Si el gobierno federal tomara la decisión de utilizar sólo gas natural, en lugar de combustóleo, como hasta ahora, en la central termoeléctrica de Tula, Hidalgo, reduciría 99% la emisión de partículas con un diámetro aerodinámico inferior a 2.5 micrómetros (PM2.5) y óxidos de azufre; se evitarían 1,710 muertes prematuras y se tendrían ahorros por servicios de salud de alrededor de 3,000 millones de dólares al año, afirmó Gabriel Quadri de la Torre, director de Sistemas Integrales de Gestión Ambiental (Sigea).

Al presentar las conclusiones del estudio denominado “Impactos de la Central Termoeléctrica ‘Francisco Pérez Ríos’ en la calidad del aire en la salud pública en Hidalgo”, explicó que el cambio a gas natural reduciría las concentraciones en el ambiente de PM2.5 dentro de la cuenca de Tula en 50%, considerando los picos de concentración. Asimismo, se reduciría las concentraciones de dióxido de azufre 83 por ciento.

Expuso que actualmente esa central generadora de electricidad operada por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), usando combustóleo, genera 3,265 toneladas al año de PM2.5 y 98,281 de dióxido de azufre.

Si en lugar usara sólo gas natural bajaría la emisión de PM2.5 a 47 y dióxido de azufre a 20 toneladas al año.

El también expresidente del Instituto Nacional de Ecología detalló que, en 2015, esa central termoeléctrica usaba 26.10% de gas natural y 73.90% de combustóleo. Al cierre de 2019 uso 30.37% gas natural y 69.63% de combustóleo.

Además, el combustóleo que produce Petróleos Mexicanos (Pemex) y usa esa central termoeléctrica tiene un contenido de azufre de alrededor de 5% cuando la norma oficial en la materia dice que no debe exceder el 2 por ciento.

El mayor problema en ese sentido es que, debido a una decisión política” no se ha concluido el gasoducto que permitiría abastecer con todo el combustible suficiente a esa termoeléctrica para que funcionara totalmente con gas natural.

El especialista expuso que, de acuerdo con registros de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) de 2016, el municipio de Tula, donde se encuentra la central eléctrica genera 5,424.1 toneladas de PM2.5 al año, siendo, por mucho el mayor generador de ese contaminante. Los 12 municipios que integran la cuenca de Tula generan en total 8,975.5 toneladas al año. Eso quiere decir que 60.43% se originan en Tula y la principal fuente es la termoeléctrica.

Además de los 143,860 toneladas de dióxido de azufre que se produce en la cuenta, 109,697.6 la aporta Tula.

Los efectos negativos de quemar combustóleo en esta planta de la CFE en Tula van más allá de no tener un cielo limpio y se manifiestan en casi 2,000 muertes anuales, con lo que el costo en vidas humanas equivale a que cada 5.2 años ocurra un Chernóbil en el municipio de Tula.

Asimismo, alrededor de 8,550 muertes se podrían haber evitado desde 2015 a la fecha si se considera que la central de Tula finalizó la conversión a combustible dual de sus cinco unidades de generación eléctrica en ese año, con lo que están habilitadas para utilizar gas natural y no únicamente combustóleo.

Quiadri de la Torre recordó que, a escala global, la contaminación del aire fue responsable de más de cuatro millones de muertes en el mundo en 2016 y las partículas PM2.5 son reconocidas por sus relaciones causales sobre el número importante de enfermedades graves como cardiovasculares, cerebro-vasculares, respiratorias y cáncer.

Mencionó que hay evidencia de que más de 90% de los paros cardiacos ocurren en presencia de concentraciones de PM2.5 menores que las establecidas por las normas de calidad del aire japonesas, estadounidenses y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además, las PM2.5 son tan pequeñas que viajan hasta el interior de los alveolos pulmonares, los penetran y entran al torrente sanguíneo e incluso cruzan la barrera que protege al cerebro de patógenos y contaminantes en la sangre.

Las partículas menores a 2.5 micras (con un diámetro varias veces menor a un cabello humano) son reconocidas por ocasionar daños irreversibles en la salud de las personas, pues se relacionan con un número importante de enfermedades graves como son las cardiovasculares, cerebrovasculares, neurológicas, y respiratorias, específicamente con cáncer de pulmón y otras enfermedades como el Alzheimer, Parkinson, autismo y un menor desarrollo cognitivo en niños y  jóvenes.

Lo grave es que, según indicó, la tasa de mortalidad por contaminación atmosférica en el mundo asciende a más de cuatro millones o 60 muertes por cada 100,000 habitantes al año, mientras que la pérdida en esperanza de vida atribuible a la contaminación es de casi tres años.

“La esperanza de vida podría aumentar hasta dos años simplemente con sustituir centrales eléctricas que funcionan con combustibles fósiles, altamente contaminantes y controlar las emisiones vehiculares”, indicó.

Dijo que el daño a los pulmones por contaminantes atmosféricos puede incrementar el riesgo de infecciones virales en el tracto respiratorio, especialmente aquellas causadas por nuevos agentes patógenos como el coronavirus.

Estudios internacionales han demostrado la relación entre los índices de mortalidad del Covid-19 por exposición a altos niveles de contaminación atmosférica. “Llama la atención la incidencia del nuevo coronavirus en la región, pues datos recopilados hasta el 24 de junio demostraron que los municipios circundantes a la termoeléctrica de Tula presentaron un mayor índice de defunciones acumuladas en todo el estado de Hidalgo”, aseguró Quadri. 

diego.badillo@eleconomista.mx

kg