cuales se resumen en el término identidad soberana. No obstante, para Flores, estas iniciativas presentan problemas sobre todo del tipo práctico. “Si requieres de una contraseña para proteger tu identidad y se trata de un caso de identidad soberana, si pierdes la contraseña pierdes tu identidad. No hay nadie que te la pueda entregar”, dijo.   

Para el especialista, la tendencia son aquellos esquemas híbridos en los que si bien existen terceros que reconocen los atributos de la identidad, es decir los datos personales, el ciudadano debe ser el que decida si su identidad puede ser utilizada para algún fin, como tener acceso a un servicio o a un bien y que tenga los medios para tomar dicha decisión.  

Para conseguir que los ciudadanos sean dueños de su identidad digital, Flores percibe tres tipos de retos: los técnicos, regulatorios y sociales. Entre los técnicos figuran la necesidad de estándares de interoperabilidad entre los sistemas electrónicos de distintas instituciones que garanticen la seguridad de la información de una persona al mismo tiempo que reconozcan su identidad en cualquier momento y en cualquier lugar.

Estos esquemas de interoperabilidad entre sistemas, suponen contar con estándares de compartición de datos, que requieren de un marco legal que ayude a que el estándar técnico se convierta en una herramienta útil. En México, no hay un marco legal que reglamente esta interoperabilidad entre sistemas.

“En México no hay una ley de identidad digital. Hay varias iniciativas, hemos hablado con varias personas del Poder Legislativo. Ha habido iniciativas desde hace 10 o 15 años, pero no se han concretado y en la actualidad, muchos colegas de otros países nos dicen que cómo es posible que tengamos una ley de firma digital pero no un marco normativo de identidad digital, más allá de cosas aisladas”, dijo.

En la Ciudad de México, por ejemplo, uno de los objetivos de la Agencia Digital de Innovación Pública (ADIP), creada por la administración de Claudia Sheinbaum, es la generación de un identificador digital único, que permita establecer padrones de beneficiarios de programas sociales y la digitalización de los trámites gubernamentales.

El último reto tiene que ver con la conciencia de la gente sobre su propia identidad digital. Para Flores, en la actualidad, las personas no están conscientes de los riesgos que supone para su privacidad la entrega de información a instituciones bancarias, de telecomunicaciones y a otras entidades que participan de la economía digital, como las empresas de comercio electrónico y las redes sociales.

“La privacidad no es algo que la gente valore como deberían hacerlo. Cualquiera a quien ya le robaron la identidad y le sacaron un crédito que no autorizó, comienza a cuidar sus estados de cuenta y sus redes sociales; entonces creo que esa conciencia vendrá conforme esto sea más común lamentablemente”, dijo.

[email protected]