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Migrantes mexicanas adultas mayores regresan de Estados Unidos con problemas de salud y pocos recursos
Casi 44% de las mujeres adultas mayores que migraron a Estados Unidos presenta al menos dos enfermedades crónicas; especialistas advierten que el retorno también está marcado por necesidades de cuidado y dificultades económicas.

Las mujeres migran por diversas razones y algunas de ellas no tienen otra opción, quedando en una situación vulnerable.
Para muchas mujeres mexicanas que migraron a Estados Unidos, volver al país durante la vejez implica enfrentar una nueva etapa marcada por problemas de salud, dependencia, pocos recursos económicos y necesidades de cuidado, de acuerdo con especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Datos del Estudio Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2021 muestran que 43.9% de las mujeres adultas mayores migrantes presenta multimorbilidad, es decir, al menos dos enfermedades crónicas. Entre las mujeres de la misma edad que no migraron, la proporción es de 40.3%.
Sebastián Antonio Jiménez Solís, técnico académico del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, explicó que estas cifras permiten observar las condiciones en las que esta población llega a la vejez y plantean la necesidad de estudiar sus trayectorias laborales, su acceso a seguridad social y atención médica, así como las circunstancias en las que regresan a México.
En 2021, cerca de un millón de personas de 65 años o más en México declaró haber migrado en algún momento de su vida a Estados Unidos por motivos laborales. De ese total, más de 259,900 eran mujeres.
Adultas mayores migrantes también enfrentan mayor dependencia
Las diferencias no se limitan a la presencia de enfermedades crónicas. Según los datos presentados por el especialista, 29.9% de las adultas mayores migrantes tenía dependencia funcional, lo que significa que carecía de autonomía y requería asistencia o apoyo para determinadas actividades.
La proporción fue de 26.8% entre las mujeres no migrantes. La brecha también aparece entre los hombres, aunque en porcentajes menores: 19.4% de los migrantes presentaba dependencia funcional, frente a 15.1% de quienes no habían migrado.
Los datos, expuestos durante la décima sesión del Seminario Permanente “Migración, género y trabajo”, muestran además otros rasgos de esta población: 45.9% de las mujeres adultas mayores migrantes son viudas y 77.2% prefiere vivir en zonas urbanas.
La cercanía con hijas, hijos, nietas y nietos es una de las razones para establecerse en las ciudades, donde además pueden continuar participando en tareas de cuidado dentro de sus familias.
Entre los factores relacionados con una mayor probabilidad de haber migrado se encuentran el bajo nivel de escolaridad, haber residido en una localidad rural y vivir en hogares compartidos con otras generaciones.
¿En qué condiciones regresan las migrantes a México?
La experiencia migratoria de estas mujeres comenzó, en muchos casos, décadas antes. Erika Martínez López, integrante del IIEc y especialista en Políticas de Cuidado, señaló que la migración femenina está vinculada con la pobreza, el desempleo y la necesidad de contribuir económicamente a las familias, y no únicamente con acompañar a otras personas que migran.
Muchas llegaron jóvenes a Estados Unidos con la intención de mejorar sus condiciones de vida y apoyar a sus familias en México. Para subsistir y enviar recursos, algunas llegaron a desempeñar dos o tres empleos, una trayectoria laboral que puede repercutir en su calidad de vida con el paso de los años.
El problema se hace más visible cuando llega el momento del retorno. Algunas vuelven a México con pocos recursos económicos, problemas de salud, varias enfermedades crónicas y sin compañía, además de no haber conseguido construir un patrimonio o establecer un negocio propio.
Este panorama, señaló Martínez López, abre la discusión sobre la existencia y alcance de programas sociales y políticas públicas capaces de acompañar el retorno de las mujeres migrantes durante la vejez y atender sus necesidades económicas, de salud y cuidados.
Enfermedad y necesidad de cuidados también pueden motivar el retorno
Daniela Castro Alquicira, integrante del IIEc y doctora en Economía, destacó que la migración no es una experiencia homogénea, por lo que las condiciones de cada persona dependen de factores como la duración de la estancia en el extranjero, el destino, los empleos desempeñados y el momento y las razones del regreso.
En el caso de las personas adultas mayores, una enfermedad o la necesidad de recibir cuidados pueden convertirse en motivos para volver a México.
El reto, plantearon los especialistas, consiste en analizar el retorno más allá del simple regreso al país y considerar las condiciones acumuladas durante años de trabajo y migración, especialmente entre mujeres que llegan a la vejez con necesidades de salud, económicas y de cuidado.



