Todo parece indicar que el escenario más probable derivado de la elección en Estados Unidos es el de una Casa Blanca y una Cámara de Representantes demócrata, aunado a un Senado republicano, pero como dicen por ahí, esto no se acaba hasta que se acaba y la incertidumbre todavía es alta.

El sistema electoral estadounidense es complejo. En realidad, a pesar de que se ha proyectado que Joe Biden obtuvo los 270 votos electorales necesarios para ganar la presidencia, todavía queda un largo camino que culminará eventualmente el 20 de enero con la toma de posesión.

El presidente Trump ha anunciado que iniciará acciones legales en varios estados, mismas que deben quedar resueltas antes del 8 de diciembre. Además, todavía falta la votación formal del Colegio Electoral, que tendrá lugar el 14 de diciembre. A partir de esta fecha, y hasta el 23 de diciembre, los electores de cada uno de los estados tienen que emitir su voto para presidente y vicepresidente, el cual se enviará al presidente del Senado. El conteo de dichos votos -que se entiende tienen el mismo sentido que lo emitido a partir del voto popular en cada estado-, se haría el 6 de enero en una sesión conjunta del Congreso y en la que se hará la declaratoria oficial.

El resultado de esta elección deja muchas lecciones que ya se irán analizando en los próximos meses, entre otras, el significado de que el control de las Cámaras en el Congreso no cambió, aunque la participación de los demócratas en la Cámara de Representantes podría haberse reducido. Esto implica que, en realidad, el único cambio de poder se va a dar en el poder ejecutivo i.e. habrá un cambio de inquilino en la Casa Blanca. Esto supone entonces por lo menos cuatro años más de impasse legislativo, sobre todo en lo que se refiere a los temas presupuestales, que incluye el tema del techo de endeudamiento, que se encuentra suspendido temporalmente hasta mediados de 2021.

Asimismo, recordemos que se dejó para después de la elección la aprobación de un nuevo paquete de estímulo fiscal que, bajo esta nueva coyuntura, se estima que será más reducido en magnitud de lo que hubiera podido esperarse en el caso de haber tenido un escenario en el que los demócratas dominaran ambas cámaras (el llamado blue wave). De esta manera, queda básicamente el resto de noviembre y la mitad de diciembre antes de que inicie el nuevo Congreso. A esta sesión se le conoce como lame duck session, porque hay pocos incentivos para avanzar en los temas a la espera de que los nuevos miembros tomen posesión (3 de enero).

No obstante, este año, la sesión cobra relevancia precisamente por el tema del paquete de ayudas fiscales, que los demócratas proponen que sea por un monto de 2.4mmd (trillones en inglés), mientras que los republicanos abogan por un monto de 1.9 mmd, montos que de todas maneras representan cifras sin precedentes. En el mediano plazo, esta conformación de las fuerzas políticas implica también que será difícil que los demócratas empujen su agenda de reducción de impuestos.

Además del control de la pandemia y un discurso de reconciliación al interior de Estados Unidos, la política exterior y la comercial serán dos puntos fundamentales en la agenda del futuro presidente Biden. Su gran reto será reconducir relaciones bilaterales totalmente destruidas por la administración anterior, particularmente en lo que se refiere a China. En este contexto, Biden heredará los frentes abiertos con este país, tanto en materia comercial como militar, como es el caso de las disputas en el Mar del Sur, la nueva ley de seguridad en Hong Kong. En el frente comercial, la para contrarrestar la creciente influencia de China en el ámbito global, adoptará una estrategia menos agresiva.

En este contexto, se espera que Biden busque una mayor colaboración con la Unión Europea en particular en este tema, aunque seguirá poniendo el dedo en el renglón de incrementar el gasto de los países europeos en la OTAN. Asimismo, se espera el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París sobre cambio climático, tema fundamental que tienen en común tanto la agenda de la UE como la del partido demócrata. En el caso del Reino Unido, es posible que la llegada de Biden implique una negociación más difícil de un tratado de libre comercio con EU tras el Brexit, cuyo plazo de transición culmina a finales de este año.

En el Medio Oriente, recordemos que el embargo a Irán impuesto por el presidente Trump expiró recientemente sin que se discutiera en la ONU una posible extensión. Se espera que el presidente Biden tenga un enfoque más diplomático, aunque no se cesará en el intento de que Irán deje de llevar a cabo actividades desestabilizadoras en la región. En lo que respecta a Rusia, todavía quedan por ver las consecuencias de las acusaciones sobre las posibles interferencias de este país en las elecciones. Adicionalmente, hay frentes abiertos con Turquía e Israel, entre otros.

En Latinoamérica, destaca el apoyo explícito de Jair Bolsonaro a Trump, aunque la mayoría de las contrapartes regionales del presidente brasileño se mantienen a la espera de la agenda que el nuevo presidente tendrá para la región.

En el caso de México, hay varios posibles impactos. De corto plazo, habrá que dimensionar el estímulo fiscal que ya comentamos en los párrafos anteriores, y su impacto sobre las previsiones de crecimiento en EU., ya que eso influirá en el empuje que puede llegar a tener demanda externa sobre el crecimiento en nuestro país. Esto es relevante considerando que las políticas anti-cíclicas en México han sido limitadas y se espera que la economía interna permanezca débil.

En el mediano plazo, los efectos tendrán que ver con la agenda demócrata en términos de la implementación del T-MEC, así como la agenda medioambiental de la nueva administración. En el primer caso, cabe destacar que la condición para que los congresistas demócratas aprobaran la revisión del tratado de libre comercio fue la de una reforma laboral, que, entre otros, incluyó una mayor democracia sindical y procesos más eficientes de resolución de conflictos obrero-patronales, cuestión que seguirán muy de cerca. En el sector energético, la agenda demócrata medioambiental choca de frente con la estrategia de la administración mexicana en este tema, particularmente en términos del sector eléctrico.

Adicionalmente, hemos visto como en las últimas semanas se han recibido dos cartas de congresistas estadounidenses-algunos de los cuales han refrendado su mandato en estas elecciones-, en el sentido de que México no ha cumplido con algunos de los apartados del T-MEC en materia del sector. En este sentido, considero que una de las ventajas del tratado de libre comercio -que entre otras muchas cosas es un compromiso de política económica de largo plazo-, es que representa un contrapeso importante ante los distintos ciclos políticos, lo cual pienso que se va a dejar sentir más que nunca en los próximos años.

Con un ambiente más estrecho de cooperación internacional, particularmente entre Estados Unidos y Europa, es posible también que nuestros socios europeos se sientan más confiados a la hora de iniciar algún tipo de reclamo con respecto a las decisiones tomadas por la actual administración.

*La autora es Directora Ejecutiva de Estudios Económicos de Grupo Financiero Banorte. Miembro del Comité de Estudios Económicos del IMEF

Descargue la nueva edición del IMEF News