Con un envío de remesas cercano a los 40,000 millones de dólares en 2020 y un comercio total (exportaciones e importaciones, beneficiadas logísticamente por la cercanía y el costo de producción) superior 614,000 millones de dólares en 2019, la relación México-EU es estratégicamente prioritaria para ambos países que comparten una frontera de 3,175 kilómetros. Por ello, varios temas son fundamentales para el buen entendimiento político, económico, social y cultural de las dos naciones.

Además del comercio, hay una serie de temas que tradicionalmente han marcado la agenda bilateral: seguridad, migración, control del narcotráfico, cambio climático, política energética, respeto a los derechos humanos y condiciones laborales. La administración Biden basará su relación con México en el marco de un estricto cumplimiento de los compromisos establecidos bajo el T-MEC. Ello en principio debería ser benéfico para nuestro país, ya que el T-MEC ha sido reconocido por nuestro gobierno como un instrumento para promover el desarrollo. Sin embargo, hay algunos temas que Biden remarcará y en los que el gobierno mexicano tiene visiones diferentes como en los temas de energía y la promoción de energías limpias, la supervisión de la ley laboral y el control de la pandemia.

Lo anterior hace suponer que la relación entre las administraciones Biden/López Obrador no estará exenta de tensiones en dichos temas. De particular tensión será la política energética dado que las visiones son muy opuestas. Mientras Estados Unidos tiene una agenda progresista en la promoción de energías limpias, la visión de nuestro gobierno apuesta por revitalizar Pemex, incrementar el uso del carbón en la generación de electricidad dentro de la CFE y mantener el revés de la reforma energética de 2013. Esto último es particularmente serio porque afecta a las inversiones de Estados Unidos en ese sector en México.

Así, ese revés pone en duda el Estado de Derecho (en materia comercial y en todos los ámbitos en general) que fue pieza importante del TLCAN firmado en 1994 y que le permitió a México representar actualmente el 14.1% del comercio total que realiza Estados Unidos con el mundo. Ello, ante la situación comercial de nuestro vecino con China, significa una oportunidad para México, sobre todo, en este momento en el que la economía mexicana sigue contraída y la de EU se está recuperando más rápidamente. La reciente medida de Biden de desembolsar hasta 1.9 billones de dólares para fomentar la recuperación tendrá evidentemente un impacto positivo.

No obstante, ante la orden ejecutiva de Biden, Made in America, para pedir a las agencias de la administración federal que a la hora de contratar opten por suministros y proveedores estadounidenses para impulsar la industria nacional y apoyar el empleo, puede convertirse en un punto de fricción ante la multilateralidad que a nivel global debe apoyar EU.

El tema laboral y sindical estipulado en el T-MEC es otra fuente potencial de conflicto. Para que se cumplan los diversos requisitos a los que se sujetan empresas, trabajadores y sindicatos —como garantizar la democracia sindical, medidas de seguridad laboral y la libertad de asociación y la negociación colectiva— Estados Unidos insiste en posicionar en su embajada a inspectores laborales. Aunque está previsto en el T-MEC, México se opone a conceder ese papel a inspectores extranjeros. La relación bilateral implica cooperación y diálogo, lo cual trae a colación la detención y posterior liberación por parte de EU del General Salvador Cienfuegos, que ocasionó un choque diplomático entre ambos países. Inclusive el titular de la Fiscalía General de la República, Alejandro Gertz Manero, considera llevar a juicio internacional el caso del General.

Por los temas que están pendientes en la agenda y porque López Obrador en repetidas ocasiones ha indicado que rechazará la injerencia del gobierno norteamericano en temas de política interna, la era Biden que inició el 20 de enero plantea incertidumbres en varios frentes. Sin embargo, es un hecho que seguridad, medio ambiente, garantías a la inversión y temas laborales o problemas sociales, aun cuando sean asuntos mexicanos, tienen impacto en Estados Unidos, de ahí que, por ejemplo, desde el primer día de su administración Biden haya priorizado la reforma migratoria (Ley de Ciudadanía Estadounidense 2021), que de ser aprobada abriría el camino para que más de 10 millones de indocumentados puedan obtener la ciudadanía estadounidense.

Por otro lado, los embajadores respectivos son operadores importantes para la agenda bilateral. El embajador Moctezuma Barragán pasará por una necesaria curva de aprendizaje y Biden deberá acelerar el nombramiento de su embajador en nuestro país. La respuesta a la pregunta sobre cómo será la relación entre EU y México en los siguientes cuatros años es fundamental para delinear un futuro de beneficios mutuos. Para México, un punto toral es ofrecer seguridad para la inversión estadounidense en México. No se olvide que en México el principal receptor de Inversión Extranjera Directa (IED) es EU.

La presidencia de Biden ofrecerá nuevos desafíos y oportunidades para México, pero el presidente López Obrador deberá manejarse con mayor habilidad y dinamismo de los que eran necesarios para tratar a Trump. Al final, México se beneficiará de mejoras en esta agenda bilateral, pero requerirá conocimiento y pericia para manejar la política exterior hacia EU.