El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha desaprovechado la oportunidad de reducir el costo público del sistema de pensiones y la desigualdad entre los jubilados, coinciden especialistas.

Carlos Ramírez Fuentes, expresidente de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (Consar), opinó que el IMSS pudo reflexionar en el costo de la transición entre el régimen de pensiones de 1973 y el de 1997, después de la jurisprudencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para topar en 10 salarios mínimos las jubilaciones, ya no en 25.

“El costo de la generación de transición es un costo gigantesco para las finanzas públicas. Se ahondó ese costo con el criterio de los 25 salarios y no con los 10, como tendría que haber sido desde un inicio. El hecho de que sean poquitos es justamente el punto, hay unos muy pocos beneficiados que son los de mayores ingresos del país que están obteniendo una pensión que no corresponde con lo que ahorraron en su vida laboral”, dijo en entrevista Carlos Ramírez Fuentes, también director de Desarrollo de Negocios de Integralia Consultores.

De acuerdo con Ramírez Fuentes, la pensión de un trabajador de transición con un tope de 25 Unidades de Medida y Actualización (UMAs) —el cálculo de todas las pensiones después de la desindexación del salario mínimo— tiene un subsidio de alrededor de 80 por ciento. “Es una pensión muy grande, con un subsidio enorme y, por tanto, el costo fiscal sí es relevante y además es profundamente regresivo”, expresó.

Lo anterior significa que las pensiones topadas con 25 UMAs corresponden a las personas con los mayores ingresos; ese subsidio alto es pagado con recursos públicos.

“Esa pensión la estamos pagando todos, no la pagó él, la estamos pagando todos. Ese esquema es profundamente inequitativo y exacerba la desigualdad. Cuando nos preguntemos en el futuro por qué somos un país que no resuelve sus problemas de desigualdad, tendríamos que empezar tal vez por el tema de las pensiones. Son poquitos y se están comiendo una parte del pastel enorme”, agregó.

Beneficio para los ricos

Para David Kaplan, especialista senior en Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en el tope de 25 UMAs el problema no es sólo el de un impacto fiscal, sino pagar subsidios tan elevados que favorecen más a quienes tienen ingresos relativamente altos.

“Siempre es feo estar en un hoyo fiscal, pero peor aún si lo que estás pagando con los recursos fiscales son subsidios no para los pobres sino para las personas con ingresos altos”, comentó David Kaplan y destacó además que mientras hay un universo pequeño de pensionados con un tope alto, hay una generación afore con un esquema “mucho menos generoso”.

“Creo que tiene implicaciones para la equidad intergeneracional y también tiene un impacto regresivo. Es un subsidio adicional que reciben trabajadores con ingresos altos ¿y quiénes pagan? Pues todos”, dijo.

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