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Ley de Economía Digital pondrá a prueba la capacidad de adaptación del ecosistema de pagos
La eventual entrada en vigor de la Ley de Economía Digital plantea desafíos para empresas, comercios y proveedores de infraestructura.

La infraestructura del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios (SPEI) tiene capacidad para absorber un mayor volumen de operaciones, pero el principal reto será impulsar su uso entre comercios y usuarios, afirma Iñigo Rumayor, director de la fintech especializada en pagos empresariales Monato.
La eventual entrada en vigor de la Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos, actualmente en discusión en el Senado tras su aprobación en la Cámara de Diputados, abre una oportunidad para acelerar la digitalización de pagos en México, pero también plantea desafíos para empresas, comercios y proveedores de infraestructura que deberán acloparse a una mayor adopción de transferencias electrónicas.
“La implementación traerá retos importantes. Cada vez más empresas buscan incorporarse a estos nuevos esquemas de pago y la principal pregunta es cómo integrar estas capacidades de manera eficiente a sus operaciones”, afirmó Rumayor.
Para el directivo, uno de los principales desafíos será adaptar la infraestructura del SPEI que ya existe en una herramienta sencilla para millones de usuarios y pequeños negocios.
“La infraestructura ya está disponible y el SPEI procesa miles de millones de transacciones. El reto ahora es facilitar la adopción de estas tecnologías entre pequeñas empresas y consumidores”, señaló Rumayor.
Durante el 2025, el SPEI procesó más de 7,300 millones de transferencias y la mayor parte correspondió a operaciones de bajo valor, según el “Informe anual sobre infraestructuras de los mercados financieros 2025”, publicado por el Banco de México.
Lo anterior puede ser un indicador de que la plataforma ha evolucionado de un mecanismo utilizado principalmente para movimientos bancarios a un canal cada vez más cotidiano para realizar pagos y transferencias entre usuarios. En este escenario, Rumayor señaló que el interés generado por la iniciativa se está extendiendo a sectores que históricamente habían tenido una participación limitada en la conversación sobre pagos digitales.
“Existe interés de industrias como gasolineras, comercio minorista, bienes de consumo y empresas de servicios por incorporar esquemas de pago basados en transferencias electrónicas”, agregó.
Aunque el crecimiento esperado implica mayores exigencias operativas, consideró que la infraestructura del sistema financiero cuenta con bases sólidas para absorber una expansión relevante en la demanda. Durante el 2025, el SPEI alcanzó máximos históricos de procesamiento y mantuvo elevados niveles de disponibilidad, mientras que el Banco de México avanza en el desarrollo de SPEI 2.0 para fortalecer la escalabilidad y resiliencia de la plataforma.
Para las empresas especializadas en conectividad, el reto consiste en garantizar estabilidad y continuidad operativa durante periodos de alta demanda.
“Las inversiones se han concentrado en fortalecer la infraestructura y en desarrollar capacidades de monitoreo que permitan identificar oportunamente cualquier cuello de botella o degradación en el desempeño del sistema”, indicó.
La experiencia de usuario será determinante
Otro de los desafíos será simplificar la experiencia de uso para consumidores y comercios. Rumayor destacó la importancia de los esfuerzos para homologar la interacción con herramientas como SPEI, CoDi y DiMo, de manera que el usuario no tenga que distinguir entre los distintos mecanismos de pago.
“La estandarización de la experiencia permitirá que los usuarios utilicen los distintos mecanismos de pago bajo una misma lógica operativa, sin necesidad de comprender la tecnología que existe detrás”, dijo Rumayor.
Para las empresas especializadas en conectividad, el reto consiste en garantizar estabilidad y continuidad operativa durante periodos de alta demanda.

